¿La crisis sacerdotal es una crisis mariana?

La crisis sacerdotal en nuestros días no se refiere únicamente al celibato, sino a la naturaleza y figura del sacerdocio. Es una crisis de identidad. Pensemos por un momento que hoy un sacerdocio meramente religioso y sacramental se confunde con acción política.
El sacerdocio es una función de tiempo determinado y horario fijo, ¿o el padre es verdaderamente un profesional a tiempo completo apasionado?
¿Qué es lo específico del sacerdote? ¿Cuáles medios concretos deben utilizarse para que la actividad sacramental sea expresión de una fe que abarque toda la vida personal y social, y no un ritual externo?
Sería ingenuo atribuir la crisis sacerdotal a la crisis mariana, pero no existe duda de que estas son contemporáneas y están vinculadas. Ambas provienen de causas más profundas y generales, como las de las estructuras mentales y sociales actuales que obligaron a una revisión de toda la teología, poniendo en crisis tanto la presentación de la Virgen María como el concepto de sacerdocio.
Tal vez un elemento común sea la alergia a las mediaciones típica de la mentalidad contemporánea que socava los medios para focalizar el fin. ¿Puede Dios ser mediado?
En realidad, dado que tanto Nuestra Señora como el sacerdote tienen su mediación en Cristo, esta alergia a la mediación podría haberlos colocado en crisis.
Pero la causa es mucho más profunda: la insuficiencia de las imágenes del pasado para dirigir los profundos cambios en la cultura, la teología, la vida de la Iglesia.
La devoción mariana no puede ser considerada una aventura que resuelva todos los problemas debatidos sobre el sacerdocio. Pero tampoco debe verse como una complicación inútil o incluso como un obstáculo entre el sacerdote y Cristo. La experiencia espiritual de muchos sacerdotes del pasado y del presente, pensemos en San Maximiliano Kolbe, nos asegura que María no es un impedimento, sino una ayuda válida para la unión con Dios y para el ejercicio del ministerio sacerdotal.La *presencia de María* en el culto de la Iglesia ayudará al sacerdote a tomar conciencia de su misión y a vivir mejor su espiritualidad. Algunos sacerdotes testifican la correlación entre el crecimiento de la devoción mariana y el progreso de la vida espiritual. Y, por otro lado, la crisis mariana se resolverá si hay un compromiso con la experiencia mariana de los sacerdotes, como sucedió en tantos otros períodos de la historia de la Iglesia.**¿Qué significado puede tener María en el culto de la Iglesia para la vida del sacerdote?** Esta es la pregunta que cada uno de nosotros se hace personalmente. Aquí, suponiendo un auténtico *culto mariano*, es decir, libre de falsificaciones, abierto a las dimensiones eclesiales, según las orientaciones del Concilio. Tal culto es un valor inalienable de la vida de la Iglesia. Aunque ha sufrido contratiempos periódicos, de hecho puede compararse con las olas del mar: María en el culto de la Iglesia siempre ha resistido a la prueba y, por lo tanto, permanece *un fenómeno irresistible* en la historia de la Iglesia. Como exhorta el Concilio, la presencia de María en el culto de la Iglesia debe ser promovida con generosidad y llena de sentido para la vida cristiana y sacerdotal. Veamos:**Cita de Lumen Gentium sobre la Virgen María**«El Concilio Sagrado enseña esta doctrina católica y alienta a todos los hijos de la Iglesia a promover generosamente el culto a la Santísima Virgen, especialmente el culto litúrgico, a tener en alta estima las prácticas y ejercicios piadosos hacia Ella, aprobados a lo largo de los siglos por la enseñanza, y a mantener fielmente todo aquello que se ha decretado anteriormente sobre el culto a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos. A los teólogos y predicadores de la Palabra de Dios, les exhorta a evitar cuidadosamente tanto un falso exceso como una excesiva estrechez en la consideración de la dignidad singular de la Madre de Dios. Al estudiar, bajo la guía del Magisterio, la Sagrada Escritura, los Padres Santos y Doctores, y las liturgias de las Iglesias, expliquen adecuadamente las funciones y privilegios de la Santísima Virgen, que todos se refieren a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. Eviten cuidadosamente en sus palabras y actitudes todo lo que pueda inducir a error acerca de la auténtica doctrina de la Iglesia a los hermanos separados o a cualquier otro. Y los fieles recuerden que la verdadera devoción no surge de una emoción estéril y pasajera, sino que nace de la fe, que nos hace reconocer la grandeza de la Madre de Dios y nos impulsa a amar filialmente a nuestra madre y a imitar sus virtudes».**Respuesta al designio de Dios**Consideramos que el primer significado de María en el culto de la Iglesia es como respuesta al designio de Dios. La presencia de María en el culto de la Iglesia es un fenómeno complejo que afecta profundamente al sentimiento y la sensibilidad humana. Psicólogos y filósofos buscan afirmar la activación de los mecanismos psicológicos ante la figura materna y protectora de María, el ideal de una humanidad creada en belleza y perfección. Quizás por ello, durante el Concilio, cuando se abordó el tema de Nuestra Señora, surgió una polémica intensa: ¿Incluir o no a María en el documento sobre la Iglesia, proclamar o no un nuevo dogma? Algunos incluso quisieron afirmar que era necesario analizar psicológicamente a los Padres conciliares para descubrir las causas profundas de la activación del sentimiento ante la Virgen. Este punto tocó de manera vital la psicología de los cristianos y, por ende, de los obispos. Se pueden citar también las páginas de filósofos como Hegel y Fichte, quienes exaltan a María como figura estética de gran valor en relación con la vida del espíritu.Sin embargo, queda abierta la cuestión de que la relación auténtica con María no se determina principalmente a partir del mecanismo psicológico y las aspiraciones humanas, sino por la Revelación. No debemos olvidar que María fue elegida por Dios y su papel en la historia de la salvación es parte integral de la Revelación cristiana.> **»Procede de la verdadera fe, por la cual somos llevados a reconocer la preeminencia de la Madre de Dios y somos conducidos al amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes»** (Lumen Gentium 67).**¿Qué orienta la presencia de María en el culto de la Iglesia?**La verdadera fe, pues esta nos presenta a María con su misión única e irrepetible. No fue simplemente la criatura que introdujo a Cristo en la humanidad, y esto ya es un servicio a la Iglesia, un carisma verdaderamente excepcional porque hizo posible la redención humana. Fue María quien se abrió a Dios con una fe tan ejemplar que puso en movimiento la fe de la Iglesia, como instrumento libre y responsable para la salvación. Dios operó en la Virgen esta **elección**, presentándola así al reconocimiento del Pueblo de Dios. Cristo la unió a su misión regeneradora y la presentó como un don a acoger en la fe pascual. Cristo dio muchos dones a la humanidad: dio su vida, dio el Espíritu, dio la Escritura, dio a María.El **acogimiento** indicado en el Evangelio de Juan es la actitud de fe: debemos abrirnos a María, acogerla como don e introduciéndola, como dice Pablo VI, **»en el recóndito de la religión personal»**, para un diálogo siempre renovador.Cerrarse a la relación personal con María significa cerrarse al plan de salvación, ignorando la obra de Dios y el don de Cristo. Aunque debamos reconocer que no somos responsables por no acoger hasta saber o descubrir el valor de María. Pero una cosa es ignorar una verdad, otra muy diferente, después de conocerla, rechazarla. Una vez que conocemos el lugar de María en la historia de la salvación, no podemos negarlo, porque negarlo sería apartarse de uno de los elementos colocados por Dios para la realización de su plan de salvación.Aún peor sería también la anulación de la palabra bíblica que prevé la convergencia de las generaciones de la nueva alianza en alabanza de María por las grandes cosas realizadas en ella por el Señor (Lucas 1,48). El alabanza a María no puede ser interrumpida a lo largo de los siglos.Además, la Iglesia es comunión, comunidad, sociedad de salvación: en ella emergen las personas, sobre todo las que están en sus orígenes y de las cuales partió el movimiento de la fe. La Madre de Dios se encuentra bien en la puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento:– En ella Israel se convierte en Iglesia. – Es la persona que puso en movimiento esta nueva fe. – Es la primera cristiana. – La Iglesia antes de la Iglesia.Si estuviéramos alejados del contacto con María, sería como olvidar que la Iglesia es comunión con todos los miembros que la componen, pero sobre todo con aquellos que tuvieron una misión particular, una misión de origen, una misión que nos pone en movimiento.Y, en última instancia, excluir la presencia de María en la Iglesia sería una actitud rupturista con la tradición eclesial, que otorgaba un lugar especial a la Madre del Señor en el culto al reconocer su misión en la obra de salvación.Para profundizar en la relación entre María y el sacerdocio, consulte la encíclica «Redemptoris Mater» de Juan Pablo II, sobre el papel de María en la vida de la Iglesia.**Profundice sus estudios:** explore Mariología, Teología Mariana, Apariciones Marianas y la Pós-Graduação en Mariología.Pós-Graduação en Mariología
¿Desea profundizar su formación en Mariología? Conozca la Pós-Graduação en Mariología de Locus Mariologicus – una formación académica que combina rigor teológico, vida espiritual y tradición viva de la Iglesia.
Responses