María en la Biblia: tipología veterotestamentaria, exégesis de los evangelios y el método de Lumen gentium


La percepción de que la Sagrada Escritura no ofrece abundante información sobre María resulta de un juicio acrítico, en realidad de un prejuicio que no reconoce el carácter no cuantitativo, sino cualitativo de la Palabra de Dios y su finalidad histórico-salvífica. La Escritura, a diferencia de la literatura apócrifa y devocional, no se interesa directamente por la biografía y la historia particular de la madre de Jesús, sino por su papel y significado en el contexto del plan de salvación.
Estadísticamente, los pasajes explícitos sobre la madre de Jesús no son numerosos, pero tampoco escasos. En cualquier caso, son textos estratégicos y de densidad excepcional. Estratégicos, porque están ubicados en los giros fundamentales de la historia de la salvación: Encarnación, Misterio Pascual, Pentecostés. De extraordinaria densidad, pues están vitalmente insertos en esos misterios, de los cuales derivan valor y significado.
María, debido a su íntima participación en la historia de la salvación, debe ser estudiada en toda la Biblia, no solo en los pasajes explícitos, sino también en los del Antiguo Testamento donde se prefigura la Madre del Redentor. Se comprende por qué el objeto de esta reflexión es relevante para aquellos que viven su vocación cristiana siguiendo los pasos de María, la madre del Señor y nuestra madre.
La lectura mariológica de la Escritura: fundamentos hermenéuticos y el principio de la Lumen gentium
La Constitución Conciliar Dei Verbum nº 24 afirma: «La teología sagrada se basa, como en un fundamento perpetuo, en la palabra de Dios escrita, con la sagrada tradición, y en ella se consolida y renueva constantemente, examinando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. Las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, al ser inspiradas, son verdaderamente la palabra de Dios. El estudio de las páginas sagradas debe ser como el alma de la teología sagrada».
En este sentido, la Sagrada Escritura también es la fuente de la Mariología. Si queremos conocer el verdadero rostro de María, el primer paso fundamental e inevitable es profundizar en los pasajes bíblicos que hablan de ella. La Sagrada Escritura es la palabra divinamente revelada e inspirada bajo la guía del Espíritu Santo. La verdad contenida en la Biblia se fundamenta en este elemento de la revelación divina. Por lo tanto, los textos marianos de la Biblia son puntos de referencia confiables.
Los Padres de la Iglesia también recorrieron un camino de descubrimiento de la verdad bíblica sobre María y nos transmitieron los elementos que constituyen la teología mariana en la tradición de la Iglesia, como la antítesis Eva-María, la maternidad divina, la perpetua virginidad, la santidad sublime, la poderosa intercesión, la participación en la realeza de Cristo, entre otros. La tradición de la Iglesia recurrió a fuentes bíblicas para celebrar los eventos centrales de su vida en la liturgia.
Existe la tendencia a afirmar que María es vista como un punto de división entre las diversas confesiones cristianas. Sin embargo, María no divide. Son sus hijos los que se dividen por ella. A menudo, nos dividimos en su respecto. Para el diálogo ecuménico entre las diferentes iglesias sobre María, madre de Jesús, es imperativo volver a la Biblia. La Biblia debería ser nuestro primer punto de referencia para una Mariología ecuménica. La Sagrada Escritura no es, ciertamente, la única fuente de la revelación divina, pero es la fuente principal.
Tipología y exégesis histórico-crítica: los dos métodos para leer los versículos mariológicos
Leer la Sagrada Escritura adecuadamente no es algo fácil. Existen diversos métodos de lectura, y esta variedad es una verdadera riqueza. La hermenéutica bíblica se ha convertido en un arte y una ciencia muy importantes entre los estudiosos de la Biblia. En los últimos 40 años, numerosos exégetas católicos han dedicado sus habilidades a promover el estudio y el conocimiento de la Mariología bíblica. A este respecto, merecen consideración algunas declaraciones realizadas por la Academia Internacional Mariana Pontificia (Madre del Señor, n.º 24) como orientaciones que merecen atención:
En la mariología, el principio de la «unidad de toda la Escritura» puede tener aplicaciones fructíferas, considerándola como un solo Libro, pues un solo es el Autor, uno es el pueblo al que se dirige, y único es el propósito establecido. Este principio permite, por ejemplo, conectar de manera no arbitraria a la Mujer de Génesis 3,15 con la Mujer de Apocalipsis 12,1.Asimismo, destaca la continuidad de la ‘bendición‘ concedida a las mujeres que tuvieron una misión liberadora en Israel: Débora (cf. Jz 5,24), Judite (cf. Jd 15,9.10), María de Nazaret (cf. Lc 1,42). La referencia a la «tradición viva de toda la Iglesia» debe convencer al lector de no pasar por alto, en la investigación mariológica, la exégesis patrística: los Padres de la Iglesia son los fundadores de esta tradición y también son maestros insuperables de una lectura teológica y eclesial, realizada con un auténtico espíritu cristiano y de valor inestimable.Sería conveniente no repetir constantemente, como un estribillo, que la Sagrada Escritura habla poco sobre la Madre del Señor. A este respecto, el Papa Juan Pablo II ya observó que «la Bienaventurada Virgen es […] después del Apóstol Pedro y del Precursor Juan, la figura más citada en los Evangelios canónicos».En el testimonio evangélico sobre la Virgen María, se debe considerar, más que la cantidad, la calidad de los relatos. La narrativa de la Anunciación (Lc 1,26-38), de la Visitación (Lc 1,39-56), de las bodas de Caná (Jo 2,1-12), del mutuo confiamiento del Discípulo a la Madre y de la Madre al Discípulo (Jo 19,25-27) se encuentran entre las páginas más elevadas y densas de los Evangelios.«En la actualidad, los exégetas recurren a una variedad de métodos para abordar la Biblia. Es evidente que esta variedad es legítima, evitando cualquier fundamentalismo, por un lado, no se debe pasar por alto el sentido literal de la Escritura, cuya identificación se ha facilitado en gran medida por el método histórico-crítico, y, por otro lado, no se debe subestimar el carácter singular de la Biblia, como la palabra de Dios inspirada, transmitida en lenguaje humano por muchos autores a lo largo de muchos siglos, recibida por una comunidad de fe, con un propósito teológico (la auto-revelación de Dios) y un propósito salvador (la salvación de la humanidad!). En esta variedad de enfoques, el principio establecido por el Concilio Vaticano II mantiene su valor intacto: la Sagrada Escritura debe leerse e interpretarse con la ayuda del mismo Espíritu por el que fue escrita. Para extraer con precisión el sentido de los textos sagrados, se debe prestar la debida atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura, teniendo en cuenta la tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe.
María en el Antiguo Testamento: prefiguración tipológica, la hija de Sión y el debate exegético
Antes de abordar la pregunta, permítame hacer una introducción. Los evangelistas, al narrar la identidad y misión redentora de Jesús Cristo, también recurren a las Escrituras del Antiguo Testamento. Jesús Resucitado hizo lo mismo al hablar con dos discípulos en Emaús: *»Comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que respecto a él estaba escrito en las Escrituras»* (Lc 24,27).Jesús repitió esto ante todos los discípulos reunidos en Jerusalén, diciendo: *»Os he hablado estas cosas para que se cumpla todo lo escrito de mí en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos»* (Lc 24,44-45). Al igual que la identidad de Jesús fue comprendida en la primera comunidad cristiana a partir del Antiguo Testamento, también es necesario comprender la verdadera identidad de María, sin pasar por alto este texto.¿Qué pasajes del Antiguo Testamento preanuncian implícita o tipológicamente a María? ¿Cómo nos ayuda el Antiguo Testamento a entender la identidad de la madre del Salvador?Diversas mujeres descritas en el Antiguo Testamento prefiguran a María. Por ejemplo: Sara, esposa de Abraham (Gn 16,1-2, 17,3-8, 15-19, 18,10-14, 21,1-7), y Ana, esposa de Elcaná, son mujeres estériles que conciben por obra de Yahvé. En el Magnificat, el evangelista Lucas relaciona el himno de acción de gracias pronunciado por Ana (1Sm 2,1-10) con el misterio de María. En estos y otros casos donde Yahvé interviene en la historia de la salvación de Israel, estas mujeres reflejan la vocación de María.Las mujeres mencionadas en la genealogía de Jesús son cuatro: Tamar, Raabe, Rut y Betsabea (Mt 1,3.5.6). ¿Cuál es la conexión profética y mesiánica entre estas cuatro mujeres y María en su concepción y nacimiento?Existen diversas interpretaciones. Algunos sostienen que María, una mujer humilde y santa, contrasta con estas cuatro mujeres extranjeras que ingresaron a la línea de Jesús, presentadas por Mateo al inicio de su Evangelio como descendientes de David y Abraham. Otros argumentan que estas cuatro mujeres desempeñaron roles beneficiosos importantes en la historia del pueblo de Israel. La peculiar cambio estilístico en Mt 1,16b merece atención. En este versículo, Mateo altera el estilo de la frase estereotipada e inmutable (A generó B, B generó C, etc.).¿Por qué este cambio repentino?Por la naturaleza del nacimiento de Jesús, existe una excepción singular y única. Jesús no tiene un padre humano. María concibió por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18). Esto ilustra cómo el misterio de María debe interpretarse a la luz del Antiguo Testamento.Pasajes como Gen 3,15, Is 7,14 y Miq 5,2 son fundamentales para comprender la vocación de María como Madre del Redentor. El evangelista Mateo hace referencia al texto de Is 7,14 y aclara a sus lectores la virginidad de María. Además, existen tres libros del Antiguo Testamento (Rute, Ester y Judit) que presentan vocaciones femeninas que participan de diversas formas en el plan salvifico de Dios en la historia de Israel. Estas tres mujeres son mediadoras entre Dios y el pueblo de Israel, y son figuras distantes de María, quien fue llamada a cumplir el plan de Dios para la salvación de la humanidad. En momentos de peligro para el pueblo, Dios elige a estas mujeres para salvar vidas. Estas figuras femeninas anticipan y definen la misión de María.Más allá de estos pasajes clásicos, hay numerosas alusiones y referencias a los títulos atribuidos a María: la «sarça ardiente» (Ex 3,2), el «jardín cerrado», la «fuente sellada» (Ct 4,12), la «hija de Sión», la «arca de la alianza», entre otros. Las prefiguraciones de María se encuentran en los siguientes textos: Sara (Gen 17,16-19. 18,10-14), Rebeca (Gen 24,12-16), Miriam (Ex 15,20-21), Ana (1 Sam 1,2-10). Estos pasajes del Antiguo Testamento explican cómo el misterio de Cristo está oculto en el antiguo Pacto, y también cómo el misterio de María, Madre del Redentor, debe ser descubierto e interpretado a la luz del Antiguo Testamento.
María en el Nuevo Testamento: desde la memorización de los textos marianos a la exégesis rigurosa de Mc, Mt-Lc y Jo
Ya conocemos casi de memoria los pasajes neotestamentarios sobre María, ya que los hemos leído o escuchado muchas veces. Ahora, no queremos, ni siquiera podemos, profundizar estos pasajes marianos desde el punto de vista exegético-teológico: queremos simplemente mencionarlos y ofrecer una clave de lectura, presentando brevemente su mensaje espiritual para nosotros hoy.Ausencia de la figura de la madre de Jesús en el corpus paulinoEn el antiguo himno cristológico de Filipenses (2,7), encontramos una mención indirecta a la madre de Jesús: el gesto del Hijo de Dios, que asume la condición humana, ocurre a través del nacimiento de una mujer, que se declara ‘sierva‘ del Señor. La obediencia de Jesús al Padre y la obediencia de María ocurren en el mismo evento de la encarnación. El texto mariano más antiguo del Nuevo Testamento es Gálatas 4,4: «pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley«.A primera vista, este versículo parece referirse a la madre de Jesús de manera indirecta y superficial. Sin embargo, al colocar el texto en su contexto y realizar un análisis exegético-teológico cuidadoso, se entiende que este texto paulino contiene ‘una mariología en germe‘.La mujer, cuyo nombre no se menciona, está completamente al servicio del evento salvífico que involucra a la Trinidad y beneficia a todos los hombres. El tiempo del fin es el tiempo en que el principio divino de nuestra existencia, Jesús Cristo, penetra en ella. La aparición de Jesús Cristo en este eon se basa en el acto del envío y consiste en la encarnación. El Hijo de Dios así enviado se inserta en la naturaleza humana, determinada por la mujer.María en Marcos 3,31-35 y 6,3: la familia de Jesús, los «hermanos del Señor» y el debate exegético
El evangelista Marcos se refiere a María en dos textos: 3,31-35 y 6,3. Estos dos pasajes hablan de la familia de Jesús. La expresión ‘hermanos de Jesús‘ en el Evangelio de Marcos plantea varios problemas. Por ejemplo, los protestantes argumentan que si Jesús tenía hermanos, no podemos creer que María permaneció virgen después del parto. Se cuestiona la virginidad de María. Otro problema planteado es: si Jesús mismo rechazó a María, diciendo ‘¿Quién es mi madre?’, por qué debemos nosotros dar importancia a María?Estas preguntas son superficiales. La palabra ‘adelphoi‘ utilizada por el evangelista no significa necesariamente los hermanos de sangre de Jesús, sino en el lenguaje semítico significa los primos de Jesús. En cuanto a la pregunta de Jesús ¿quién es mi madre?, ¿quiénes son mis hermanos?, Jesús no rechaza de ninguna manera a su madre. Por el contrario, no quiere limitar su relación con ella al nivel biológico, sino que la coloca en un nivel superior: presenta a su madre como aquella que escuchó primero la palabra de Dios y la puso en práctica en su colaboración con Dios para la salvación del mundo.María en Mateo y Lucas: los evangelios de la infancia (Mateo 1–2, Lucas 1–2), la genealogía mateana y Isaías 7,14
En los evangelios de la infancia de Mateo (1–2) y Lucas (1–2), se presenta la genealogía de Jesús según Mateo, que comienza con Abraham y llega hasta Jesús, y la narración del nacimiento de Jesús y su presentación en el templo. El texto de Isaías 7,14 es citado tanto en Mateo como en Lucas como una profecía que se cumple en el nacimiento de Jesús.Estos textos marcan el inicio de la revelación pública de Jesús, destacando su identidad divina y su misión salvadora.Los primeros capítulos de Mateo y los dos primeros capítulos de Lucas son muy importantes para comprender la verdadera identidad y misión de María, madre de Jesús. Estos evangelistas solo mencionan la infancia de Jesús, por lo que se les denomina «evangelios de la infancia». Mateo inicia su evangelio con la genealogía. María se relaciona con cuatro mujeres en la lista genealógica y demuestra cómo concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo. Invocando Is 7,14, Mateo resalta la virginidad de María. En el relato mateano de la infancia de Jesús, María es una mujer obediente, silenciosa y cumple las órdenes del Padre celestial. La parte narrativa del segundo capítulo, la adoración de los magos, ofrece una clara imagen de María como reina: porque su Hijo Jesús es adorado como el Rey que salvará a toda la humanidad (Mt 2,1).
Entre los sinópticos, Lucas es el evangelista que ofrece una visión más histórica y detallada de la vida de María en referencia a la infancia de Jesús en los dos primeros capítulos de su evangelio: la Anunciación, la Visitación, el Magnificat, el nacimiento de Jesús, la presentación de Jesús en el templo, el anuncio profético de las dolores de María, Jesús adolescente encontrado en el templo de Jerusalén. Lucas también habla de María en los Hechos de los Apóstoles (1,14). María ora con los apóstoles en el cenáculo.
«La madre de Jesús» en Juan: ausencia del nombre propio en Jn 2,1-11 y Jn 19,25-27 y el debate exegético juanino
Juan nunca escribe el nombre de María en su Evangelio. Siempre la llama con la expresión «la madre de Jesús». Los dos fragmentos marianos del Evangelio de Juan son: el primer signo de Jesús en las bodas de Caná (2,1-12) y María a los pies de la cruz en el Gólgota (19,25-27). Jesús llama a su madre «mujer» en estos pasajes. Esto resuena con la mujer de Génesis 3,15. Se puede conectar la palabra «mujer» del Evangelio con la «mujer» del Apocalipsis 12. La teología mariana del evangelista Juan es rica y densa. Algunos exégetas interpretan a la «mujer» del Apocalipsis como la Iglesia perseguida de Asia Menor, otros ven la imagen de María en esta «mujer». Ambas interpretaciones (eclesiológica y mariológica) no son exclusivas ni incompatibles, sino complementarias. Una interpretación enriquece a la otra.
Algunos exégetas sostienen que Jn 1,13, leído con el verbo en singular (fue engendrado, no fueron engendrados), alude a la concepción y el parto virginales de Jesús, en consecuencia de la virginidad de María. Todos los manuscritos antiguos leen este versículo en plural, es decir, se refieren al nacimiento bautismal de los fieles. Sin embargo, el testimonio de algunos Padres de la Iglesia (latinos y orientales) a favor de la lectura del versículo en singular es más antiguo que los manuscritos que poseemos hoy. La cuestión de la crítica textual de este verbo sigue abierta al debate.
La lectura bíblica de María encuentra una síntesis magistral en la encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II, que recorre los grandes textos del Antiguo y Nuevo Testamento para revelar el rostro de María en la Escritura.
Podemos afirmar que la Sagrada Escritura nos ofrece el testimonio más fiable sobre la persona y misión de María, la madre de Jesús. Se dice que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo. Esto implica que la ignorancia de la Escritura también es la ignorancia de María. Leamos, pues, la Biblia con reverencia y devoción, pero con métodos adecuados. Así podremos conocer mejor a María y seguir sus pasos, cumpliendo la voluntad de Dios.
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