# Mariología: María, la oveja que «oía la voz» del pastor«Las mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen» (Jo 10,27). En el capítulo 10 de Juan, Jesús se presenta como el Buen Pastor, una de las imágenes más ricas del Nuevo Testamento. El Pastor que da su vida por las ovejas, que las conoce por nombre, cuya voz reconocen, revela la intimidad del conocimiento mutuo entre el Hijo y sus. La mariología encuentra en esta imagen un lugar privilegiado: María es, en la tradición, la oveja que más profundamente «oyó la voz» del Pastor y siguió fielmente a su lado.## I. El Buen Pastor: estructura y horizonte teológico de Jo 10Jo 10 se organiza en torno a dos imágenes complementarias: el Pastor y la Puerta. Jesús es simultáneamente el Pastor que guía a las ovejas (Jo 10,11-18) y la Puerta por la que entran las ovejas (Jo 10,7-10). La combinación de ambas imágenes es deliberada; el mismo Jesús que protege y conduce es también el único acceso a la vida. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jo 10,10), esta promesa define el objetivo de la misión del Buen Pastor.El contraste con el «assalariado» y el «ladrón y bandido» (Jo 10,1-2) es revelador. El assalariado huye cuando aparece el lobo: no da la vida por las ovejas porque no son suyas. El Pastor verdadero se queda: «El Buen Pastor da su vida por sus ovejas» (Jo 10,11). Este «dar la vida» (
tithênai tên psychên) es el gesto de máxima entrega, asociado en Juan a la muerte voluntaria de Jesús en la Cruz (cfr. Jo 15,13). El Buen Pastor es reconocible por esta entrega total.El «conocimiento» mutuo entre el Pastor y las ovejas, «Yo conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen» (Jo 10,14), va más allá del reconocimiento externo. El verbo
ginoskein en Juan tiene una profundidad semántica: se trata de un conocimiento de una relación personal, de un compromiso íntimo que abarca a toda la persona. Este «conocimiento» encuentra su fundamento en el conocimiento intratrinitario: «como el Padre me conoce y yo conozco al Padre» (Jo 10,15). El conocimiento que une al Pastor con las ovejas es participación en el conocimiento que une al Hijo con el Padre.La promesa escatológica de Jo 10,27-28 da al tema pastoral una dimensión de eternidad: «Yo les doy la vida eterna y nunca serán consumidas, y nadie las arrebatará de mi mano». Las ovejas del Pastor no solo están protegidas en el presente, sino que tienen una seguridad escatológica absoluta. La «mano» del Padre y la «mano» del Hijo (Jo 10,28-29) forman un refugio invulnerable donde las ovejas descansan para siempre.## II. María, la oveja que «oía la voz» del pastorJo 10,27 describe tres verbos en presente: «oían», «conozco» y «seguían», que describen una relación permanente y viva. La oveja del Buen Pastor no es una seguidora ocasional, sino alguien cuyo estado habitual es oír la voz del Pastor y seguirle a su lado. María, en la tradición, encarna esta imagen de manera excepcional.## III. Dimensiones teológicas de la Asunción de MaríaJo 10,28-29: «Nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me ha dado todo, es mayor que todos, y nadie puede arrebatarles nada». Esta promesa de seguridad escatológica absoluta, «la mano del Hijo» y «la mano del Padre», encuentra su realización más plena en la Asunción de María.La definición dogmática de la Asunción (Pio XII, *Munificentissimus Deus*, 1950) afirma que María, habiendo completado su vida terrenal, fue asumida en cuerpo y alma a la gloria del Cielo. Esta formulación cuidadosa no se pronuncia sobre las modalidades, si María murió o no, pero afirma el hecho: María está ahora completamente en «la mano del Padre y del Hijo», completamente a salvo de la corrupción y la muerte definitiva.La Asunción es así la confirmación última de la promesa del Buen Pastor: «Nadie las arrebatará de mi mano». María, la oveja más fiel, que nunca huyó incluso cuando el lobo atacó, recibió el cumplimiento definitivo de la promesa. Ella descansa ahora en el redil eterno, donde no hay amenaza de lobo, donde el Pastor guía a sus ovejas «a fuentes de agua viva» (Ap 7,17).El ícono de la Dormición muestra a María recostada en paz, rodeada por los Apóstoles, mientras Jesús, el Buen Pastor, sostiene su alma representada como un niño. La imagen capta teológicamente lo esencial: María, la oveja fiel, descansa en la mano del Pastor que la conoció y la guió a lo largo de toda su vida. La promesa de Jo 10,28 tiene un rostro, un nombre, una historia: se llama María de Nazaret.## Referencias– Juan Pablo II, *Redemptoris Mater* (1987).
– Pio XII, *Munificentissimus Deus* (1950).
– Groupe des Dombes, *Marie dans le dessein de Dieu* (1998).
– C. Spicq, *Agapè dans le Nouveau Testament*, vol. III.
– X. Léon-Dufour, *Lecture de l’Évangile selon Jean*, vol. II (1990).
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