María en la Resurrección del Señor

Maria na Ressurreição do Senhor
# María en la Resurrección del SeñorEl tema es la alegría que brota de la resurrección de Cristo. Todo el misterio celebrado resalta esta dimensión con diversos matices. El «Aleluya» de la resurrección adopta la forma definitiva del «Kaire» (Aleluya) de la concepción de Cristo.Las lecturas relatan el alegre anuncio de la resurrección (Mt 28,1-10), que se concretizará definitivamente en la Nueva Jerusalén (Ap 21,1-5). Mientras tanto, la Virgen es admirada como «la ciudad de Dios en la que habita la justicia»: después de haber soportado las dolores de su Hijo hasta la cruz, ahora se alegra con una serenidad suprema.Desde esta perspectiva, la Iglesia, reunida en la jubilosa memoria de la Virgen, recuerda la resurrección del Hijo que restauró la alegría al mundo entero, llenó el corazón de la Madre de una alegría inenarrable, permitió a la Iglesia naciente contemplar a su Señor con temblorosa exultación, y ahora, con el paso del tiempo, guía a sus fieles hacia la posesión de la alegría eterna.Es una alegría que surge del misterio pascual y se extiende en tres momentos:**En primer lugar, en la Virgen María**, quien, después de compartir el inmenso dolor de su Hijo cuando «el Cordero sin mancha se ofreció por nosotros» en la cruz, en la resurrección de Cristo estaba llena de «alegría inefable». Por ello, la Iglesia canta: «Alegraos, Virgen Madre», y la saluda como «Madre de la luz».

En segundo lugar en la Iglesia: en la Iglesia naciente, en primer lugar, que contempló con ansiosa exultación el rostro glorioso de su Señor inmortal. Y, en segundo lugar, en la Iglesia de cada época y lugar que, fortalecida por su propia fe en María, puede ser guiada hacia la posesión de la alegría eterna para disfrutar de la alegría de la vida sin fin.

En tercer lugar en todo el mundo: el cual, confiado a las manos laboriosas del hombre y destinado a la transformación final, en la gloriosa resurrección del Hijo, fue inundado con una alegre luz.

La ejemplaridad de la Virgen María es también misterio celebrado sobre todo en tres ámbitos.

La resurrección de Cristo es una maravillosa exaltación de la fe de María: porque creyó y concibió y porque creyó luego esperó la resurrección. La vida de la Iglesia, llamada a generar a Cristo en el corazón de los fieles, debe ser modelada en esta misma dimensión, esperando el día radiante en que, una vez que las sombras de la muerte hayan desaparecido, la redención de Cristo habrá alcanzado a toda la creación.

La actitud con la que María esperó valientemente la victoria pascual se convierte en ejemplar para la Iglesia de todos los tiempos y lugares. Por eso los fieles, participando en la celebración memorial de Pascua, piden: la confirmación en nosotros del don de la verdadera fe, para llevar a cabo el misterio de Pascua en la vida y en las realidades creadas.

La invitación que la Iglesia hace a María: «Alegraos (laetare es la misma que se repite a la comunidad cristiana a lo largo de su camino: como María, también la Iglesia se alegra en la vida de fe de sus hijos que reconocen en Cristo Dios hombre, el Hijo de la Virgen, e invocan el poder de su resurrección para ser guiados hacia la posesión de la alegría eterna.

La alegría de María en la Resurrección se subraya por Pablo VI en la Exhortación Apostólica Marialis Cultus que presenta a María como modelo de fe y esperanza pascales para toda la Iglesia.

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