Devolviendo a Dios lo que es de Dios: María y la consagración total a Dios

Reddite deo quae sunt dei: Maria e a consagração total a Deus

## Mariología: Reddite Deo y la espiritualidad de consagración total

**Reddite quae sunt Caesaris Caesari et quae sunt Dei Deo.** (Mc 12,17)

Esta famosa frase de Jesús en la parábola del tributo a César (Mc 12,13-17) representa una astuta defensa contra los intentos de sus adversarios de atraparlo en una trampa religiosa. Jesús escapa con una respuesta que establece una distinción clara entre dos dominios: el de César y el de Dios. Pero, al analizarla profundamente, se revela un énfasis decisivo en el segundo: **»Dai a Dios lo que es de Dios»**.

La mariología encuentra en este mandato la base para una espiritualidad de consagración total. María, al pronunciar su «fiat» (Lc 1,38), devuelve a Dios todo lo que le pertenece, convirtiéndose en el modelo de la criatura que comprende la esencia del mandato: **»Dai a Dios lo que es de Dios»**.

**I. Reddite deo: la astucia de Jesús y la sabiduría divina**

La pregunta de los fariseos y herodianos era sofisticada. El tributo romano en moneda con la imagen de César era un tema sensible en Palestina bajo ocupación. Pagar era colaborar con el ocupante; negarse, rebelión política. Jesús, con su respuesta, separa hábilmente los dominios, proponiendo: **»Dai a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios»**.

No se trata aquí de una doctrina laicista que separaría religión y Estado, sino de una afirmación radical: existe un dominio de Dios que no puede ser invadido por ningún César. Este dominio abarca todo aquello que lleva la «imagen de Dios», es decir, el ser humano (Gn 1,26-27). La moneda tiene la imagen de César; el ser humano, la imagen de Dios. **»Dai a Dios lo que es de Dios»** significa, en última instancia, devolverle al ser humano entero.

La sabiduría de Jesús trasciende lo retórico; es teológica. Rechaza tanto el clericalismo que fusiona lo político con lo religioso, como el laicismo que excluye a Dios del ámbito público. Hay un espacio legítimo para César, pero siempre subordinado al dominio más fundamental de Dios. Ningún César puede reclamar lo que pertenece a Dios, y lo que pertenece a Dios es el ser humano hecho a su imagen.

**II. Imago Dei: el ser humano perteneciente a Dios**

La expresión «imago Dei» (Gn 1,26-27) designa la dignidad inherente al ser humano como creación de Dios. No es un privilegio ontológico, sino una vocación dinámica: ser «imagen de Dios» implica una participación activa en la obra creativa de Dios.

Tradiciones patrísticas, como las de Agustín en *De Trinitate* y Gregorio de Nisa en *De Hominis Opificio*, profundizaron esta teología. La «imagen de Dios» no es un estado estático, sino un proceso: la gracia restaura progresivamente la imagen desfigurada por el pecado, hasta alcanzar su plena realización en la visión beatífica.

María, al ser la criatura en quien la «imago Dei» se realizó plenamente, es el arquetipo de la humanidad redimida. Su Inmaculada Concepción no implica una eliminación del pecado original, sino su realización más perfecta: María, libre de toda desfiguración, es la que entrega a Dios lo que le pertenece, reflejando así la vocación humana al amor y a la libertad absoluta.

**III. El «fiat» de María como «Reddite Deo»**

El «fiat» de María (Lc 1,38) es la expresión más pura del **»Reddite Deo»**: ella entrega a Dios todo lo que le pertenece, su libertad, cuerpo, vida y amor. Esta entrega total encuentra eco en el día del Sábado, cuando el ser humano, deteniéndose para descansar en Dios, reconoce no ser el señor de la creación, sino su administrador.

**IV. César y Dios en el mundo secularizado**

La parábola del tributo a César adquiere una resonancia contemporánea en un mundo cada vez más secularizado. El «César» moderno, el Estado, el mercado o la opinión pública, reclaman dominios que pertenecen a Dios. El mandato de Jesús **»Dai a Dios lo que es de Dios»** se convierte en una resistencia cultural necesaria contra esta tendencia.

María, al vivir bajo el dominio de un César real (el Imperio Romano), no fue definida por él. Su identidad provenía de su relación con Dios, no de su posición social o política. En la cultura contemporánea, su ejemplo inspira a una fe pública y alegre que «da a Dios lo que es de Dios» sin dejarse domesticar por el poder.

La herencia de San Felipe Neri, cuya memoria se celebra hoy, es relevante al respecto. Fundador del Oratorio en Roma en un contexto de tensiones políticas y religiosas, eligió la vía de la alegría, la cultura, la oración y el servicio como forma de dar a Dios lo que le pertenece, evitando tanto el enfrentamiento directo con el poder como su estéril negación.

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