María y la Iglesia: miembro, tipo, madre y modelo

Maria e a Igreja: membro, tipo, mãe e modelo

María e la Iglesia: miembro, tipo, madre y modelo

La relación entre María y la Iglesia es uno de los temas más ricos de la Mariología contemporánea. El Concilio Vaticano II, al integrar el tratado sobre María en el capítulo VIII de la Constitución dogmática *Lumen Gentium*, expresó en una fórmula concisa que María debe ser contemplada «en el misterio de Cristo y de la Iglesia». Estos dos polos son inseparables: la mariología cristotípica (centrada en la relación de María con Cristo) y la mariología eclesiotípica (centrada en el paralelo María-Iglesia) no se oponen, sino que se complementan en una síntesis que la teología posterior al Concilio supo articular.

La síntesis conciliar: cristotípico y eclesiotípico

El Congreso mariano-Mariológico de Lourdes (1958) puso de manifiesto la tensión entre dos tendencias en la Mariología: la *cristotípica*, que organiza la Mariología en torno a la maternidad divina y la asociación de María con Cristo, y la *eclesiotípica*, que funda el tratado sobre María en el paralelo con la Iglesia. El Vaticano II supera esta tensión al situar el estudio de María «en el misterio de Cristo y de la Iglesia» (*Lumen Gentium*, proemio, cap. VIII). La conjunción «y» es fundamental: no hay disyunción ni oposición, sino integración y armonía. María «precede» toda creación y la propia Iglesia en la posesión de la gracia. Sin embargo, también permanece solidaria con toda la descendencia de Adán y con todos los necesitados de salvación. Por ello, ocupa en la Iglesia, «después de Cristo, el lugar más alto y el más cercano a nosotros» (*Lumen Gentium* 54).

María, miembro eminente de la Iglesia

María es verdaderamente miembro de la Iglesia. San Bernardo la situó «entre Cristo y la Iglesia» (Inter Christum et Ecclesiam constituta). Rufo de Deutz la describió con palabras elocuentes: parte máxima, parte óptima, parte principal, parte más elegida. El Concilio Vaticano II declara a María «miembro sobresaliente y completamente singular de la Iglesia» (LG 53). Esta pertenencia se fundamenta en dos aspectos: la gracia excepcional que recibió (Lc 1,28), que la convierte en la realización más perfecta de la Iglesia, y su solidaridad con la estirpe de Adán, que la vincula con todos los que necesitan salvación. El Concilio Vaticano I ya la incluía implícitamente entre los redimidos, «en previsión de los méritos de Jesucristo».

María, tipo y arquetipo de la Iglesia

María es más que un simple «tipo» de la Iglesia: es su arquetipo. En el tipo del Antiguo Testamento, la figura es siempre menos importante que el antítipo prefigurado. En la relación María-Iglesia, sin embargo, se invierte la situación: María es la realización perfecta de lo que la Iglesia está llamada a ser. La «mujer vestida de sol» del Apocalipsis (Ap 12) ha sido identificada por la mejor exégesis contemporánea con María como arquetipo de la Iglesia: ella es la madre del Verbo encarnado y, al mismo tiempo, arquetipo de la maternidad de la Iglesia. LG 63 define a María como «figura de la Iglesia» basándose en las prerrogativas comunes a ambas: virginidad, maternidad, santidad y unión plena con Cristo. San Ambrosio y San Pedro Damián fundamentan esta doctrina desde la tradición patrística.

María, madre de la Iglesia

El 21 de noviembre de 1964, Pablo VI proclamó a María «Madre de la Iglesia, es decir, de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores». El título no es nuevo en su esencia. El Concilio Vaticano II ya lo insinuaba al afirmar que la Iglesia «honra a María con afecto de piedad filial como madre amantísima» (LG 53) y al declarar que María fue «para nosotros madre en la orden de la gracia» (LG 61). La maternidad espiritual de María se fundamenta en su consentimiento a la Anunciación, en su co-oferta en la Cruz y en su intercesión constante: «con su caridad materna cuida de los hermanos de su Hijo aún peregrinos… hasta que sean conducidos a la patria celeste» (LG 62). San Pío X lo expresó con precisión: *Gestando Christum gestavit et nos* (al llevar a Cristo en su vientre, también nos llevó a nosotros).

María, modelo de la Iglesia

María es el modelo de la Iglesia por su causalidad ejemplar: lo que Dios realizó en ella, a eso toda la Iglesia está llamada. San Ambrosio enseñó que «la vida de María es un espejo para cada uno». Como mujer, virgen, esposa y madre, como redimida de manera sublime, como participante en la obra salvadora del Hijo, María refleja los esplendores divinos como la luna refleja la luz solar. La Iglesia aprende de María lo que es la virginidad fecunda, la maternidad espiritual y la santidad. El Concilio Vaticano II expresa esta ejemplaridad al decir que María «brilla ante el pueblo de Dios como señal de esperanza cierta y de consuelo» (LG 68). María es lo que la Iglesia está destinada a ser: ya glorificada en su Asunción, anticipa el destino escatológico de todo el Pueblo de Dios.Profundice sus estudios: explore la Mariología, la Teología Mariana, el *Lumen Gentium* y María, y la Posgrado en Mariología.—Magisterio de la Iglesia> «María, como en el orden de la gracia es Madre de Cristo, también lo es de la Iglesia, porque está presente en el misterio de Cristo y de la Iglesia.»> *Pablo VI, Discurso al Concilio (21 de noviembre de 1964)*>«Ella es en la Iglesia el ‘tipo’ y la ‘figura’ más excelente.»>*Como está presente en el misterio de Cristo y de la Iglesia, María, que en orden a la gracia es Madre de Cristo, también lo es de la Iglesia.*>«Ipsa est in Ecclesia ‘typus’ et ‘figura’ excellentissima.»*Lo afirma el Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogmática* *Lumen Gentium*, *n. 63:*>Texto del Concilio Vaticano II, *Lumen Gentium*, n. 63

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