Mulieris dignitatem – Carta Apostólica de Juan Pablo II sobre la dignidad de la mujer (Texto completo)

La Carta Apostólica Mulieris Dignitatem es la carta apostólica del Papa Juan Pablo II sobre la dignidad y vocación de la mujer, publicada el 15 de agosto de 1988, en la Solenidad de la Asunción de la Virgen María. El documento es una de las reflexiones más profundas del Magisterio sobre la antropología femenina, con un tratamiento extenso de la figura de María como paradigma de toda feminidad y mediación del «genio femenino» en la historia de la salvación.

AutorPapa Juan Pablo II (Karol Wojtyla)
TipoCarta Apostólica
Fecha15 de agosto de 1988
TemaDignidad y vocación de la mujer, María como paradigma femenino
IncipitMulieris Dignitatem («Dignidad de la Mujer»)
FuenteAAS 80 (1988) 1653-1729

Contexto histórico

La Carta Apostólica Mulieris Dignitatem fue publicada en respuesta al Sínodo de Obispos de 1987 sobre los «fieles laicos». Juan Pablo II aprovechó la oportunidad para elaborar una reflexión antropológico-teológica sobre la mujer, algo que nunca había sido hecho de manera tan sistemática por el Magisterio. El documento recupera la teología de Génesis 1-2, la cristología (la relación de Jesús con las mujeres), la mariología (María como Nueva Eva y «mujer» en Juan 2 y Apocalipsis 12) y la eclesiología (la Iglesia como Esposa).

Texto original latino (Excertos mariológicos)

IOANNES PAULUS PP. II

Mulieris Dignitatem y la vocación a contemplar bajo la nueva luz de su Palabra, decidimos que en el Evangelio, según Lucas, se anuncia: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá; por eso también el Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35). Esta palabra divina pronunciada en la Anunciación abre una perspectiva para comprender la vocación y dignidad de la mujer. En María, como Madre de Dios, pero también por la fe en la que «creyó», se alcanza el misterio de la «mujer» en su perfección. (n. 4)María es «plena de gracia» (Lc 1, 28): esta «plenitud de gracia» indica el don de toda la vida sobrenatural, que solo proviene de la gracia de Dios en Cristo y le es propio a quien Dios le ha concedido esta gracia. A través de la Encarnación de la Palabra, toda la historia humana, y la historia de la mujer, adquiere una nueva dimensión vertical. […] María ocupa en esta historia un lugar totalmente singular y único: principal y ejemplar. (n. 5)«Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y sus parientes» (Jn 19, 25). Esta fidelidad a la cruz es una expresión maravillosa de las «consecuencias» de una fidelidad incondicional. De esta manera, las mujeres que se adhieren a Cristo en la fe y en el amor, dan un testimonio de su misión el más fiel. (n. 15)Desde esta perspectiva, María está presente en los misterios de la vida de Cristo, en todos los elementos salvadores, desde su concepción y nacimiento hasta su muerte y resurrección. Y esta presencia de fe, esperanza y caridad no es solo externa, sino interna y vital: es la Madre de la Iglesia y la Madre espiritual de todos. (n. 27)

Quisemos contemplar, desde una nueva perspectiva, la dignidad y la vocación de la mujer a la luz de las palabras del Evangelio según Lucas: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35). Esta palabra divina dirigida a María en la Anunciación abre una perspectiva desde la cual se puede comprender correctamente la vocación y la dignidad de la mujer. En María, de hecho, como Madre de Dios, pero también en virtud de la fe con que «creyó», el misterio de la «mujer» alcanza su perfección. (n. 4)

María es «chea de gracia» (Lc 1, 28): esta «plenitud de gracia» indica el don de toda la vida sobrenatural, que proviene únicamente de la gracia de Dios en Cristo y es propia de quien Dios concede tal gracia. A través de la Encarnación de la Palabra, toda la historia humana, y la historia de la mujer, adquieren una nueva dimensión vertical. […] María ocupa en esta historia de la «mujer» un lugar totalmente singular y único: el lugar principal y ejemplar. (n. 5)

«Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre» (Jn 19, 25). Esta fidelidad en la cruz es una expresión admirable de la más fiel «secuela Christi». De esta manera, las mujeres, adhiriéndose por fe y amor a Cristo, dan el testimonio más fiel de su misión. (n. 15)

Desde esta perspectiva, María está presente en los misterios de la vida de Cristo en todos los elementos salvíficos, desde la concepción y el nacimiento hasta la muerte y la resurrección. Y esta presencia de fe, esperanza y caridad no es solo externa, sino interna y vital: ella es Madre de la Iglesia y madre espiritual de todos. (n. 27)

María y el «Génio femenino»

El gran aporte de la encíclica Mulieris Dignitatem a la mariología es la introducción del concepto de «génio femenino»: María es el paradigma perfecto del «eterno femenino» teológicamente comprendido. Juan Pablo II identifica en la mujer dos llamamientos vocacionales paradigmáticos, la maternidad (generación y cuidado de la vida) y la virginidad (entrega total a Dios), ambos realizados plenamente en María, que es simultáneamente Virgen y Madre. Esta bipolaridad mariológica es el centro de la antropología femenina del documento.

Significado teológico

La encíclica Mulieris DignitatemEs el documento magisterial más extenso sobre la mujer en la historia de la Iglesia. Desde la perspectiva mariológica, retoma y profundiza el capítulo VIII de Lumen Gentium y la Redemptoris Mater, añadiendo la dimensión antropológica de la feminidad. El concepto de María como «Nueva Eva», clave hermenéutica de toda la carta, ya estaba presente en los Padres (Justino, Ireneo, Tertuliano) y aquí es retomado y sistematizado con rigor filosófico-teológico.

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