¿Qué son los querubines según la Biblia (no son bebés alados)?

Los querubines son, según la Biblia, seres celestiales que guardan la santidad de Dios y sostienen su trono. El significado de la palabra proviene del hebreo keruv (plural keruvim), posiblemente relacionado con el acadio karibu, el genio guardián tallado en las puertas de templos y palacios mesopotámicos. En la Escritura, el querubín aparece primero como centinela armada del Edén (Gn 3,24), luego como figura de oro martillada sobre el arca de la alianza (Ex 25,18-22), y finalmente como portador del trono móvil de Dios en las visiones de Ezequiel (Ez 1 y 10). No son, por tanto, bebés alados: esta imagen nació de los putti del arte renacentista y no tiene ningún apoyo en el texto bíblico, donde el querubín es una criatura temible, colocada entre el hombre pecador y el Dios tres veces santo.

Recorrer los textos en los que aparecen los querubines es una de las mejores formas de entrar en la angelología católica: en ellos se ve cómo la Biblia habla del mundo invisible con imágenes poderosas, y cómo la teología debe leer estas imágenes sin reducirlas a decoración.

¿Qué significa querubín?

En hebreo, la palabra es keruv (כְּרוּב), con el plural keruvim. La forma española «querubines» es, en rigor, un doble plural: añade la terminación -es del español a un término que ya era plural en hebreo, exactamente como sucede con «serafines». La etimología más aceptada por la exégesis contemporánea relaciona el término con el acadio karibu o kuribu, nombre de los genios guardianos e intercesores que flanqueaban las entradas de los templos y palacios mesopotámicos, a menudo en forma de toros o leones alados de rostro humano.

Es importante señalar desde ya lo que el querubín no es: no es un «mensajero». El término genérico para ángel, mal’akh (מלאך), significa «enviado» y describe un oficio de comunicación, como explicamos en el artículo sobre la palabra ángel en hebreo. En la Biblia, los querubines nunca entregan un mensaje a nadie. Guardan, sostienen, transportan. Su lugar no es delante de los hombres, está junto a Dios.

El querubín de Génesis 3: el guardián del Edén

La primera aparición de los querubines en la Biblia ocurre justo después de la caída, y el tono es todo menos decorativo:

וַיְגָ֖רֶשׁ אֶת־הָֽאָדָ֑ם וַיַּשְׁכֵּן֩ מִקֶּ֨דֶם לְגַן־עֵ֜דֶן אֶת־הַכְּרֻבִ֗ים וְאֵ֨ת לַ֤הַט הַחֶ֙רֶב֙ הַמִּתְהַפֶּ֔כֶת לִשְׁמֹ֕ר אֶת־דֶּ֖רֶךְ עֵ֥ץ הַֽחַיִּֽים׃

«Y expulsó al hombre (adam), y hizo habitar al oriente del jardín del Edén a los querubines (keruvim) y a la llama de la espada que se revolvía, para guardar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24, traducción literal nuestra del texto masorético).

El verbo hebreo es inequívoco: los querubines están allí lishmor, «para guardar». Su primera función en la historia de la salvación es impedir, marcar con una espada de fuego la frontera entre el hombre pecador y la vida que él perdió. El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda este episodio al enumerar las intervenciones angélicas en la Escritura: los ángeles «cerraron el paraíso terrenal» (CIC 332). Quien comienza por aquí ya no puede imaginar al querubín como un bebé sonriente.

Los querubines del arca y del templo

El segundo gran escenario es el culto de Israel. En el Sinaí, Moisés recibe la orden de hacer dos querubines de oro martillado en los dos extremos del propiciatorio (kapporet), la tapa del arca de la alianza, con las alas extendidas hacia arriba y las caras vueltas una hacia la otra. Y es desde el espacio entre los dos querubines que Dios promete encontrarse con Moisés y hablarle (Ex 25,18-22, en paráfrase).

Aquí hay un paradójico y precioso misterio teológico. El mismo Dios que prohíbe hacer imágenes de culto ordena la creación de estas dos. La contradicción es solo aparente: los querubines del arca no son una imagen de Dios, son su trono. Entre sus alas no hay ninguna estatua, solo un vacío habitado por la presencia invisible. Por eso Israel invoca al Señor como aquel «que se sienta sobre los querubines», título que aparece en 1Sm 4,4, 2Sm 6,2 y en el Salmo 80,2 (en paráfrase). En el templo de Salomón, la misma lógica alcanza una escala monumental: dos querubines de madera de olivo revestida de oro, con aproximadamente cinco metros de altura, llenan el Santo de los Santos con las alas extendidas (1Rs 6,23-28), y el velo que cierra el santuario está bordado con querubines (2Cr 3,14). El querubín es, en todo el Antiguo Testamento, la señal visible de que allí está Dios santo, y que no se entra allí a la ligera.

Ezequiel y el trono móvil

En el exilio babilónico, junto al río Quebar, Ezequiel contempla cuatro «seres vivientes» (chayyot), cada uno con cuatro rostros y cuatro alas, acompañados de ruedas llenas de ojos, y por encima de ellos la semejanza de un trono (Ez 1,5-26). En el capítulo 10, el profeta identifica explícitamente a estos seres: son los querubines que conocía del templo.

וְאַרְבָּעָ֥ה פָנִ֖י לְאֶחָ֑ד פְּנֵ֨י הָאֶחָ֜ד פְּנֵי הַכְּר֗וּב וּפְנֵי הַשֵּׁנִי֙ פְּנֵי אָדָ֔ם וְהַשְּׁלִישִׁי֙ פְּנֵי אַרְיֵ֔ה וְהָרְבִיעִ֖י פְּנֵי־נָֽשֶׁר׃

«Y cuatro rostros tenía cada uno: la cara del primero era la cara del querubín (keruv), y la cara del segundo era la cara de hombre (adam), y la cara del tercero era la cara de león, y la cara del cuarto era la cara de águila» (Ez 10,14, traducción literal nuestra del texto masorético).

La visión es deliberadamente desconcertante: rostros múltiples, alas, fuego, y las misteriosas ruedas que estudamos en el artículo sobre las ruedas de Ezequiel y los ofanines. Pero el mensaje teológico es claro. El trono de Dios tiene ruedas: la gloria del Señor no está confinada al templo de Jerusalén y puede acompañar a su pueblo hasta el exilio. Los querubines, que en el arca eran oro inmóvil, se revelan aquí como portadores vivos de un trono que va donde Dios quiere. Vale la pena notar el contraste con los serafines, que aparecen una sola vez en la Escritura, en Is 6, con seis alas y clamando «Santo, santo, santo»: a los serafines les corresponde aclamar, a los querubines les toca guardar y sostener.

De guardián temible a bebé de tarjeta: la inversión icónica

La Biblia habló en el lenguaje visual de su tiempo. En el antiguo Oriente, los tronos reales estaban flanqueados por esfinges aladas, y gigantescos toros androcéfalos guardaban las puertas de los palacios asirios. Israel conocía este vocabulario y lo utilizó, pero con una diferencia decisiva: sus querubines nunca son objeto de culto ni deidades menores. Son criaturas al servicio del Dios único, y el trono que sostienen permanece vacío de imágenes.

El arte cristiano antiguo y medieval conservó esta seriedad: basta pensar en el tetramorfo de los evangelistas, derivado de las cuatro caras de Ezequiel, o en los querubines bizantinos representados como remolinos de alas cubiertas de ojos. La ruptura llegó después. En el Renacimiento, los putti, niños alados heredados de los erotes y amorini del arte greco-romano, invadieron la pintura sacra como elemento decorativo, y el lenguaje popular terminó por llamarlos «querubines». La inversión es total: el guardián armado que cerraba el camino al paraíso se convirtió en un adorno de tarjeta de felicitaciones.

Recuperar el querubín bíblico es devolver a la fe su seriedad. Como nos gusta recordar, citando el verso de Rilke en las Elegías de Duino, «Cada ángel es terrible», la belleza del ángel no es un adorno simpático, es el esplendor de lo santo, que fascina y aterroriza al mismo tiempo. Quien desee ver cómo la Escritura describe realmente a estas criaturas, puede continuar en el artículo sobre cómo son los ángeles según la Biblia.

El sentido teológico: la santidad guardada y el camino reabierto

¿Qué afirma la fe católica detrás de estas imágenes? En primer lugar, que los querubines existen realmente. El Catecismo enseña:

«La existencia de los seres espirituales, no corporales, a los que la Sagrada Escritura suele llamar ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (CIC 328).

El IV Concilio de Latrán afirma que Dios, «desde el principio del tiempo, creó de la nada, al mismo tiempo, una y otra criatura, espiritual y corporal, es decir, los ángeles y el mundo terrestre» (Latrán IV, apud CIC 327). Y el Catecismo precisa que, «como criaturas puramente espirituales, están dotados de inteligencia y voluntad» (CIC 330), criaturas personales e inmortales. De aquí se deduce una regla de lectura sobria: las cuatro caras, las alas y los ojos de las visiones no son anatomía, son lenguaje visionario. El querubín real no tiene cuerpo alguno. Es espíritu puro y persona, alguien y no algo, y por eso la pregunta correcta no es solo «qué es un querubín», sino «quién es».

El sentido teológico de su misión bíblica es entonces claro. El querubín marca la distancia entre la santidad de Dios y el hombre pecador: guarda el Edén, guarda el arca, guarda el velo del santuario. Y es precisamente esta guardia la que da medida al Evangelio. Cuando Cristo muere, el velo del templo, aquel velo bordado de querubines, se rasga de arriba abajo (Mt 27,51, en paráfrase), y la Carta a los Hebreos lee en este gesto la apertura de un camino nuevo y vivo a través del velo (Hb 10,19-20, en paráfrase). El camino del árbol de la vida, cerrado en Gn 3,24, está reabierto. Los guardianes no fueron despedidos: fueron transformados en liturgistas. Por eso la Iglesia, en el «Himno querubínico» de la liturgia bizantina, se une a ellos en la adoración (CIC 335), y la tradición contempló en el arca flanqueada de querubines una prefiguración de aquella criatura en quien la presencia de Dios habitó de modo único, la Virgen María. El querubín verdadero no adorna: adora, guarda y señala hacia el trono. Todo lo contrario de un bebé de tarjeta.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los querubines?

Los querubines son criaturas espirituales reales, ángeles que la Biblia presenta como guardianes de la santidad de Dios y portadores de su trono. Aparecen custodiando el Edén (Gn 3,24), sobre el arca de la alianza (Ex 25,18-22), en el templo de Salomón (1Rs 6) y llevando el trono móvil de Dios en las visiones de Ezequiel (Ez 1 y 10). Según el Catecismo (CIC 328-330), son seres personales, puramente espirituales e inmortales.

¿Cuál es el significado de la palabra querubín?

Querubín viene del hebreo keruv, cuyo plural es keruvim, de modo que la forma española «querubines» es un doble plural. La etimología más aceptada relaciona el término con el acadio karibu, nombre de los genios guardianes esculpidos en las puertas de los templos y palacios de Mesopotamia. El sentido de fondo es el de guardián de la presencia divina, no el de mensajero.

¿Dónde aparecen los querubines en la Biblia?

La primera mención es Gn 3,24, donde los querubines guardan con una espada flamígera el camino del árbol de la vida. Después aparecen como figuras de oro sobre el propiciatorio del arca (Ex 25,18-22), como estatuas colosales en el Santo de los Santos del templo (1Rs 6,23-28) y en el título divino «que se sienta sobre los querubines» (Sal 80,2). En Ezequiel 1 y 10 surgen como los cuatro seres vivientes que llevan el trono móvil de la gloria de Dios.

¿Los querubines son bebés alados?

No. La imagen del bebé alado viene de los putti del arte renacentista, niños decorativos heredados del arte grecorromano, que el lenguaje popular confundió con los querubines. En la Biblia el querubín es una figura temible, con rostros múltiples, alas y ojos, puesta como guardia entre el hombre y la santidad de Dios.

¿Cuál es la diferencia entre querubines y serafines?

Los serafines aparecen una sola vez en la Escritura, en Isaías 6, con seis alas, clamando el «Santo, santo, santo» ante el trono. Los querubines tienen otro oficio: guardan el Edén y el santuario y llevan el trono de Dios en Ezequiel. La tradición teológica colocó a ambos entre los coros angélicos más cercanos a Dios, los serafines ligados al amor ardiente y los querubines a la plenitud del conocimiento.

¿Quiere estudiar angelología y demonología a fondo?

Este artículo nace de la biblioteca de Locus Mariologicus. El posgrado en Angelología y Demonología (especialización de posgrado, 360 horas, 100% en línea) estudia los ángeles y los demonios en la Escritura, los Padres y el Magisterio, con un área dedicada a la demonología práctica, al exorcismo y a la oración de liberación. El nuevo grupo comienza el 18 de enero de 2027. Las clases son en portugués.

Conocer el posgrado en Angelología y Demonología

Related Articles

Responses