María transforma nuestras lágrimas en alegría

Maria transforma nossas lágrimas em alegria

Apelo a los que sufren

Hermano que lloras, hermana que sufres, escucha. Existen en el Reino de Dios semillas misteriosas, de las cuales brota la alegría. Es una alegría pura como los cielos limpios por la lluvia, suave por encima de todo sentimiento humano, una alegría plena que el mundo no puede comprender y no puede perturbar ni arrebatar.

Maria transforma as lágrimas em alegria

El fruto de las semillas misteriosas

De estas semillas misteriosas maduran frutos de paz, de serenidad, de consuelo tan íntimo, profundo e permanente que solo puede ser divino. ¿Quieres conocer estas semillas misteriosas de alegría? ¿Sabes? Son frágiles como las gotas de rocío que cuelgan de las hojas verdes y brillan al sol de la mañana. Están escondidas como la perla preciosa y el tesoro enterrado en el campo del que habla el Evangelio. Son amargas como las gotas del mar, abundantes como la lluvia del cielo, familiares como el agua que te sacia y el pan que te alimenta, como el arroyo que ves correr o escuchas fluir desde tu ventana en lo profundo del valle.

La verdadera naturaleza de las lágrimas

¿Sabes lo que son estas semillas misteriosas de alegría? Hermano que lloras, hermana que sufres, son tus lágrimas de dolor, las lágrimas que brotan en tu mirada a menudo irrefrenables, que suben desde tu corazón angustiado, que corren en silencio sobre la cama de tus sufrimientos, que te son alimento amargo día y noche en la soledad quizás inviolada de tu humilde y desornamentada habitación.

El valor del dolor y el sufrimiento

Porque no se pierdan, recoge estas semillas de alegría en la taza cóncava de las manos que te cubren la cara, elevalas como en un cáliz al cielo sobre el altar de tu sacrificio diario, y esparcelas sobre el corazón de Dios, sobre el corazón de los hermanos que amas, para que fructifiquen como en la buena tierra y fértil de la que habla el Evangelio, el cien por uno.

La universalidad del sufrimiento y la promesa de consuelo

Cuando te parezca que eres el único que sufre, reflexiona que cada hombre que viene a este mundo es como el sembrador que sale al alba de su día para hacer la siembra. Sus lágrimas caen ahora sobre las piedras estériles, ahora entre los cardos marchitos, ahora sobre el polvo triturado del camino, ahora sobre la tierra cerrada del corazón, ahora, como conviene a los hijos, sobre el propio corazón del Padre: Dios. Si sabes sufrir y llorar como conviene a quien por gracia se ha convertido en Hijo de Dios, si sabes, o sea, esparcir tus lágrimas sobre el Corazón del Padre, si sabes escondelas y mezclarlas en el Corazón traspasado de la Madre, que, bienaventurada, conoció el llanto, tú también te conviertes en bienaventurado, porque entonces tu llanto florece en alegría.

El llamado a la esperanza

Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, podría haber elegido la alegría para Él en este mundo, pero por tu amor y consuelo eligió la Cruz, es decir, el dolor y el llanto, y los codificó en la constitución de su reino de bendiciones: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados». También tu alma recibirá el don de la consolación si sabe cómo Él y con Él gastar el tesoro de sus lágrimas. Sí, el salmista distinguió los tiempos del llanto y los de la alegría comparables a la siembra y la cosecha. La vida presente es el tiempo de la siembra, la vida futura es el tiempo de la cosecha: «Aquellos que siembran entre lágrimas, cosecharán entre exultaciones». Al igual que los segadores de esta tierra, que sudan y lloran al extender sus brazos a la siembra y cantan de alegría al apresurarse a la cosecha de los racimos dorados.

El poder transformador de las lágrimas

Oh tú que sufres por estar enfermo, perseguido, abandonado, traicionado, desheredado, o que te nutres en tu pobreza con tus lágrimas como pan y agua. No dejes caer en vano, no disperses al vacío del tiempo estas semillas de vida y de felicidad que son tus lágrimas, los dolores de tu cuerpo, las angustias de tu alma, sino con espíritu de fe y con conformidad de amor a la Voluntad Divina, ocúltalas en el Corazón misericordioso de Dios donde ellas te frutificarán cien por uno de consuelo y alegría para hoy y para la eternidad. Si la esperanza de la cosecha está en la semilla, en la calidad y cantidad de la siembra, así también lo está en la diligencia astuta del sembrador y en la bondad del terreno y en el crecimiento que Dios da al trabajo del hombre. Quien siembra escasamente, cosechará escasamente, quien siembra abundantemente, cosechará en abundancia.

No desesperes si son muchas tus aflicciones, o si se prolonga el tiempo de tu exilio de la verdadera patria, si muchas dolores o enemigos asedian como aguas que azotan la roca quizás reseca del cuerpo o del alma. Ahora que lo sabes, no desperdicies ni una lágrima, ni un minuto de tu sufrimiento. Son el don, el tesoro de Dios, la alegría y la felicidad misma de Dios ofrecida para tu conquista. El coeficiente que transforma y valora en el proceso creativo de la alegría y la felicidad tus humildes y amargas lágrimas es la fe, el amor, la humildad, la paciencia y, recuerda siempre, la generosidad, con la que aceptas y ofreces a Dios tu sufrimiento, con la que llevas, orando, tu cruz: con todo esto incrementas con la ayuda de Dios las flores y los frutos de tu dolor que se transforma en alegría.

Ahora entiendes por qué no debes desesperar bajo el peso de tu cruz, sino esperar y amar y, si es posible, ya desde ahora, disfrutar de su consuelo. ¡Mira, hermano, cómo el espíritu de fe y el alma de amor que pones en tu sufrimiento por tu parte, y la misericordia y la gracia por parte de Dios, transforman, valorizan, enaltecen los días aparentemente inútiles, los dolores aparentemente estériles de tu vida como enfermo, perseguido, calumniado, odiado por causa de la justicia y del nombre de Cristo! Mira cómo te es necesaria la paciencia para que florezcan en alegría las misteriosas semillas de tus lágrimas.

Mira a María y sus lágrimas

Ahora quizás comprendas bien la razón por la cual María llora. Entiendes por qué la Madre del Hombre-Dios, la Virgen Santísima, no podía dejar de recurrir a esta misteriosa fuente de vida que es el dolor, convirtiéndose así, casi en una fuente plena y desbordante.

Contemplación de la madre dolorosa

Contempla a tu Madre Dolorosa y llorosa. Si toda la vida de Cristo fue de cruz y martirio, igualmente de transpassar y llorar fue la de su Madre por nuestro amor y debido a nuestros pecados, desde el primer *fiat* de la Anunciación hasta el último *fiat* proferido a los pies de la cruz donde estaba *lacrimosa* de la cual pendía el hijo.

María, fuente de bienaventuranza

Aquella a quien todas las generaciones llamarían bienaventurada, no podría dejar de buscar en esta suprema fuente de bienaventuranza, revelada por la mano de Dios, de esta arcilla creada de nuestra humanidad, es decir, de la fuente del dolor y las lágrimas santificadas por el Hijo de Dios, hecho nuestro hermano en el dolor y las lágrimas para redimirnos del dolor y el llanto, del pecado y la muerte.

Invocación a María consoladora

Por ello, debes invocar como consoladora de tu dolor a María que lloró, llamándola Madre de toda ternura en tus sufrimientos de hijo, imítala como maestra sabia y fuerte en las horas oscuras y difíciles de tu camino terrenal.

Oferta de lágrimas a través de María

Ofrece hoy mismo, por las manos de María, tus lágrimas junto con las suyas a la Justicia divina en espíritu de purificación para tu alma y de reparación por los pecados de tus hermanos. Ofrece, junto con la sangre de las heridas divinas de Cristo, las de tu cuerpo herido y tu corazón dilacerado en unión con los tormentos del Corazón Inmaculado y Doloroso de María.

Fe, paciencia y amor ante la cruz

Ten fe, paciencia y amor por tu Cruz, como Ella, la Dolorosa, creyó, cargó y amó su Cruz, que era la de su Hijo divino. También de tu Cruz, como de la suya, germinará alegría y vida.

Aliento a los que sufren

Valentía, hermano que lloras, hermana que sufres, no derrochas en vano en el camino doloroso de tu vida las misteriosas semillas de alegría, tus lágrimas, tus dolores. En tu Cruz, como en la de Jesús, que es la de María dolorosa y llorosa, hay fortaleza, esperanza, salvación, victoria, paz, libertad, alegría, consuelo, felicidad.Nuestra Señora de las Lágrimas está contigo. Los días de lágrimas terminarán, los días de la alegría que vendrá, no tendrán fin.Oh Madre de Lágrimas, reina del cielo, Bajo tu manto sagrado, buscamos refugio. En las horas de dolor, tu presencia alivia El fardo pesado, el corazón amigo.En cada gota que de tus ojos cae, Vemos un mar de amor y compasión. En las pruebas de la vida, a ti recurrimos, ahí, Buscando en tus lágrimas, consuelo.María, fuente de esperanza y luz, Tu dolor, transformado en intercesión, Lleva a nosotros a tu Hijo, Jesús, Fuente eterna de toda redención.

En tus lágrimas, un río de gracias fluye,
Purifica y renueva nuestras almas.
Oh, Madre Dolorosa, a ti nos acercamos,
En tu mirada amorosa, queremos perdernos.

Que cada lágrima tuya sea semilla
De fe, esperanza y caridad en nuestros corazones.
Bajo tu protección, caminemos constantemente
Hacia la salvación eterna.

Nuestra Señora de las Lágrimas, escucha nuestra oración,
En este valle de lágrimas, sé nuestro consuelo y guía.
Con tu mano materna, cálidanos,
Llévanos al puerto seguro, a la alegría.

Amén.

La devoción a María como consoladora en los sufrimientos se profundiza en el documento Marialis Cultus de Pablo VI, que valora a María como modelo de entrega y esperanza.

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