María en la obra de Balthasar

La obra de von Balthasar otorga un amplio espacio a la Madre del Señor, y la mariología se convierte en él en un campo fértil de aplicaciones y verificaciones de caminos nuevos, como la estética teológica y la teodramática. Toda la teología de von Balthasar se despliega en un tríptico que comprende los siguientes momentos: 1. La estética teológica, o teofanía, como percepción de la revelación divina en el mundo, por tanto, visión y encuentro con Dios. 2. La dramática, o teopráxis, mientras realidad de la acción de Dios en el mundo y sobre el mundo. 3. La lógica, o teología, como descripción de la revelación y la acción de Dios bajo la forma de conceptos y palabras. Nos detendremos en las dos primeras partes para percibir cómo el autor articula el discurso sobre María. En Teología, vol. I y vol. II, de hecho, falta la referencia mariana.
María en la estética teológicaAntes de explorar el pensamiento de von Balthasar sobre María, es preciso enmarcar sus intuiciones desde la perspectiva original de su teología, presentada en la obra fundamental titulada: «*Herrlichkeit. Eine Theologische Ästhetik*», publicada en Einsiedeln en varios volúmenes entre 1961 y 1969. La obra se publica en alemán, en 5 volúmenes, por Herder. Según von Balthasar, la estética teológica significa «contemplar a Dios no como comunica la verdad o como es bondad para con el hombre, sino mientras se acerca al hombre para manifestarse a sí mismo en la gloria eterna (Herrlichkeit) de su amor trinitario». El mensaje cristiano, por lo tanto, se interpreta según la categoría de lo bello, y von Balthasar presenta al menos cuatro motivaciones para hacerlo:– La interpretación estética no modifica ni disminuye la revelación.
– Si faltan las prerrogativas de lo bello, de la gloria, no es posible un conocimiento auténtico, porque solo en la forma luminosa de lo bello el ser se vuelve visible y apetecible, y esto también vale para la revelación.
– En la intuición estética se encuentra al otro como otro, desinteresadamente, lo que salvaguarda la trascendencia de la revelación.
– El mensaje cristiano es esencialmente un mensaje de amor, que es inseparable de la belleza. El objeto amado siempre aparece asombroso, maravilloso, especialmente si se trata del Logos divino que se manifiesta como «Amor», «Agape» y, como tal, como gloria y esplendor.Los dos aspectos marianos que emergen en la estética teológica de von Balthasar son:– La experiencia arquetípica de María
– María, esplendor de la IglesiaLa experiencia arquetípica de María y la IglesiaNuestro acto de fe tiene su origen en una experiencia inicial de conocimiento inmediato y sensible, en la que los sentidos entraron en acción plena. Dios se manifestó a los hombres a través del tacto, del oído y de la vista (1Jo 1,1,3). Pero además de esta experiencia típica y arquetípica de los Apóstoles, fundamento de la fe de la Iglesia (Ef 2,20), existe una experiencia más misteriosa y profunda, que es la continuidad entre la experiencia materna y espiritual de María y la experiencia materna de la Iglesia. Precisamente en la intersección de todos los caminos del Antiguo Testamento que conducen al Nuevo Testamento, se encuentra la experiencia mariana de Dios, tan rica y oculta que apenas se puede describir. Es, sin embargo, tan importante que aparece como el telón de fondo de todo lo que se ofrece visiblemente. En esta experiencia, Sión pasa a la Iglesia, la Palabra a la carne, la cabeza al cuerpo. Es el lugar de la fecundidad superabundante.Esta experiencia mariana se distingue de la de los Apóstolos por ser más profunda y transhistórica, y es necesaria para la Iglesia para que dé una respuesta total y envolvente.Lejos de la abstracción, la experiencia vivida por María tiene una función cristológica y eclesiológica, pues es una experiencia de fe fundamental en un contexto de solidaridad y contiene en gérmen, y de cierto modo físicamente, a los cristianos con su fe. María es, por tanto, «*pecho y prototipo de la Iglesia*», representa la fecundidad y la forma interior de la Iglesia: la respuesta de fe de María es prototípica, porque incluye y genera la fe de la Iglesia. Se sigue que la Iglesia, cuanto más es propiamente Iglesia, tanto más es inmaculada, cristiforme y mariana. La Iglesia puede, de hecho, considerarse «la unión de aquellos que, reunidos y constituidos por el ‘sí’ pronunciado por María, están dispuestos a acoger con prontitud la voluntad salvífica de Dios respecto a sí mismos y respecto a todos los hermanos».La espiritualidad mariana es factor de unidad en la Iglesia, porque en ella deben converger todas las demás espiritualidades particulares: es la espiritualidad eclesial antes de cualquier diferenciación. El «sí» de María es fundamento y esencia de la Iglesia neotestamentaria: «*Quién se une de modo vivo a este sí es miembro vivo del pueblo de Dios, y cuanto más ampliamente lo pueda decir, tanto más se convierte y se hace eclesial*». Este «principio mariano» es el criterio de valor para establecer la santidad de la Iglesia.María, esplendor de la IglesiaLa estética teológica desea percibir la figura concretamente, sin ceder a la reducción de los procedimientos lógicos. En esta conversión a la imagen, la idea resplandece de modo visible y plausible, y se intuye su significado como en una obra de arte. En la Virgen María se tiene una imagen o figura de intenso valor estético. Obra de Dios, la esencia de María es como un material moldeable a disposición de la acción divina: «*Debe verse en María el prototipo de lo que la Arte Divina puede hacer de un barro humano que no se le opone*».a) La figura de María revela la realidad de la Iglesia, aunque existan otros arquetipos (por ejemplo, Pedro para la función jerárquica), y para hacer reconocible a la propia Iglesia es necesario recurrir a María, «*que revela la suprema belleza, la de la Esposa-Iglesia del Nuevo Testamento*». Y aún: «*El Señor no quiere que la Iglesia le esté frente como un único fracaso manifiesto, sino como una esposa gloriosa y digna de Él. Aquí interviene necesariamente en la Iglesia el principio mariano*». Es necesario, por tanto, que los cristianos tengan ante sus ojos la imagen interior de María si quieren ser Iglesia santa y cristiforme, capaz de resaltar en el mundo la obra de Dios. «*En la medida en que la Iglesia es mariana, ella es una figura pura, inmediatamente decifrable y comprensible. En la medida en que el hombre fuera mariano, el cristianismo sería igualmente decifrable y comprensible en él*».b) María revela el misterio de la cooperación de la criatura con Dios, señalando la distancia infinita entre el Señor y su serva, distancia que se expresa en todo aquello que el Señor manda y la serva obedece.Obediencia y participación en la Kenosis de CristoTal obediencia, que caracteriza no solo la vida de María, sino también la del cristiano, es el opuesto de la pasividad e implica una atención constante y el compromiso de todas las fuerzas. Al participar de la kenosis de Cristo, la luz que resplandece en María se inserta en una condición de humildad y oscuridad: «Ella está privada de obras milagrosas visibles, de fenómenos místicos. Los hombres ni la reconocen ni la rechazan, María está inmersa en la claroscura de la gracia y la fe. Su glorificación es póstuma». Sin embargo, incluso en esta claroscura, María es una «figura de revelación», no una alegoría, sino un símbolo real de la Iglesia corporal y espiritual, conformada al Verbo, y la fuerza educativa que emana de su contemplación no es despreciable.María en la teodramáticaDespués de dedicar 5 volúmenes a la estética teológica, von Balthasar aborda la teodramática en 3 volúmenes. También en esta obra, reserva un espacio destacado a María, porque el hombre no es espectador, sino actor en el drama de Dios. Sin proponer una Mariología completa, von Balthasar toca numerosos aspectos de la doctrina mariana desde una perspectiva amplia, que integra la Biblia, la patristica, la historia de la teología y la reflexión sistemática. Del contexto emergen estos aspectos, que examinaremos brevemente:– María, persona teológica del teodrama
– Prolegómenos a la Mariología
– Mariología: la persona dramática de MaríaMaría, persona teológica del teodramaConsiderando la categoría del drama teatral como precomprensión y punto de partida, von Balthasar describe el actuar de Dios como «salvación realizada, reconciliación del mundo con Dios por una iniciativa de amor que se ofrece únicamente». Por lo tanto, los hombres solo pueden convertirse en actores del teodrama si están insertos en Cristo y en respuesta a una vocación. Precisamente estas dos condiciones se cumplen en María, que, por una vocación más allá de su expectativa, es trasladada al espacio dramático de Cristo.a) María es llamada a participar del drama divino, de modo que su elección la convierte en persona teológica y pública, disponible para la comunidad. María se convierte en el arquetipo de todas las personas «teológicas», de su vocación y misión.b) Con su elección, María se encuentra en un espacio impregnado por la Persona real de Cristo, y pertenece de manera única y anterior a todos los demás a la «constelación cristológica», formada por aquellas personas que son las verdaderas columnas de la Iglesia (Pedro, Pablo, Juan, etc.). La misión de María, al representar un espacio abierto para otras figuras posteriores, contemporáneas y futuras, es fuertemente teodramática porque la Virgen forma parte de la «constelación de Cristo». Al igual que todos nosotros, ella está comprometida en hacer que su propio ser sea cada vez más claramente isomorfo con la misión confiada y donada por Dios.c) María es insertada como mujer en la encarnación, y se diría, de modo necesario, mediante la maternidad en relación al Hijo de Dios. Esta prioridad de María en orden al nacimiento de Cristo se refleja en la relación con la Iglesia y su maternidad respecto a los fieles, que «siempre parte del supuesto de que María concibió y dio a luz al mundo al Mesías». Por lo tanto, también la Mariología, aunque entrelazada con la Eclesiología, «debe reclamar una prioridad al tratar de la Madre del Redentor, sin la cual no habría ni una Iglesia estructurada, ni, en general, una gracia divina».
Prolegómenos a la MariologíaAl introducir el tratamiento sobre María, von Balthasar constata y combate la tendencia de los mariólogos de reducir a un principio firme todo lo que se puede decir de la Virgen, olvidando que ella es mujer, es decir, un proceso móvil y no reducible a ninguna univocidad.
a) Revisando la serie de primeros principios propuestos por los teólogos, el autor no los considera satisfactorios: la «maternidad nupcial» de Scheeben es ambivalente. La «maternidad divina» de muchos opaca el papel de la mujer. «María arquetipo de la Iglesia» de Mueller, Semmelroth, etc., conduce a la Mariología a disolverla en una Eclesiología global. Según von Balthasar, antes que todo, se debe prestar atención a la historicidad de María como mujer (Mariología narrativa), resaltando su libertad, que tiene una forma irrepetible en relación a cualquier otra persona humana.
b) Identificado el punto básico de la Mariología, von Balthasar no oculta la dificultad para quien quiera articular la íntima cercanía entre madre y Hijo y la infinita distancia entre Creador y criatura, realidades que históricamente causaron la oscilación entre el alabanza y el olvido de María. Trazando el recorrido de la Mariología a partir de este postulado, von Balthasar distingue tres épocas, en las que se pasa de una imagen eclesiotípica de María (patrística) a un emerger de ella sobre la Iglesia como madre de los fieles y esposa del Señor (medieval), hasta una «cristotipia aislada» que hace de María la imagen arquetípica y teletípica (inicial y final) de la Iglesia (Concilio Vaticano II). La configuración conciliar permanece una piedra angular que a partir de ahora no será fácil desplazar, pero es necesaria una nueva y profunda configuración que haga entrar en escena a María con un papel dramático en el teodrama. Von Balthasar ofrece su contribución en este sentido, situando la existencia de María en el amplio arco del tiempo salvífico.
Mariología: la persona dramática de MaríaLa colocación habitual de María en un tiempo determinado no es satisfactoria, porque su vicenda es más amplia y problemática, de tal modo que solo puede situarse en Cristo o en una Iglesia verdaderamente fiel. En consecuencia, el autor articula la presencia de María en una triple tensión que va del paraíso terrenal a la salvación y, finalmente, a la escatología.
a) Entre el paraíso terrenal y la caída
Esta primera colocación sitúa a María en la tensión entre su pertenencia a la humanidad y su santidad: «María debe, como verdadera madre del Salvador, pertenecer verdaderamente al género humano necesitado de salvación y, sin embargo, para poder ser esa madre, debe ser totalmente santa e imaculada».
b) Entre la alianza antigua y la nuevaLa segunda tensión en la existencia de María surge de su participación en dos momentos de la salvación: «Como madre carnal se encuentra en la continuidad directa con las generaciones que descienden de Adán, pasando por Abraham, mientras que como madre virginal, hecha embarazada por la fuerza del «sí» al Espíritu que la cubrió con su sombra, establece una ruptura y un nuevo comienzo». Esta tensión entre los dos Testamentos se vuelve dramática a través del matrimonio con José y se expresa dramáticamente en los cinco episodios de la «rebelión» de Jesús: «El niño de doce años rompe con su estirpe de manera tan dura que los padres no comprenden. Las palabras de rechazo a la madre en Caná no permiten interpretaciones edulcoradas. La negativa a recibirla cuando ella va a buscarlo y la referencia a los oyentes como hermanos, hermanas y madre de Jesús deben haber herido su corazón como una espada. La bienaventuranza dirigida al seno materno se redirige nuevamente a los fieles. El acto de apartarse de ella en las palabras «Mujer, he aquí tu hijo» sella la larga serie del distanciamiento». El autor explica que, en estos episodios, María sirve a Jesús como «objeto demostrativo» de la necesaria trascendencia de la carne y la sangre para heredar el Reino de Dios. Estos distanciamientos no son absolutos, sino que a menudo son aplazamientos y ocultan una recuperación: a pesar de su «rebelión», el niño de doce años regresa con los padres y vive sumiso a ellos. En Caná, es atendida. El envío al Calvario subraya la dilatación de la maternidad física a la espiritual y universal, y así sucesivamente. Por lo tanto, en la humillación visible se esconde la glorificación secreta de María.
c) Entre tiempo y eternidad
Las dos tensiones anteriores convergen en una tercera que caracteriza a María de manera definitiva: «La tensión más fuerte es la última, la escatológica, entre tiempo y eternidad. Es a esta a la que se debe llegar si María es la verdadera madre de los vivos, que, desde un paraíso terrestre reconquistado (en la concepción inmaculada), da a luz al brote del Mesías y sus hermanos, pero esto en los dolores del parto sobre la cruz. Lo que María da a luz en la pureza virginal del paraíso, pero en los dolores de la temporalidad y el desierto, es fruto para la vida eterna». Dicho esto, von Balthasar subraya el profundo vínculo de María con Cristo y con la Iglesia, de la cual es «el centro personal», de modo que la Iglesia solo es comprensible «a partir de María». «María como Madre de Cristo es el modelo «carnal» de la Iglesia, que espiritualmente da a luz a Cristo, y es también el modelo «individual, real y universal» para todos los fieles». Por ello, se puede afirmar que María subsiste como síntesis plena de la fe de Abraham, como perfecta Hija de Sión, en la transición del Antiguo al Nuevo Testamento y a la Iglesia, como quintessencia personal de la Iglesia neotestamentaria.
La reflexión de Hans Urs von Balthasar sobre María, enmarcada en el horizonte de la Estética teológica y la Teodramática, revela una comprensión profundamente integrada de la figura de la Madre del Señor en el misterio de la revelación y la salvación. Lejos de reducir a María a un simple objeto de devoción o a un principio abstracto de la teología, el autor la presenta como una persona teológica viva, situada en el centro del drama salvífico, donde se encuentran la iniciativa gratuita de Dios y la respuesta libre de la criatura. María no es solo contemplada como una figura bella y luminosa de la revelación, sino como una protagonista real de la historia de la salvación, cuya existencia entera está moldeada por la misión recibida.
En la Estética teológica, María aparece como el arquetipo de la forma eclesial, la imagen en la que la Iglesia reconoce su identidad más profunda. En ella, la revelación asume una figura concreta, sensible e inteligible, capaz de manifestar la gloria de Dios en el mundo. Su «sí» se convierte en el principio originario de la Iglesia, la fuente de su fecundidad espiritual y el criterio de su santidad. La belleza mariana, lejos de ser solo estética, es teológica, porque refleja la forma del amor trinitario que se ofrece a la humanidad.
En la Teodramática, María se inserta en el drama de la salvación como una persona teológica plenamente comprometida con la misión confiada por Dios. Su existencia se desarrolla en una tensión continua entre gracia y libertad, proximidad y distancia, tiempo y eternidad. La maternidad de María, al mismo tiempo carnal y espiritual, une indisolublemente a Cristo con la Iglesia y la convierte en el centro personal de la historia salvífica. A través de las pruebas, los distanciamientos y las aparentes negaciones, se manifiesta la profundidad de su participación en el misterio pascual, donde la humillación se convierte en glorificación.
Así, para von Balthasar, María no es solo un tema de la mariología, sino una clave hermenéutica para comprender la propia teología cristiana. En ella se unen la belleza de la revelación, la dramaticidad de la salvación y la verdad de la fe. María permanece, por tanto, como síntesis viva de la respuesta humana al amor de Dios, modelo de la Iglesia y figura escatológica de la humanidad redimida, en la que el drama divino alcanza su forma más luminosa y fecunda.
Para el marco magisterial de la mariología contemporánea que complementa la visión de Balthasar, la encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II profundiza el papel de María en la economía de la salvación.
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