Fuentes históricas sobre María: Biblia y apócrifos

El problema de las fuentes sobre María de Nazaret es anterior al de las fuentes sobre Jesús mismo: los Evangelios canónicos ofrecen información limitada y teológicamente intencional. Los textos apócrifos, como el *Protoevangelio de Santiago*, llenan el silencio con narrativas elaboradas en el siglo II. Este artículo examina críticamente cada una de estas fuentes, bíblicas, apócrifas y extrabíblicas, distinguiendo lo que pertenece a la historia de lo que pertenece a la teología, para una comprensión metodológicamente sólida de la figura histórica de María de Nazaret.
La investigación sobre el Jesús histórico puede y debe ir acompañada de un estudio paralelo sobre los personajes principales de su vida, pues nadie vive solo en la historia. Especialmente, se debe prestar una atención especial a María, la Madre de Jesús, que ha sido recientemente definida como la mujer más importante y de mayor éxito en la historia humana. Su presencia aún hoy es efectiva en las artes, la literatura, la cultura alta y popular, y hasta en fenómenos sobrenaturales, haciéndola extraordinariamente actual.
Para María, al igual que para su Hijo, es posible rastrear las circunstancias concretas de su existencia a través del mismo método histórico, partiendo del supuesto de que la figura de María es, después de Jesús, la más importante para la fundación del Cristianismo. De hecho, los mitos fundadores del Cristianismo, o los relatos que están en la base de su existencia, entendiendo la palabra mito como un evento paradigmático, histórico o no, tienen casi siempre como protagonistas al Hijo y a la Madre (la Encarnación, el Nacimiento y el ciclo de la Infancia, los inicios de la Vida Pública, la Pasión, la Muerte, la Resurrección, la Ascensión, o el Pentecostés) o presumen un papel de ella (la Asunción), mientras que otros, aunque extrabíblicos, se refieren exclusivamente a la vida de la Madre (como la Asunción).
Jesús y María están íntimamente vinculados en el nacimiento del Cristianismo, como artífices de todos sus paradigmas fundamentales, es decir, de aquellos hechos que revelan las verdades-cátedras de la Fe y orientan el comportamiento de sus seguidores. Es erróneo decir que Pablo fue el más importante después de Jesús para el nacimiento del Cristianismo: en una religión histórica, la primacía no pertenece a quien difunde el mensaje ni a quien lo desarrolla, sino a quien lo revela, encarnándolo en su existencia. Esto lo hacen Jesús y María.
Por otro lado, la vida del Hijo y de la Madre, dejada bajo la luz de los dogmas, corre el riesgo de desvanecerse en el docetismo y, implícitamente, de despojar a los propios dogmas fundamentales de su esencia. La investigación es necesaria y, en el estado actual del conocimiento sobre Jesús histórico, es más fácil y rica en elementos, más allá de las nieblas de la desmitificación del siglo pasado.
Se puede decir que, para la Madre, al igual que para el Hijo, se han seguido los mismos caminos de investigación, aunque con menor intensidad: de figura mítica a legendaria en la cultura académica. María es la judía del primer siglo sobre la que más sabemos. Primero distinguimos a la Bienaventurada Virgen de la fe de María histórica, para luego acercarnos a esta última con cautela, hasta abordar su problemática histórica con gran fluidez, gracias a la vasta cantidad de fuentes disponibles.
Fuentes bíblicas: el silencio de Marcos, los relatos de Lucas (Lc 1-2) y la presencia de María en los escritos joánicos
Sobre María, madre de Jesús, contamos con una rica tipología de fuentes: bíblicas, apócrifas, panegíricas, títicas, profanas y postbíblicas. Comenzando por las fuentes bíblicas, consideramos adquiridas las informaciones relativas a la datación de los Evangelios y a su composición, que ya defendí y argumenté en otros trabajos, así como en lo que respecta a su armonización y análisis en apoyo a su historicidad, incluyendo los relatos de la partenogénesis de Cristo. De esta forma, evitaremos sobrecargar esta análisis con datos ya conocidos.
Identificamos tres fuentes bíblicas principales, agrupadas en dos tipos, a las que relacionamos algunas apócrifas y postbíblicas, es decir, patrísticas, de naturaleza semejante. La primera es el midrash pestre de los Evangelios de la Infancia. Fue, originalmente, una composición judía muy arcaica, pero al mismo tiempo muy diferente de las similares de la tradición judía. El texto original de la Infancia de Jesús, escrito con base en el testimonio de María y de personas muy cercanas a ella, anterior a los Evangelios canónicos e incluido en el Evangelio primitivo usado para la predicación, a diferencia de los midrashim judíos, no crea relatos adornados alrededor de pasajes bíblicos, sino que busca pasajes bíblicos que sustenten los relatos. Este proceso inverso, a través de sucesivas reelaboraciones, desarrolló una investigación teológica y existencial libre y vivida, conservó un núcleo histórico con la relativa ambientación geográfica y cultural, captó alusiones secundarias a temas culturales judíos implícitos en los hechos y en su significado, explicitó referencias filológicas y proféticas, y enseñó a través de una tematicización edificante de la palabra divina, convirtiéndose también en un midrash talmúdico.
En esta tipología, primero tenemos el Evangelio de Mateo, por ser cronológicamente el primero, que, sin embargo, hace una selección rígida de los hechos disponibles en la memoria transmitida oralmente o por escrito. Las noticias históricas que transmite son la descendencia davídica de Jesús, y por lo tanto la inserción de María en el clan de los descendientes del antiguo rey, así como su partenogénesis. Complementando esto, nos informa de que la Sagrada Familia tuvo casa y domicilio en Belén y que tuvo que abandonarla debido a las persecuciones de Herodes, huyendo a las florecientes comunidades judías del Egipto. De allí, se trasladaron a Nazaret para escapar a la potencial amenaza de Arquelau.
Siguiendo a Mateo, el autor de la Ascensión de Isaías, en la primera mitad del siglo II, compuso un midrash que quería demostrar la virginidad perpetua de María, transmitiendo otros datos históricos, como la admisión por los habitantes de Belén de la misteriosa origen de Jesús. Los textos postbíblicos de derivación mateana salieron de la pluma de importantes Padres durante varios siglos. Ignacio de Antioquia atestigua la reserva que rodeó, por motivos comprensibles que él lee en cautiverio sobrenatural, los eventos de la concepción de Jesús por María, que él afilia a la Casa de David.
Justino también testifica que María, evidentemente por parte materna, siendo prima de un sacerdote y, por lo tanto, de la tribu de Leví, era de la descendencia davídica, justificando así el matrimonio endogámico con el davídico José. Tertuliano afirma que ella nació en Belén, información que transmitió a Juan Crisóstomo y a Clemente de Alejandría.
El Evangelio de Lucas (Lc 1-2): la fuente de los «Pobres de Dios» y los relatos de la infancia
La segunda fuente bíblica es el Evangelio de Lucas, que, aunque posterior, utiliza con mayor riqueza de detalles la fuente original sobre la Infancia de Jesús. El material empleado tiene una coloración distinta al elegido por Mateo. Solo es comprensible en el contexto de los «Pobres de Dios» y, con seguridad, fue cuidadosamente preservado entre los parientes de María, especialmente en Nazaret. En segundo plano, se lee una voluntad de marcar la diferencia con el mesianismo davídico. Lucas, sin embargo, supera esos prejuicios derivados de la mentalidad de los diversos testimonios y transmite la información con escrupulosa historicidad y precisión teológica.
María, casada con José y viviendo con él en Nazaret antes de iniciar la convivencia conyugal, concibe por obra del Espíritu Santo, cumpliendo la profecía del mesianismo davídico de una manera diferente a como los lectores del texto de 2 Samuel 7,12 podrían entenderlo. Por ello, el reconocimiento de su maternidad no proviene de los parientes del esposo, sino de los suyos, es decir, de Isabel y Zacarías. Tras ser trasladada a Belén con motivo del censo de Quirino, María tiene inicialmente una residencia provisional en la casa de los davídicos, donde da a luz en condiciones precarias. El Niño es reconocido por los pastores, por Simeón y Ana. Después de cumplir la Ley, cuyo significado discutí en otra ocasión, la Sagrada Familia regresa a Nazaret. Cuando Jesús tiene doce años, sus padres lo llevan a Jerusalén, donde protagoniza un episodio emblemático, permaneciendo en el Templo y mostrando precocemente su personalidad y el misterio que lo acompaña.
Esta tradición de Lucas fue seguida por numerosos autores posteriores, que hicieron que María naciera, y no solo viviera, en Nazaret.
El Evangelio de Juan: la estructura teológica de las escenas marianas, el prólogo joánico y Jo 19,25-27
Otra tipología de fuente bíblica es la catequética, a la que se puede asociar la narración del Evangelio de Juan que trata de María. Las informaciones sobre ella siempre se insertan en un marco teológico importante y claro. Es en el prólogo teológico donde se atestigua la concepción de Jesús por el Espíritu Santo en María, no mencionada. Cuando es presentada en Caná, actúa como mediadora para todos los fieles y en el contexto de una narración que la convierte en el prototipo de la persona de fe. Este modelo está perfectamente expresado por María a los pies de la Cruz.
Apócrifos complementarios: Evangelio de Nicodemo (siglo I) y Gamaliel (siglo VI) sobre María en la cruzSiguiendo esta fuente, existen otros apócrifos: el Evangelio de Nicodemo, de finales del siglo I, retoma la narración de la Madre en la cruz. El Evangelio de Gamaliel, mucho posterior (siglo VI), explica el sentido co-redentor de esta presencia. El Evangelio de Pedro, entre 130 y 150, dramatiza la historia mostrando los estados de ánimo de todos los personajes de la Pasión alrededor de la cruz para revelar sus verdaderos sentimientos.
Justino, Melito de Sardes, Ireneo de Lyon y Tertuliano: el sentido soteriológico de la presencia de María en la cruzOtras fuentes patrísticas confirman el sentido soteriológico de esta presencia e, indirectamente, su historicidad: Justino, Melito de Sardes, Ireneo de Lyon y Tertuliano. Una modificación en el significado del episodio mariano de la cruz ocurrió solo con Orígenes, quien afirmó, rompiendo la tradición más antigua, que la Madre fue asaltada por la duda sobre la Resurrección de los cuerpos. El alexandrino fue seguido y emulado de diversas maneras por Efrém, el Sirio, Basilio Magno, Teodoto de Ancira, Anfilóquio de Antioquía, Paulino de Nola, Cirilo de Alejandría, Hesíquio, el Pseudo-Nisseno, el Pseudo-Crisóstomo y Filoxeno de Mabbug.
La tradición más antigua: María a los pies de la cruz y la memoria cristiana anterior al Concilio de Éfeso (431)Sin embargo, esta ilustre teoría de los Padres no cambia el hecho de que la tradición más antigua atestigua que María permaneció a los pies de la Cruz, conformándose a la intención del Hijo. Antes de su definitiva condena con la aprobación de la memoria de Orígenes en el II Concilio de Constantinopla, esta tradición fue mantenida viva en la memoria cristiana por el Oráculo Sibílico III, 316, Gregorio de Nazianzo en el poema «Christus Patiens», Romano el Melodo en el Himno XXXV titulado “El lamento de la Madre de Dios“, las Staurotteotócas de la liturgia bizantina del siglo VI y, mucho después, Simeón Metafraste Logoteta en la Oración sobre el lamento de María en el siglo X.
Las fuentes apócrifas: el Protoevangelio de Santiago (siglo II), el Pseudo-Mateo y su valor literario y teológicoLas fuentes apócrifas son muy importantes para la reconstrucción de la parte de la vida de María de Nazaret que no está en los Evangelios. A diferencia de lo que se cree, son confiables, obviamente considerando una crítica histórica saludable donde sea necesario.
El Protoevangelio de Santiago (siglo II), el Pseudo-Mateo y su valor literario y teológicoII): la tradición levítica del clan familiar de María y los sacerdotes judíos convertidosLa primera fuente que merece ser citada es el Protovangelio de Santiago, del siglo II, que recopila aquella tradición levítica que se remonta al clan familiar de María de Nazaret y que, presumiblemente, fue compartida por sacerdotes que se adhirieron al Cristianismo y que, antes, estaban cercanos a la Escuela essenia. Esta tradición atestigua que los parientes de Jesús fueron contados entre los sacerdotes, aunque no pertenecían a la tribu de Levi, es decir, eran davídicos. Esto probablemente se deba al hecho de que José, como veremos, pertenecía a un orden de consagrados. María misma es llamada «hija de David», a pesar de su indudable parentesco con clanes levíticos.
María nació en Jerusalén, cerca de la Piscina de Acim, de Joaquín, presentado como un personaje justo y rico del tipo de los veterotestamentarios, y de Ana. Ingresó en el orden de las vírgenes del Templo, fue educada por el clero y, aún adolescente, se casó con José, mayor que ella, conforme a la costumbre judía para proteger a las vírgenes y en vista de un futuro prestigioso, pero aún no claro, que parecía orientarse hacia un nacimiento virginal, según las creencias comunes en esos entornos. No se trata de tomar literalmente la noticia de la vejez de José. De lo contrario, no tendría sentido que el matrimonio se mudara a Nazaret, viviendo del trabajo de él, donde ocurrió la Anunciación, narrada no solo por José, sino también por los sacerdotes con los que, evidentemente, la pareja mantenía relaciones a distancia. Desde allí, regresaron a Belén, tierra natal de José, para el censo. En el quinto millar de la carretera entre Belén y Jerusalén, en los límites entre Benjamín y Judá, cerca de la tumba de Raquel, en un lugar desierto de la región de Efraim, María dio a luz a Jesús en una gruta subterránea y sombría. El relato, evidentemente preciso en la reconstrucción histórica, se tiñe de docetismo al afirmar un dato mitológico: el Hijo nace por condensación de luz y el ambiente se convirtió en una «gruta luminosísima». El Protovangelio también afirma, conforme a Mateo y Lucas, que la Madre permaneció virgen durante y después del parto, presentando como prueba el testimonio de una partera y de la amiga de María, Salomé.
En el Protovangelio se atribuyen a María algunos vaticinios sobre los dos pueblos, justos e injustos, que siguen dos caminos opuestos, acercándola al movimiento profético veterotestamentario y recordando su proclamación del Magnificat y la del Benedictus por parte de Zacarías. La tradición del Protovangelio fue recopilada, sin amplificaciones particulares, pero con un completo refacimiento, por la Iglesia latina con el Evangelio del Pseudo-Mateo, de los siglos VII-VIII, y con el Libro de la Natividad de María, de los años 846-849.
El evangelio de Felipe (s.III. El Evangelio de Felipe y la Pistis Soptia: la oposición a los Evangelios canónicos sobre la filiación de CristoEl Evangelio de Felipe, texto gnóstico del siglo III o incluso anterior, se opuso significativamente a lo enseñado por los Evangelios canónicos y el Protovangelio. Este texto no habría enfatizado la paternidad natural de José si la concepción pneumática de Jesús no fuera más antigua. En el mismo período, alrededor del 240, la Pistis Soptia intenta incorporar a la mitología gnóstica la concepción pneumática de Cristo, pero no se atreve a negarla.Panegírico de la Iglesia judaico-cristiana sobre San José: texto apócrifo (siglos IV-V) y paralelo con la tradición asumcionistaEl Panegírico de la Iglesia judaico-cristiana sobre San José, atribuido a Jesús mismo pero compuesto por un judaico-cristiano del siglo II, cumplía una función conmemorativa del Patriarca. Se leía junto al tumba nazarena de la familia del Padre educador de Cristo los días 2 de agosto, 5 de marzo y 22 de diciembre. En él, se confirma lo narrado por el Protovangelio de Santiago sobre el matrimonio entre María y José y sobre el nacimiento de Jesús, precisando que ocurrió en la casa de José, o sea, presumiblemente de sus parientes, ya que el Niño fue alojado en los ambientes destinados a los animales y ni siquiera en los de los huéspedes, posiblemente ocupados por otros consanguíneos debido al censo.Panegírico sobre la Dormición y Asunción de María: texto atribuido a Mileto de Sardes y estratos literarios apócrifos (siglo IV)Otra fuente de importancia capital es el Panegírico de la Iglesia judaico-cristiana para ser leído en el aniversario de la Dormición y Asunción de María, texto del siglo II, pero probablemente mucho más antiguo. Ignorado por la Iglesia Mayor hasta el siglo V, se conoce como Dormitio Mariae y nos ha llegado en tres formas complementarias, de épocas diferentes: la primera, más antigua, ebionita pero católica, de los Parentes de María, de los siglos II-III. La segunda, de los siglos IV-V, de tendencia monofisita de los joanitas. La tercera, jerusalimitana y calcedonense, de los siglos V-VII.Las fuentes apócrifas son fundamentales para la reconstrucción de la vida de María de Nazaret que no está presente en los Evangelios. Contrariamente a lo que se piensa, son confiables, siempre y cuando se las someta a una crítica histórica adecuada.La forma más antigua de la Dormitio Mariae: tradición apócrifa siglos IV-V y testimonio de Epifanio de Salamina (†403)La forma más antigua de la Dormitio Mariae está compuesta por tres documentos completos y varios fragmentos muy próximos al original, como se deduce por los elementos doutrinarios ebionitas y judaico-cristianos. Se le atribuye al desconocido Leucio del siglo II, quien quería polemizar contra los ebionitas teréticos que negaban la divinidad de Cristo y hacían de María una Potencia de Dios. Sin embargo, el autor fue acusado de herejía por los Padres griegos, ya olvidados de las características doutrinarias de la Iglesia judaico-cristiana.María vivió los últimos años de su vida en Magdala, cerca de Jerusalén, y allí recibió de Jesús el anuncio de su inminente Dormición, así como el Libro de los Misterios y una palma paradisíaca. La Virgen se preparó para la muerte con abluciones y oraciones. A lo largo del relato, se manifiestan las características de la creencia judío-cristiana atribuidas también a María: el temor a las intrigas de las potencias angélicas, la fe en la doctrina de las dos vías, en la escala cósmica y en el reino escatológico del bien y del mal.
La agonia y los funerales de María en los relatos apócrifos: estructura narrativa y paralelos con la muerte de Moisés (Dt 34)
En la agonia de la Virgen estuvieron presentes Juan, venido de Sardes, Pedro, venido de Roma, y los demás apóstoles regresados de su misión. Entre los Doce, Juan es acusado de negligencia en la custodia de la Madre de Jesús, Pablo es visto con sospecha, Pedro habla en nombre de todos y los demás rezan. También hay algunas vírgenes mientras los judíos, evidentemente los fariseos, intentan impedir los funerales de la Madre de Jesús. Jesús confía el alma de María a San Miguel, mientras que su cuerpo es sepultado por Pedro cerca del río Cedrón. Tras tres días, su cuerpo es asumido al Paraíso Terrestre por los ángeles psicopompos.
La segunda forma de la Dormitio Mariae: variante apócrifa y relación con la tradición de la escuela joánica (siglo V)
La segunda forma de la Dormitio presenta una tendencia monofisita nominal y polemiza tanto con los ebionitas como con los fantasiastas o aftartodocetas, considerados enemigos del Apóstol Juan. Esta forma incluye tres documentos griegos y latinos de los siglos IV-V y algunos sermones de los siglos VI-VII. Además de defender el dogma de la Maternidad Divina definido en Éfeso y sostenido por Cirilo de Alejandría, esta serie de textos no posee otras peculiaridades doctrinales. Históricamente, añade algunos detalles dignos de fe, en los que el funeral de María ocurre al este de Jerusalén, en la cima del Monte de los Olivos, donde existía una casa de los parientes del Evangelista, ubicada en Gethsemaní, donde la Madre de Jesús residía cuando era su huésped.
La tercera forma de la Dormitio Mariae: variante elaborada y contexto de la piedad mariana palestina (siglo V)
La tercera forma de la Dormitio está completamente libre de ebionismo y monofisismo. Calcedonense pura, está vinculada a los santuarios del Gólgota, de Belén y de Santa Sion, donde se ambientan los diversos eventos. Esta forma recurre a diferentes textos siríacos que remontan a la enseñanza del Apóstol Santiago, el Menor, y está compuesta esencialmente por cuatro textos.
La información más significativa que complementa las proporcionadas por las fuentes anteriores es que Tomás, llegando después del funeral, quiso abrir la tumba de María para venerarla por última vez y encontró que su cuerpo había sido asumido al Cielo.La Asunción de María: dimensión metafísica y el problema histórico del arquétipo narrativo de la dormiciónEl momento celestial de la Asunción no puede ser entendido como histórico en sentido propio, ocurriendo en una dimensión metafísica. El problema histórico se plantea solo para el arquétipo utilizado para describir su modalidad, es decir, el papel del Arcángel Miguel y su resurrección en el Paraíso Terrestre. Es un modelo diferente al de la Resurrección de Jesús, pero, como este, no tiene ningún arquétipo literario anterior identificable.Los Evangelios de Bartolomé y de Gamaliel (siglo VI): la aparición del Resucitado a la Madre y la presencia de María mediadoraDos Evangelios del siglo VI, el de Bartolomé y el de Gamaliel, conservan la importante y creíble información de la aparición del Resucitado a la Madre. El primero de estos textos también transmite la comprensible y confiable noticia de la función de guía moral de María en la Iglesia de Jerusalén. Notable es la información sobre la suspensión de las penas infernales para los condenados visitados por María después de la Asunción, dispuesta por Jesús en ciertos períodos. Aunque no sea histórica y sea doctrinariamente discutible, es importante para la equiparación entre la descenso a los Infiernos de Cristo y la de María. Entre los textos que la transmiten, el más grande es el Apocalipsis de Pablo, anterior al año 240.Fuentes posbíblicas: los padres apostólicos de los siglos II-III y la construcción de la mariología primitivaEstas son aquellas fuentes patrísticas y litúrgicas, en las cuales obviamente el dato histórico se transfigura en sentido doctrinal o cultual, pero siempre existe y encuentra en ellas una singular confirmación, convirtiéndose en el fundamento cultural de su elaboración, que por su vez lo sustenta. Entre las fuentes patrísticas, merecen un destaque particular el Credo de Melito de Sardes, que, en el siglo II, atesta contra los ebionitas y docetistas la encarnación del Verbo de Dios en el vientre de María. El Símbolo apostólico de Hipólito de Roma, que, en el siglo III, confiesa lo mismo por el mismo propósito. Los escritos antiapolinaristas de Gregorio de Nisa, que, en el siglo IV, atestiguan la realidad de la completa humanidad de Cristo precisamente refiriéndose a la maternidad histórica y concreta de María. El testimonio de Epifanio de Salamina, que, en el mismo siglo, recuerda a las colirianas que la Madre de Jesús fue un ser humano y no una diosa.A modo de resumen, enumeramos los testimonios patrísticos más significativos sobre la historicidad de María: Inácio de Antioquia, quien atestigua la maternidad virginal y divina de María. Justino, quien resalta la verdad de la concepción virginal. Irineu de Lyon, quien insiste en el mismo argumento. Tertuliano, que, con la fuerza que le caracteriza, insiste en la maternidad real de María y su concepción por el Espíritu Santo. Clemente Alexandrino, quien aún se extiende sobre María como Virgen y Madre. Orígenes, quien reflexiona ampliamente sobre la figura teológica y evangélica de ella, destacando el dato de su virginidad perpetua. Cuanto más pasan los siglos, más los datos históricos se fusionan con el trato dogmático y espiritual, pero el historiador Eusébio de Cesarea aún proporciona argumentos importantes, por ejemplo, para demostrar la parentela davídica de María, mientras que Epifanio retoma noticias judías-cristianas relevantes sobre su vida, especialmente en relación a los hechos de la Dormición. Autores como Atanasio, los Capadocios, Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Mario Victorino, Hilario de Poitiers, Ambrosio, Agustín contribuyen al desarrollo doctrinal del cuadro histórico de la vida de María, mientras que Jerónimo añade a esta contribución su personal como filólogo y erudito. Esto solo para citar a los autores más destacados.
Fuentes extra-bíblicas: datos arqueológicos, papiros y testimonios históricos-literarios sobre María de NazaretEstas son aquellas no cristianas y, a pesar de ser fuertemente hostiles, tienen un gran valor histórico. Son, en primer lugar, las judías, destinadas a converger en el Talmude entre los siglos V y VI, pero remontando al siglo II, época en la que ya son refutadas por Justino en el “Diálogo con Trifón”. Existen numerosas citas rabínicas de un cierto Ješûa‘ ben Pandera o Panteri/Pantera‘, retomadas como veremos, por Celso, que hablaban de un cierto Jesús hijo de una peluquera, María, y de Pantter, soldado romano, corrompiendo el griego “partténos” y usando un nombre de persona bastante raro entre los guerreros de Roma, por lo tanto calumniando el nacimiento virginal de Cristo y expulsándolo de la “progenie” de Abraham y de la Casa de David. A pesar de su blasfemia, esta calumnia es históricamente muy importante: nadie habría ridiculizado la concepción virginal de Jesús si no fuera porque era creída por los cristianos y, por lo tanto, si su narración no fuera anterior a estos textos, es decir, remontándose a la primera mitad del siglo I. De hecho, la primera disputa sobre este tema está atestada en los Hechos de Pilato que, ya entre finales del siglo I y principios del II, relatan, entre las judías, tanto las voces de los calumniadores del nacimiento de Cristo como las de los que defendían su versión, haciéndolo, sin embargo, solo y comprensiblemente, el hijo de José. De esta forma, en la época de nuestras fuentes talmúdicas, la partenogénesis de Cristo ya sería bastante antigua no solo para ser desmitificada, sino también degradada.Además, esta rude calumnia tiene el mérito de borrar la noticia evidentemente fundamentada de la descendencia davídica de Jesús, que así habría perdido un título fundamental para ser reconocido como Mesías, además de su indudable pertenencia al pueblo elegido. Finalmente, el oficio de peluquera parece ser una parodia, y por tanto una confirmación, de la noticia más antigua que hacía de María una de las tejedoras vírgenes, sobre las cuales tendremos ocasión de hablar. Es precisamente con base en las peores calumnias fariseas al Cristianismo que Celso escribió su “Discurso Verdadero”, del cual obviamente retoma las noticias recién relatadas. Esta es la única fuente pagana importante que se refiere a nuestro discurso. Desaparecido merecidamente de la historia, el libro de Celso nos es contado mediante la erudita refutación de Orígenes.Concluyendo, las cuatro tipologías de fuentes históricas catalogadas nos permiten identificar con precisión los eventos clave de la vida de María de Nazaret: la múltiple atestación en diversas fuentes y la doble irreducibilidad al pensamiento judío o pagano dan confirmación directa, mientras que la continuidad y homogeneidad con el mensaje evangélico garantizan la mutua coherencia y la conformidad con el entorno de origen, confirmándolas indirectamente.Profundiza tus estudios: explora Mariología Teología MarianaApariciones marianas y la Pós-Graduação en Mariología.Para profundizar en el estudio de las fuentes históricas y bíblicas sobre María, consulte la Encíclica Redemptoris Mater del Papa Juan Pablo II.
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