¿Cómo leer la mariología bíblica?

Cómo leer mariología bíblica: método y cátedras de interpretación
Ahora aprenderemos juntos a leer de hecho Mariológicamente la Sagrada Escritura y los «versículos marianos».
Solo en las últimas décadas hemos visto estudios rigurosos de Mariología Bíblica que nos permiten redescubrir las perlas contenidas en los versículos. De suma importancia es el vínculo entre el hecho y el significado, pues no se trata de un documental que describa hechos, sino de un texto teológico. El interés por los eventos y la historia no es excluido por los evangelistas, pero no es el elemento preponderante. Esta distinción es muy importante cuando pensamos en la mariología bíblica: el itinerario para la formación de los textos de la Sagrada Escritura sobre María nos presenta una mediación entre el texto y la tradición eclesial que lo precede. Podemos hablar hoy con toda certeza de una tradición litúrgica que luego encuentra su confirmación en la Sagrada Escritura.
Otros elementos a considerar al leer los versículos «marianos» son sus influencias a partir de las Escrituras antiguas judías presentes o no en el Antiguo Testamento y la literatura contemporánea de Israel, iluminadas por la Pascua y el nacimiento del Niño de Belén. De hecho, un punto muy importante es el hecho de que la infancia de Jesús anticipa, más que la Resurrección, la gloria de la Cruz y el rechazo del Hijo del Hombre por parte de los que eran el Pueblo Elegido.Estos paralelismos son tan importantes que nos abren a la comprensión de las relaciones de los versículos marianos con toda la cultura de Israel, con toda la novedad de la Encarnación y la Cruz, y condensan los Evangelios. Esta relación entre las narraciones de la infancia con el resto del Evangelio es una fuente que aún hoy nos sorprende. Este estudio de armonía y continuidad entre los versículos marianos debe profundizar en el lenguaje, el estilo, las peculiaridades literarias y temáticas de los capítulos evangélicos.Otro elemento muy importante en la comprensión de los versículos marianos es la relación entre Tradición y redacción. No podemos ignorar la redacción, pero tampoco podemos ignorar la tradición interpretativa de dicha redacción, pues se entrelazan las cosas nuevas y las cosas antiguas de este tesoro (Mt 13,52).El elemento hebreo de la tradición litúrgica sinagogal y rabínica ha sido objeto de un estudio riguroso por parte de la mariología bíblica. De hecho, la tendencia folclórica y fantasiosa con la que se han visto los versículos marianos en los últimos siglos ha degenerado en una desatención teológica que hoy se ha transformado en olvido. Aunque han inspirado expresiones artísticas que son aún obras maestras de la humanidad, su valor en la teología cristiana contemporánea se ha desraízado hasta el punto de ser considerada como ‘opcional’.Como contribución para la comprensión de cómo fue siendo construida la redacción del texto, quiero presentar lo que significa ‘la influencia de la literatura targúmica y midrástica en los versículos marianos’.Targum: significa Tradición. En el Talmud indica los textos bíblicos en lengua aramea. Así tenemos el Targum de Daniel o de Esdras. Más tarde la palabra Targum comenzó a entenderse como la traducción de la Biblia en lengua aramea. En estas traducciones encontramos codificados los significados profundos de las palabras e incluso de las expresiones *targumim* que después entraron a formar parte del Nuevo Testamento.Midrash: esta palabra significa narrativa edificante, interpretación. Proviene de la palabra hebrea drš, que significa buscar, preguntar, exigir, cuestionar. En su sentido genérico, toma el significado de buscar a Dios en el culto, la ley, la oración. Así, el midrash sería el fruto de tal búsqueda. Darash y Midrash indican respectivamente un método de interpretación de la Sagrada Escritura y el resultado de dicha interpretación. Este método va más allá del sentido literal, simple y obvio del texto para escrutar todos sus aspectos más profundos. Con la ayuda de reglas, esta búsqueda de sentido vital existe para ser puesta en práctica y adaptada a las exigencias siempre nuevas de la comunidad. El midrash toma como punto de partida la Sagrada Escritura, está presente dentro de la Biblia, fue ejercitado en las escuelas rabínicas y en las sinagogas conocidas por Jesús y María, y se transmitió de forma oral formando colecciones de midrashim que son fundamentalmente comentarios continuos de la Sagrada Escritura, o bien comentarios a las lecturas del sábado y de las fiestas, midrashim homiléticos.Estas eran las formas comunes en que María y Jesús fueron instruidos en el judaísmo. Sin embargo, cuando el texto que comentamos no puede ser iluminado por la ley y los profetas, sino que se trata de una persona-evento, se abre un nuevo modo de leer las Escrituras. El Cristo muerto y resucitado es punto de partida y final de toda relección y actualización de las Sagradas Escrituras. El absoluto dejó la Ley al servicio de la cual se desarrollaban las reflexiones y pasó a ser Cristo que finaliza la Torá (ley) con sus interpretaciones. Esto hace que, aunque intentemos el contexto escriturístico y los modos de lectura e interpretación de la época, no podamos detenernos como un dato adquirido, pues ante los versículos marianos somos lanzados al mar de la originalidad.Podemos afirmar que todos los versículos marianos, aunque no sean numerosos, están presentes en los puntos dominantes del Nuevo Testamento: la Encarnación, el Misterio Pascual y el Pentecostés. Estos versículos deben ser interpretados y leídos a la luz de su significado próximo y, al mismo tiempo, remoto, ya que la gradualidad de la presencia de María en la Sagrada Escritura es una fuente que no forma parte del testimonio típico de la predicación apostólica. Sin embargo, en la vida pública y activa de Jesús, en su lucha por la salvación, María está presente junto al Hijo y los discípulos, uniéndose en las convergencias, memorias y tradiciones de los testigos de la predicación y resurrección de Cristo. Por lo tanto, podemos decir que Jesús, en la Escritura, nos revela quién es su Madre.
El lector atento reconocerá ahora que leer los versículos marianos exige escuchar simultáneamente la voz del texto sagrado y la de la Tradición viva que lo precede y prolonga.
Para profundizar en la Mariología Bíblica, consulte la encíclica de Juan Pablo II: Redemptoris Mater, un modelo de lectura bíblica y teológica sobre María en la historia de la salvación.
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