Del pecado de Adán a la victoria de Cristo: Génesis 3, Romanos 5 y las tentaciones en Mateo 4.

**Domingo de Cuarentena del Año A**

El texto bíblico presenta tres narrativas que contrastan la libertad humana frente a Dios. Génesis 2,7-9.3,1-7 relata la creación del hombre de polvo y la respiración divina, su colocación en el Jardín del Edén y la caída provocada por la seducción de la serpiente. Romanos 5,12-19 interpreta esta caída: por el pecado de un solo hombre entró la muerte al mundo, pero por el don de uno, la gracia y la vida superaron a todos. Mateo 4,1-11 describe a Jesús siendo tentado en el desierto durante cuarenta días: el hambre, el poder y la gloria. En cada tentación, Jesús responde con la Palabra de Dios. Los tres textos describen dos movimientos opuestos: Adán prefirió su voluntad a la de Dios, mientras que Cristo fue fiel a la voluntad del Padre hasta el final.

I. **Primera lectura: Génesis 2,7-9.3,1-7**

El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en sus narices el aliento de vida (Génesis 2,7). El hombre se vuelve vivo por el aliento de Dios, no por naturaleza propia. Colocado en el Jardín, tenía acceso a todas las árboles excepto al del conocimiento del bien y del mal. La serpiente, la más astuta de todas las criaturas, pregunta a la mujer: «¿Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (3,1). La pregunta ya es una distorsión: Dios solo prohibió un árbol. La serpiente continúa: «No moriréis. Dios sabe que cuando comáis, vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses» (vv.4-5). La seducción tiene tres elementos: la promesa de impunidad, la sospecha de que Dios retiene algo bueno, y la oferta de autonomía. La mujer vio que el árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y deseable para obtener sabiduría (v.6). La caída se produce a través de los ojos antes que a través de las manos. Comieron, sus ojos se abrieron, se dieron cuenta de que estaban desnudos, y cosieron hojas de higo. La pérdida del paraíso no fue por la transgresión sino por la ruptura de la confianza: prefirieron su juicio al de Dios.

II. **Segunda lectura: Romanos 5,12-19**

Pablo interpreta Génesis 3 a la luz de Cristo. «Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así la muerte se extendió sobre todos los hombres porque todos pecaron» (Romanos 5,12). Adán no es solo un individuo: representa a toda la humanidad. Su elección afectó a todos. Pero Pablo no se queda en el diagnóstico: «Así como por la transgresión de un solo hombre muchos fueron hechos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán declarados justos» (v.19). La Quaresma es el tiempo para recorrer esta diferencia: reconocer en sí mismo el patrón de Adán y abrirse al patrón de Cristo.

III. **Evangelio: Mateo 4,1-11**

Jesús es llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Cuarenta días y cuarenta noches de ayuno: una recapitulación de los cuarenta años de Israel en el desierto, pero con un desenlace diferente. La primera tentación: «Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan» (Mt 4,3). Jesús responde: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (v.4, Dt 8,3). La tentación del sustento material como criterio último de la vida es rechazada por la fidelidad a la Palabra. La segunda tentación: el diablo lo coloca en la cima del templo y sugiere que se lance, citando el Salmo 91. Jesús responde: «No pondrás a prueba al Señor tu Dios» (v.7, Dt 6,16). Dios no es un instrumento de demostración. La tercera tentación: todos los reinos del mundo a cambio de una prostración. Jesús responde: «Adorarás al Señor tu Dios y solo a Él servirás» (v.10, Dt 6,13). En cada tentación, el diablo ofrece algo que parece bueno: pan, seguridad, poder. En cada tentación, Jesús rechaza el bien aparente en nombre del bien real: la fidelidad al Padre. Los ángeles se acercaron y lo sirvieron (v.11).

IV. María y la nueva Eva

Génesis 3,15 registra la promesa de enemistad entre la serpiente y la mujer, entre la descendencia de ella y la descendencia de la serpiente. La tradición cristiana vio en este versículo el protoevangelio, el primer anuncio de la redención: la mujer y su descendencia vencerán a la serpiente. María es la nueva Eva: donde Eva cedió a la seducción, María respondió con la fidelidad total del «sí». Donde Eva quiso ser como Dios por la desobediencia, María aceptó ser sierva del Señor por la obediencia. Romanos 5 dice que donde abundó el pecado, superabundó la gracia. María es la criatura en quien esta superabundancia de gracia es más visible: llena de gracia desde el primer instante, no porque no necesitara la redención, sino porque la redención de Cristo la alcanzó de forma singular y anticipada. Mateo 4 muestra a Jesús venciendo cada tentación con la Palabra de Dios. María vivió de manera similar: no hay en todo el Evangelio un momento en que María prefiera su juicio al de Dios. La Cuaresma invita al discípulo a aprender con Cristo y con María lo que Eva no supo hacer: confiar en Dios más que en sí misma, elegir la Palabra cuando el fruto parece apetecible, adorar al Señor y solo a Él servir.

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