Oración «Augusta Reina de los Cielos»: origen, autor y fuentes

Augusta Rainha dos Céus, Senhora dos Anjos

Pocas oraciones marianas del siglo XIX han alcanzado la difusión y el combate tan intenso como la «Augusta Reina de los Cielos». Recitada en santuarios, recomendada por quienes ejercen el ministerio de exorcismo, impresa en cientos de miles de copias, invoca a la Madre de Dios bajo un título preciso y soberano: Señora de los Ángeles, y pide el envío de las legiones celestiales contra las potencias de las tinieblas.

Detrás de su lenguaje hay una fecha exacta, un autor identificable y fuentes que conviene conocer con rigor. Quien reza esta oración no maneja una fórmula mágica. Recoge una de las expresiones más puras de la fe de la Iglesia en la realeza angélica de María.

Augusta Reina de los Cielos, Nuestra Señora de los Ángeles
Augusta Reina de los Cielos, Nuestra Señora de los Ángeles.

I. El texto de la oración Augusta Reina de los Cielos

La versión portuguesa difundida es la siguiente:

«Augusta Reina de los Cielos, soberana Señora de los Ángeles, vos que desde el principio recibisteis de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, os pedimos humildemente que envieis las legiones celestiales, para que, bajo vuestras órdenes y por vuestro poder, persigan y combatan a los demonios en todas partes, repriman su audacia y los precipiten en el abismo. ¿Quién es como Dios? ¡Oh buena y tierna Madre, seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza! ¡Oh divina Madre, enviad los Santos Ángeles para defenderme y repeler al cruel enemigo. Santos Ángeles y Arcanjos, defendednos, guardadnos. Amén.»

El título que abre la súplica no es un adorno devoto. «Reina de los Ángeles» traduce la antigua invocación litúrgica Regina Angelorum, presente en las Letanías de Loreto y prolongada en la antífona Ave Regina Cælorum, Ave Domina Angelorum (Salve, Reina de los Cielos, Salve, Señora de los Ángeles). La oración concentra en forma de petición lo que la Iglesia ya cantaba en forma de alabanza.

II. El autor, el beato Louis-Édouard Cestac

La Augusta Reina de los Cielos tiene un autor histórico bien documentado, el sacerdote francés Louis-Édouard Cestac. Nacido en Bayona el 6 de enero de 1801, dedicó su vida al rescate humano y espiritual de las mujeres en situación de abandono. Fundó en Anglet la obra de Notre-Dame-du-Refuge y, en 1842, con su hermana Élise, la Congregación de las Servas de María. Falleció en Anglet el 27 de marzo de 1868.

Su causa siguió el camino ordinario de la Iglesia. Fue declarado venerable en 1908 por el Papa Pío X y beatificado el 31 de mayo de 2015, en la catedral de Bayona, por el cardenal Angelo Amato en nombre del Papa Francisco. Es preciso corregir un equívoco frecuente en internet que anticipa la beatificación a la década de 1990. La fecha correcta es 2015.

III. El origen, la visión del 13 de enero de 1864

Según la tradición recogida en su biografía, el 13 de enero de 1864, el padre Cestac fue tomado como por un rayo de luz y vio demonios extendidos sobre la tierra. En ese mismo instante tuvo una visión de la Santísima Virgen, quien le manifestó que las potencias infernales se habían desatado en el mundo y que había llegado la hora de invocarla como Reina de los Ángeles, pidiéndole que enviara a las legiones celestiales contra ellas.Ante la objeción del sacerdote, quien preguntaba por qué no enviaría ella a los ángeles sin que se le pidiera, recibió la orden de imprimir y difundir la oración. La Augusta Reina de los Cielos nació de esa hora de combate, y Cestac hizo sacar cerca de quinientos mil ejemplares, distribuidos gratuitamente.Las fuentes relacionan esta visión con el anuncio de La Salette. En la aparición del 19 de septiembre de 1846, el mensaje confiado a Mélanie Calvat mencionaba el año 1864 como el en que «Lúcifer, con un gran número de demonios, será liberado del infierno». Aquí se impone la sobriedad crítica. La aparición fue aprobada por el obispo de Grenoble en 1851, pero la versión impresa del «secreto» (Lecce, 1879) es objeto de reservas. El nexo entre 1864 y la oración pertenece al plano de la lectura espiritual.

IV. Las aprobaciones eclesiásticas y las fuentes teológicas

La oración no circuló al margen de la Iglesia. El mismo 13 de enero de 1864, Cestac escribió al cardenal Clément Villecourt pidiéndole que presentara el texto al Papa. El 17 de febrero de 1864, Villecourt transmitía la respuesta de Pío IX, quien no encontraba nada reprobable en oraciones destinadas a frustrar los designios del demonio. Los obispos de Bayona, Tarbes, Aire, Tours y Cambrai también aprobaron la oración.Ya en el siglo XX, la oración fue enriquecida con indulgencia por San Pío X en 1908 y recogida en la Raccolta, la colección oficial de oraciones indulgenciadas, bajo el número 389.Más importante que la cronología es reconocer de dónde brota el contenido. La oración es un mosaico bíblico y litúrgico. La imagen central, aplastar la cabeza de Satanás, proviene del Protoevangelio, en Gn 3,15, donde la descendencia de la mujer hiere la cabeza de la serpiente. El escenario de las legiones se prolonga en Ap 12, con la mujer, el dragón y la guerra del arcángel Miguel.

La exclamación «¿Quién es como Dios?» traduce el latín *Quis ut Deus?*, que a su vez se origina en el hebreo *Mî kā-ʾĒl* (quién es como Dios), el nombre de San Miguel convertido en grito de batalla. La oración pertenece a la misma familia de la súplica leonina a San Miguel, de 1886. Estas son las fuentes que sustentan a la Reina del Cielo y la sitúan en el horizonte de la *Angelología y demonología en el Magistrio católico*.

Conclusión

Conocer el origen de la «Reina del Cielo» no la debilita, la fortalece. Saber que nació en 1864, de la fe de un sacerdote luego canonizado, aprobada por Pío IX y indulgenciada por San Pío X, significa comprender que rezar no es invocar lo desconocido.

Rezar a la Reina del Cielo es unir la propia voz a la constante de la Iglesia, que reconoce en María la Reina de los Ángeles y en ella la victoria ya anunciada sobre la serpiente. Para situar esta súplica entre los grandes signos marianos, consulta también las *Apariciones marianas en el Magistrio pontificio*, como las de Guadalupe, Lourdes, Fátima y Aparecida.

Referencias

  • BORDARRAMPÉ, P. *Le vénérable Louis-Édouard Cestac*. París: J. de Gigord, 1925.
  • *The Raccolta, o Manual de Indulgencias*. Nueva York: Benziger, 1957, oración n.º 389.
  • Congregación de las Servas de María. Disponible en servantesdemarie.com.
  • Nuestra Señora de La Salette. Aparición del 19 de septiembre de 1846, aprobada por el obispo de Grenoble en 1851.

Consulta nuestra guía completa de Angelología Católica.

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