[Oración] Nuestra Señora Virgen de los tiempos

[Oração] Santa Maria Virgem do tempo

Nuestra Señora, Virgen de la Mañana

Concédenos la alegría de intuir, incluso entre las muchas nieblas del alba, las esperanzas de un nuevo día. Inspíranos palabras de valor.

Santa Maria Virgem do Tempo: oração às horas do dia, manhã, meio-dia, entardecer e noiteNo permitas que nuestra voz tiemble cuando, a pesar de tantas maldades y pecados que envejecen al mundo, osemos anunciar que vendrán días mejores.No dejes que en nuestros labios prevalezca el lamento sobre la maravilla, que la desanimación se imponga a la diligencia, que el escepticismo aplaste el entusiasmo, y que el peso del pasado nos impida confiar en el futuro.Ayúdanos a apostar con más audacia por los jóvenes y preserva a los padres de la tentación de halagarlos con la astucia de palabras vacías, conscientes de que solo a través de nuestras elecciones de autenticidad y coherencia estarán dispuestos a dejarse encantar nuevamente.Multiplica nuestras energías para que sepamos invertirlas en la única empresa aún rentable en el mercado de la civilización: prevenir a las nuevas generaciones contra los males atroces que hoy sofocan la tierra. Da a nuestras voces el ritmo de los aleluyas pascales.Humedece los desiertos de nuestra realidad con sueños. Haznos cultivadores de las cálidas utopías cuyas grietas dejen filtrar la esperanza sobre el mundo.Ayúdanos a comprender que señalar los brotes que surgen en los ramos vale más que lamentar las hojas que caen.E infúndenos la certeza de quien ya ve el oriente incendiarse con los primeros rayos del sol.Santa María, Virgen del mediodíaDanos la embriaguez de la luz. Ya hemos experimentado demasiado el apagarse de nuestras linternas, el declive de las ideologías de poder y la alargarse de las sombras crepusculares en los estrechos caminos de la tierra, para extrañar el sol del mediodía.Arranca de nuestra desolación de desamparo e inspira nuestra humildad en la búsqueda. Sacia nuestra sed de gracia en la concha de tu mano.Recuérdanos a la fe que otra Madre, pobre y buena como tú, nos transmitió cuando éramos niños y que tal vez un día intentamos vender en parte por una miserable porción de lentejas.Tú, mendiga del Espíritu, llena nuestras ánforas con el aceite destinado a arder ante Dios: ya hemos quemado demasiado ante los ídolos del desierto.Haznos capaces de abandonos sobrehumanos en Dios. Modera nuestro orgullo carnal.Que la luz de la fe, incluso cuando toma tonos de denuncia profética, no nos convierta en arrogantes o presumidos, sino que nos conceda la alegría de la tolerancia y la comprensión.Por encima de todo, libranos de la tragedia de que nuestra creencia en Dios permanezca ajena a las elecciones concretas de cada momento, sean públicas o privadas, y corra el riesgo de nunca convertirse en carne y sangre en el altar de la vida cotidiana.Santa María, Virgen del atardecerMadre de la hora en que se regresa a casa, y se saborea la alegría de ser recibido por alguien, y se vive la felicidad indescriptible de sentarse a la mesa con los demás, nos concede el don de la comunión.Te lo pedimos por nuestra Iglesia, que también parece no estar ajena a las tentaciones de la fragmentación, el parroquialismo y el cierre dentro de los límites marcados por la sombra del campanario.Te lo pedimos por nuestra ciudad, que tantas veces el espíritu de división transforma en tierra disputada, y que a veces parece convertirse en tierra de nadie.Te lo pedimos por nuestras familias, para que el diálogo, el amor crucificado y la serena vivencia de los afectos domésticos las conviertan en lugares privilegiados de crecimiento cristiano y civil.Te lo pedimos por todos nosotros, para que, alejados de las excomuniones del egoísmo y el aislamiento, siempre estemos al lado de la vida, dondequiera que nazca, crezca o muera.Te lo pedimos por el mundo entero, para que la solidaridad entre los pueblos no sea más vivida como una de las tantas obligaciones morales, sino redescubierta como el único imperativo ético sobre el que fundar la convivencia humana.Y que los pobres puedan sentarse, con igual dignidad, a la mesa de todos.Y que la paz se convierta en la meta de nuestros compromisos diarios.Santa María, Virgen de la nocheSuplicamos que estés cerca de nosotros cuando el dolor nos amenaza, cuando la prueba irrumpe, cuando el viento del desespero silba y el cielo negro de las angustias, el frío de las desilusiones o la sombra severa de la muerte planea sobre nuestra existencia. Libranos de los escalofríos de la oscuridad.En la hora de nuestro Calvario, tú, que experimentaste el eclipse del sol, extiende tu manto sobre nosotros, para que, envueltos por tu aliento, la larga espera por la libertad sea más soportable.Acuarela con tus caricias de madre el sufrimiento de los enfermos. Llena de presencias amigas y discretas el amargo tiempo de quienes están solos.Apacigua la nostalgia en el corazón de los navegantes y ofrece tu hombro para que allí descansen sus cabezas.Preserva de todo mal a nuestros seres queridos que luchan en tierras lejanas y consuela, con el conmovedor brillo de tus ojos, a aquellos que han perdido la confianza en la vida.Canta hoy aún el Magnificat y anuncia olas de justicia desbordantes a todos los oprimidos de la tierra. No nos dejes solos en la noche salmodiando nuestros miedos.Por el contrario, si te colocas a nuestro lado en los momentos de oscuridad y nos susurras que también tú, Virgen del Adviento, estás esperando la luz, las fuentes de nuestras lágrimas secarán en nuestro rostro.Y juntos despertaremos la aurora. Así sea.Venerable D. António Bello (f. 1993)Lectura recomendada: Marialis Cultus (Pablo VI), exhortación apostólica sobre la devoción mariana.

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