María acompaña al sacerdote durante el servicio.

La presencia de María en el culto de la Iglesia nos introduce a una espiritualidad de servicio.
Se repite varias veces que «la Iglesia es una Iglesia servidora y pobre, donde la autoridad es servicio».
Sin embargo, la principal tentación del sacerdote a lo largo de los tiempos ha sido tal vez seguir los modelos de la sociedad sometida al pecado, que ve la autoridad como dominio, en lugar del modelo de Cristo que es pastor y siervo.
Se observa una evolución al respecto: durante la Edad Media, el sacerdote estaba totalmente integrado con el pueblo de Dios, hasta el punto de imitarlo en sus vicios e ignorancia. Después del Concilio de Trento se recordó la dignidad del presbítero y su poder, por lo que el presbítero se vuelve gradualmente el reverendo, es decir, aquel que debe ser respetado, pero más difícilmente aquel que debe servir.
No obstante, precisamente en la época de la Reforma Católica, se unió el pensamiento sobre la dignidad del sacerdote con el voto de esclavitud mariana de todos los miembros de la Iglesia. Poco a poco, este sentido de servicio fue desapareciendo y hoy necesitamos recuperarlo. La Virgen María, que destaca entre «los pobres» [anawim] del Señor del Antiguo Testamento, introduce precisamente esta mentalidad de servicio. Dos veces ella se definió como la sierva del Señor (Lc 1,38 y 48), de hecho, es la única mujer en el Nuevo Testamento llamada así.
Este servicio no es algo deprimente de la personalidad ni privación de personalidad, como puede parecer ante el significado cultural de moda hoy. En la Sagrada Escritura, *servo de Dios* significa tener la honra de participar del diseño de la salvación con una misión particular. Precisamente por eso María es la *bienaventurada*: mientras la maldición la separa del pueblo de Dios y de la herencia de las promesas, la bendición de María la inserta en el contexto de la historia de la salvación como colaboradora.En *serva del Señor* convergen los elementos más importantes de la espiritualidad del servicio: *llamado* o *elección*, *misión*, *respuesta*. María es elegida por Dios por iniciativa de su amor, por lo que el sacerdote no puede asumir su tarea sin el *llamado de la serva del Señor*. Así como la maternidad divina no impide que María se defina como *la serva del Señor*, así la distinción entre fieles y sacerdotes ministeriales no eleva a estos últimos a la categoría de gobernantes (cf. 1 Pe 5,3 *«no actúen como dominadores sobre los que les han sido confiados, sino como ejemplos para el rebaño»*), sino que los designa al servicio de la fe elegida (cf. Tt 1,1 *«Pablo, servo de Dios y apóstol de Jesús Cristo, según la fe de los elegidos de Dios y el conocimiento de la verdad, que es según la piedad»*).Sobre todo, María indica al sacerdote las implicaciones de la espiritualidad del servicio:– disponibilidad absoluta o necesidad de un sí total a Dios. – pobreza radical de quien se sabe sirviente inútil, trabajando en la pura bondad del Señor (cf. Lc 17,10 *«así también vosotros, cuando hagáis todo lo que os sea mandado, decid: Somos siervos inútiles, porque solo hemos hecho lo que debíamos hacer»*). – sufrimiento y total abnegación para entrar en los intereses del Señor (Lc 12,37 *«bienaventurados aquellos siervos a quienes el Señor encuentre vigilando; ciertamente les dirá: Venid y tomad posesión de vuestro lugar junto a la mesa»*; Act 20,19 *«servid al Señor con toda humildad y lágrimas, soportando duramente las conspiraciones de los judíos»*). – colaboración o empeño de los recursos de su propio ser en el servicio designado.*La maternidad divina aparece como un carisma*, es decir, un don para el servicio, o mejor dicho, el servicio fundamental prestado a la Iglesia.Para profundizar en el tema de María y el sacerdocio, consulte la encíclica *Redemptoris Mater* de Juan Pablo II, sobre María como Madre de la Iglesia y modelo de servicio.**Profundice sus estudios:** explore *Mariología*, *Teología mariana*, *Apariciones marianas* y la *Pós-Grado en Mariología*.Posgrado en Mariología
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