Huí al Egipto: Sir 3, Col 3 y la Sagrada Familia en la huida con Mt 2.

**Festa de la Sagrada Familia**

En el domingo de la octava de Navidad del Año A, tres textos articulan la fiesta de la Sagrada Familia como escuela de virtud y lugar de obediencia a Dios. El Eclesiástico (Sir 3,2-6.12-14) proclama la obligación de honrar a padre y madre y los beneficios que de ello derivan: expiación de pecados, riqueza espiritual, larga vida. Colosenses 3,12-21 exhorta a los fieles a revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, teniendo el amor como vínculo de perfección, y aplica estas virtudes a las relaciones familiares: esposas, maridos, hijos, padres. Mateo 2,13-15.19-23 narra la fuga de la Sagrada Familia a Egipto y su regreso a Nazaret tras la muerte de Herodes. Los tres textos describen la familia como lugar de obediencia, de virtud compartida y de fidelidad a Dios incluso en situaciones de peligro y exilio.

I. **Primera lectura: Sir 3,2-6.12-14**

El Eclesiástico fundamenta teológicamente el cuarto mandamiento: «El Señor honró al padre respecto a los hijos y consolidó el derecho de la madre sobre los hijos» (Sir 3,2). Quien respeta al padre expía pecados (v.3) y quien honra a la madre acumula tesoro espiritual (v.4). Quien respeta al padre tendrá alegría en los hijos y cuando orare será escuchado (v.5). Quien honra al padre vivirá más (v.6). Y la aplicación a la vejez: no abandones al padre en su vejez, no le des angustia en su vida (v.12). La misericordia hacia el padre no es olvidada, y en días difíciles será recordada, servirá de expiación de tus pecados (v.14). Sir 3 no idealiza la familia: reconoce que los padres envejecen, pierden lucidez, se convierten en una carga. Precisamente en ese momento, el mandamiento es más exigente y más merecedor. La Sagrada Familia de Nazaret cumplió este espíritu: María honró a Dios como Padre, Jesús honró a María y a José, y la obediencia en la familia fue el contexto en que el Hijo de Dios creció en sabiduría, estatura y gracia (Lc 2,52).

II. **Segunda lectura: Colosenses 3,12-21**

Pablo exhorta a los colosenses como «escogidos de Dios, santos y amados»: revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia (Col 3,12). Soportarse mutuamente y perdonarse mutuamente como el Señor os perdonó (v.13). Y sobre todo esto, el amor, que es el vínculo de perfección (v.14). Que la paz de Cristo presida en vuestros corazones (v.15). Y las palabras de Cristo habiten en vosotros en abundancia (v.16). Y entonces las relaciones familiares: las esposas sometámonos a nuestros maridos como conviene en el Señor (v.18). Los maridos amad a vuestras esposas y no las trateis con amargura (v.19). Los hijos, obedeced a vuestros padres en todo (v.20). Los padres, no irritéis a vuestros hijos para que no se desanimen (v.21). La familia cristiana se describe no como una jerarquía de poder sino como un lugar de virtudes compartidas donde cada relación tiene una calidad específica exigida: amor, obediencia, paciencia, no irritación. El modelo implícito es la Sagrada Familia de Nazaret.

III. **Evangelio: Mateo 2,13-15.19-23**

Después de la visita de los Magos, el ángel del Señor aparece en sueño a José: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo» (Mt 2,13). José se levantó por la noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto (v.14). La obediencia de José es inmediata y total. Mateo ve el cumplimiento de una profecía: «Del Egipto llamé a mi hijo» (v.15, citando Os 11,1). La Sagrada Familia recrea el camino de Israel: el pueblo que salió de Egipto en la salida de Éxodo está prefigurado por la familia que regresa de Egipto después de la muerte de Herodes. El ángel aparece nuevamente a José en sueño (v.19) y le dice que puede regresar, porque ya murieron los que buscaban la vida del niño (v.20). José toma al niño y a su madre y va a la tierra de Israel (v.21). Pero, temiendo a Arquelao, se dirige a Galilea y se establece en Nazaret (vv.22-23). La vida de la Sagrada Familia está moldeada por la obediencia: José obedece a los sueños, que son la voz de Dios. El exilio no es un fallo del plan de Dios: forma parte de él.

IV. María y la familia de la huida

María es la figura central de la Sagrada Familia no porque mandara o tomara decisiones, sino porque lleva. En la huida hacia Egipto, ella toma al Hijo, que es el Hijo de Dios, y huye de noche a un país extranjero. La experiencia es la de todos los refugiados: urgencia, peligro, desamparo, incertidumbre del futuro. María, que cantó el Magnificat en la Visitación, también conoce el silencio del exilio. Colosenses 3 pide a los fieles que se revistan de misericordia, bondad, humildad y paciencia: María es el modelo perfecto de estas virtudes en la vida familiar. Ella no aparece en los Evangelios discutiendo con José, cuestionando las decisiones o imponiendo su perspectiva. Aparece acogedora, guardiana, meditante. «María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19): su virtud familiar es la contemplación recogida que permite escuchar lo que Dios pide. Sabiduría 3 habla de honrar a los padres en la vejez y en la debilidad: María vivió lo contrario, fue ella quien fue cuidada por el Hijo, que se convirtió en su sustento en los años de viudez y que antes de morir la confió al discípulo amado. La Sagrada Familia de Nazaret es la primera Iglesia: tres personas unidas por la caridad que describe Colosenses 3, modelo de toda familia cristiana.

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