María y la Eucaristía, la reinterpretación en el tercer milenio.

Maria e a eucaristia, a recompreensão no IIIº milênio
# María y la Eucaristía: una relación trinitariaAl hablar de María y la Eucaristía, encontramos al menos tres vínculos entre estos dos grandes dones ofrecidos por el Padre a la humanidad en su camino:## 1. El misterio de la Encarnación como fundamentoLa primera conexión entre la Eucaristía y María se da a través del misterio de la Encarnación. Por obra del Espíritu Santo, María da a luz al Hijo del Altísimo, es decir, al cuerpo y sangre que él ofrecerá en la Cruz para la salvación del mundo. El mismo cuerpo y sangre engendrado por María será dado como alimento y bebida a los fieles en la Eucaristía. Es por ello que San Juan Pablo II se postra con profunda fe y asombro ante el Hijo de María presente en el sacramento del altar, como lo expresó en su encíclica *Ecclesia de Eucharistia*:> «Dejemos, mis queridos hermanos y hermanas, entregarnos con íntima elevación, en compañía y consuelo de su fe, a mi testimonio de fe en la Santísima Eucaristía: ¡Ave, verdadero cuerpo nacido de la Virgen María, que verdaderamente sufrió y fue sacrificado en la cruz por el hombre!» (*Ecclesia de Eucharistia*, 59).Esto implica que no tendríamos la Eucaristía sin María, ya que fue su Madre quien dio a Jesús el cuerpo y la sangre que él ofrecería como comida y bebida a sus discípulos. En las raíces del sacramento encontramos, por tanto, a la Virgen de Nazaret, capaz de repetir las palabras de sabiduría pronunciadas por Jesús:> «Venid y comed el pan y bebed el vino que he preparado» (*Proverbios* 9,5).## 2. María, la mujer eucarísticaLa segunda relación de María con la Eucaristía se traza indirectamente a partir de su actitud interior profundamente relacionada con la persona de Cristo y sus misterios, por lo tanto, también con el sacramento mayor de su presencia.> «María es una mujer eucarística a lo largo de toda su vida. Mirando a María como modelo, la Iglesia está llamada también a imitar su relación con este santísimo misterio» (*Ecclesia de Eucharistia*, 53).En los retratos espirituales traçados por los evangelistas Lucas y Juan, María aparece como una mujer profundamente religiosa que acoge la Palabra de Dios con fe ejemplar y atenta a todo lo que sucede a su alrededor de su Hijo. Presente en la Última Cena, María anticipa las palabras misteriosas de Jesús sobre el pan de vida y, constantemente, reflexiona sobre su significado. En la celebración del Pentecostés, participa con la comunidad cristiana en el partir del pan con alegría y sencillez de corazón (Actos 2,46). La Iglesia entera entra a la escuela de María, mujer eucarística, para aprender las actitudes y disposiciones adecuadas ante la Eucaristía.## 3. María presente en la celebración litúrgicaMaría no es solo una figura histórica de los Evangelios, del Jesús histórico y de la primera Iglesia; ella es una persona viva que, junto con todos los santos, pero de manera especial, interviene e intercede en la celebración eucarística. Por ello, el Papa San Juan Pablo II escribió:> «María está presente, con la Iglesia y como Madre de la Iglesia, en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas» (*Ecclesia de Eucharistia*, 57).Así, no debemos sorprendernos si, en todos los ritos orientales y occidentales, la oferta de la Eucaristía se realiza en comunión con toda la Iglesia celeste y terrestre, con todos sus miembros vivos y difuntos, especialmente con María.La Madre de Jesús es invocada como la Madre de Dios y siempre Virgen María, porque su entrega/consagación a Dios es análoga a la entrega de nuestra vida que se renueva constantemente en el sacrificio eucarístico. Cuanto más nos dejamos acompañar por ella y colocamos en su escuela (*Ecclesia de Eucharistia*, 57), mejor podremos celebrar y vivir la Eucaristía.**Conclusión:**Después de haber concebido a Cristo en su seno virginal por obra del Espíritu Santo, la Madre del Señor no lo guarda para sí en la intimidad de la casa de Nazaret. Ella avanza rápidamente hacia el monte para llevarle a Isabel y Zacarías, que esperan al Mesías como «el sol naciente del alto para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte» (Lucas 1,78-79). De manera similar, nosotros, cristianos, una vez recibida la Eucaristía, somos invitados a regresar a nuestro entorno, en contacto con la cultura secularizada que olvida a Dios y cultiva la autosuficiencia humana.Para profundizar en la dimensión mariana de la celebración litúrgica, se recomienda leer la Exhortación Apostólica *Marialis Cultus* de Pablo VI.**Profundiza tus estudios:** explora Mariología, teología mariana, apariciones marianas y considera una Pós-Grado en Mariología.

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