¿Quién cree en mí?: María y la fe que ilumina el mundo

Qui credit in me: Maria e a fé que ilumina o mundo
## Mariología: La fe en María a la luz de Jo 12,44**I. La fe como relación: creer «en» y no solo «que»**El griego joánico para «creer en», *pisteuein eis*, significa literalmente «creer hacia adentro», un concepto que va más allá del simple asentimiento intelectual a una proposición. La fe joánica es un acto de entrega personal a otro, una «entrada» en la relación con Cristo que abarca toda la existencia. Este uso de *eis*, «hacia adentro», es característico de Juan y revela la dimensión mística de la fe: no solo «saber» que Jesús es Hijo de Dios, sino «vivir dentro» de la relación con él.Jo 12,44-46 coloca esta fe en un contexto luminoso: «Yo he venido como luz para el mundo, para que todo aquel que crea en mí no quede en las tinieblas». La fe en Jesús es un paso de la oscuridad a la luz, una metáfora cosmológica que Juan utiliza para describir la transformación existencial producida por la adhesión al Hijo. Quien cree no solo «sabe» más, «es» diferente: está iluminado desde adentro, guiado por una luz que no proviene de sí mismo, sino de Cristo.Esta dimensión de la fe como iluminación tiene profunda resonancia en la tradición contemplativa cristiana. La «noche oscura», de la que habla San Juan de la Cruz, no es la ausencia de fe, sino la purificación de la fe de todo lo que sea adhesión superficial, sentimentalismo o comodidad. La fe purificada es aquella que «creer hacia adentro» de Jesús, incluso cuando él parece ausente, incluso cuando la luz se convierte en oscuridad y la consolación en aridez.María, al decir «sí» en la Anunciación y permanecer junto a la Cruz, vivió lo que la mística describe como «fe nua», adhesión al Hijo sin el confort que él trae, pero sí con la identidad divina que posee. Su creer «hacia adentro» de Jesús cruzó las tinieblas sin vacilar. Por ello, la tradición la llama «Virgen de la Fe», no de una fe fácil, sino de una fe probada.**II. «No crees en mí, sino en aquel que me envió»: la dimensión trinitaria de la fe**Jo 12,44 afirma que creer en Jesús es creer en el Padre: la fe en el Hijo está inseparablemente unida a la fe en quien lo envió. Esta afirmación tiene una clara estructura trinitaria: la fe cristiana no se dirige a Jesús como a una divinidad autónoma y separada del Padre, sino al Hijo mientras Hijo, es decir, en su relación constitutiva con el Padre. La misión («que me envió») es la clave de esta relación: Jesús viene del Padre, revela al Padre, conduce al Padre.La teología trinitaria ha formulado este punto con el principio de *circumincessión* o *perichoresis*: las tres Personas divinas viven una «dentro» de la otra, en una interpenetración de ser y amor que es la vida intratrinitaria. Quien «entra» en relación con el Hijo, entra al mismo tiempo en relación con el Padre y con el Espíritu Santo. La fe cristiana es estructuralmente trinitaria: comienza con la adhesión a Jesús, pero esta fe conduce inevitablemente al Padre.**III. María, guía hacia la Luz del Hijo**La devoción mariana auténtica tiene siempre esta estructura: se orienta hacia la Luz, no se detiene en la aurora. Quien dice «Salve Estrella del Mar» reconoce que la estrella no es el destino, sino el guía. En la tradición litúrgica, María es la «Aurora» que precede y anuncia al Sol de Justicia, Cristo. Antes de Cristo aparecer, María «apareció». Antes de la Luz plena, brilló la aurora.La devoción a la Madre Misericordiae refleja la asociación de María con la misión misericordiosa del Hijo. Ella, que intercede por los pecadores junto al Hijo, no lo hace como un juez severo, sino como una participante en su misión de salvación. El *Stabat Mater* y el *Salve Regina*, expresiones de esta devoción medieval, transmiten con fuerza emotiva la fe en María como colaboradora en la obra salvífica del Hijo.**IV. La iluminación de la fe en María**La iluminación de la fe, asociada a Jo 12,44-46, encuentra en María su expresión más plena entre las criaturas. Ella, iluminada por el Espíritu en la Anunciación y viviendo toda su vida orientada por esta Luz, participa ahora de la gloria del Hijo resucitado. La Iglesia pide en oración que «nos ilumine nuestras tinieblas», y en María encuentra la promesa de que es posible: una criatura humana puede ser plenamente iluminada por el Hijo que el Padre envió.**Referencias:**– San Luis María de Montfort, *Tratado de la Verdadera Devoción*, nn. 45-50. – Juan Pablo II, *Redemptoris Mater* (1987), nn. 12-19. – R. Schnackenburg, *El Evangelio según San Juan*, vol. II (1980). – A. Serra, *Sapientia et Contemplatio de Maria* (1990). – H. U. von Balthasar, *Maria für heute* (1987).

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