Felices los pobres en espíritu: así en Mateo 5, 3, 1 Corintios 1 y las bienaventuranzas.

**Beatos los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.** (Mateo 5,3)En el cuarto domingo del Tiempo Común del Año A, se articulan tres textos que giran en torno a la bienaventuranza de los pobres y humildes como destinatarios privilegiados del Reino. Sofonías 2,3 y 3,12-13 insta a buscar la humildad y anuncia al pueblo humilde y pobre que Dios reservará para sí. 1 Corintios 1,26-31 proclama que Dios eligió lo débil, lo insensato y lo despreciado para confundir a los sabios y poderosos, y que nadie se gloríe ante Dios. Mateo 5,1-12a proclama las bienaventuranzas: los pobres de espíritu, los mansos, los misericordiosos, los puros de corazón, los pacificadores, los perseguidos por la justicia, son los bienaventurados del Reino. Los tres textos describen la lógica invertida de Dios: los primeros son los últimos, los despreciados son los elegidos, los pobres heredan el Reino.**I. La primera lectura: Sofonías 2,3 y 3,12-13**Sofonías invita a los humildes de la tierra a buscar al Señor: «Buscad al Señor, todos vosotros, los humildes de la tierra, que seguís sus mandamientos. Buscad la justicia, buscad la humildad» (Sof 2,3). Y anuncia lo que Dios reservará después del juicio: «En medio de ti dejaré un pueblo humilde y pobre, que confiará en el nombre del Señor» (Sof 3,12). El resto de Israel no serán los ricos, los poderosos, los hábiles diplomáticamente; será el pueblo que confía en el nombre del Señor, que no comete injusticias, que no miente, que no tiene lengua engañosa (v.13). Sofonías anticipa las bienaventuras: el pueblo que hereda la promesa no se define por el poder o el saber, sino por la relación de confianza y fidelidad a Dios. El término hebreo «anawim», los pobres, los humildes, los dependientes de Dios, describe exactamente a quienes Sofonías anuncia como destinatarios de la promesa.**II. La segunda lectura: 1 Corintios 1,26-31**Pablo invita a los corintios a considerar su propia composición social: «Miren, hermanos, a su vocación: no hay entre ustedes muchos sabios según la carne, ni poderosos, ni de noble ascendencia» (1 Cor 1,26). Y el principio divino: «Dios eligió lo que en el mundo es estúpido para confundir a los sabios; Dios eligió lo que es débil para confundir a los fuertes; Dios eligió lo que es insignificante y despreciado según el mundo, para reducir a nada lo que es» (vv.27-28). La razón: «Para que ninguna criatura se gloríe ante Dios» (v.29). La única gloria legítima es la de quien se gloría en el Señor (v.31, citando Jeremías 9,22-23). Pablo articula el paradoja de las bienaventuras en lenguaje sociológico: la comunidad cristiana es la encarnación de la lógica de las bienaventuras, donde los sin poder son los elegidos y los poderosos son los confundidos.**III. El evangelio: Mateo 5,1-12a**

Jesús asciende al monte, en Mateo el monte es el lugar de la nueva Ley, y proclama las Bienaventurancias. «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra» (v.5). «Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (v.7). «Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios» (v.8). «Bienaventurados los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (v.9). «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (v.10). Y la bienaventuranza personal, dirigida a los discípulos: «Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y digan todo tipo de mal contra vosotros por mi causa» (v.11). Las Bienaventuranzas no son una lista de virtudes para practicar: son la descripción de la vida de aquellos que, al estar del lado de Dios, se colocan en el lado equivocado del poder humano. Son el auto-retrato de Jesús y el programa del discípulo.

IV. María y las Bienaventuranzas

La tradición teológica ha reconocido en María el ícono más perfecto de las Bienaventuranzas. Pobre en espíritu: el Magnifico comienza con el reconocimiento de su propia humildad, «he visto la humildad de tu sierva» (Lc 1,48). El término griego «tapeinosis» es exactamente el que Sofonías usa para el pueblo que Dios reserva. María, individualmente, es el «pueblo humilde y pobre» de So 3,12: el que confía en el nombre del Señor, sin injusticia en sus labios. 1 Corintios 1 dice que Dios eligió lo que no era nada para reducir a nada lo que era: María, una joven de Nazaret sin nombre ni posición, fue elegida para ser Madre del Hijo de Dios, el acto más grande de inversión de la lógica humana registrado en la Biblia. Mansedumbre: toda la vida de María en Nazaret es el cumplimiento de «bienaventurados los mansos». Misericordia: su intercesión en Caná, su presencia al pie de la Cruz y su maternidad espiritual de la Iglesia son actos de misericordia por excelencia. Pura de corazón: la Inmaculada Concepción es el grado más alto de pureza de corazón, la transparencia total a Dios que no tiene sombra de pecado. Constructora de la paz: María en el Cenáculo con los apóstoles (Act 1,14) es la figura de la paz que une a una comunidad dividida. Las Bienaventuranzas son el programa de Jesús. María las vivió antes de oírlas.

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