Id al padre José: el patriarca de Egipto como figura de San José
«Id a José» (en latín, *ite ad Ioseph*) es la respuesta que el faraón da a los egipcios hambrientos en Gn 41,55: les envía al patriarca José, hijo de Jacob, quien administraba los graneros de Egipto durante años de hambre. La tradición católica ha aplicado esta frase a San José, esposo de la Virgen María, porque José del Egipto es una figura (tipo) de José de Nazaret: así como el primero guardó el trigo que salvó a un pueblo de la muerte, el segundo guardó el Pan Vivo descendido del cielo, Jesucristo. Por ello, la Iglesia continúa repitiendo, a quien pasa por cualquier necesidad, el mandato del faraón: id a José.
Este artículo explora la frase en su original hebreo y en antiguas versiones, los paralelos tipológicos entre los dos Josés y la consolidación de esta interpretación en la doctrina, desde Pío IX hasta Francisco. Forma parte de nuestro dossier sobre josefología, la teología católica de San José.
La frase del Génesis en su original
En el texto hebreo de Gn 41,55, cuando el pueblo clama por pan, el faraón responde: לְכוּ אֶל־יוֹסֵף אֲשֶׁר־יֹאמַר לָכֶם תַּעֲשׂוּ (*lekhú el-Yoséf, asher-yomar lakhem taasú*), literalmente «id a José, quien os dirá que hagáis». La Septuaginta lo traduce: Πορεύεσθε πρὸς Ιωσηφ, καὶ ὃ ἐὰν εἴπῃ ὑμῖν, ποιήσατε («ide a José, y lo que él os dijere, haced»). La Vulgata Latina conserva la formulación que se volvió célebre: *Ite ad Ioseph et, quidquid vobis dixerit, facite*.
El oído cristiano reconoce de inmediato un eco. En Caná, María le dice a los siervos: ὅ τι ἂν λέγῃ ὑμῖν ποιήσατε (*ho que él os dijere, haced*) (Jo 2,5). La estructura es idéntica a la frase del faraón en la versión griega. En el Antiguo Testamento, un rey pagano señala a José y manda obedecerle. En el Nuevo, la Madre apunta a Jesús y manda obedecerle. Entre ambas frases se encuentra Nazaret, donde el mismo Verbo encarnado quiso obedecer a José y a María (Lc 2,51). La tradición espiritual saboreó este encuentro: ir a José es siempre, al final, ser conducido a hacer lo que Jesús diga.
José del Egipto y San José: los paralelos tipológicos
La tipología no es un adorno devocional. Pertenece al propio corpus bíblico sobre San José: la Escritura habla poco de él, pero ofrece en la historia del patriarca José (Gn 37-50) el molde profético de su misión. Los paralelismos son numerosos y precisos:
- Nombre y linaje. Ambos se llaman José, nombre que la Escritura vincula al verbo «aumentar» (Gn 30,24), y ambos son hijos de Jacob (Gn 37,2 y Mt 1,16).
- Los sueños. El patriarca es el soñador que interpreta los sueños del faraón. San José recibe en sueños, cuatro veces, las órdenes de Dios sobre el Niño y su Madre (Mt 1,20 y Mt 2,13.19.22), como se muestra en el estudio sobre los sueños de San José.
- La castidad. El primero mantiene la castidad ante la mujer de Potifar (Gn 39). El segundo vive un matrimonio virginal con la Madre de Dios, siendo llamado por la tradición «esposo casto».
- Egipto. Uno desciende a Egipto vendido como esclavo y allí se convierte en instrumento de salvación. El otro desciende a Egipto como fugitivo para salvar al Salvador (Mt 2,13-15).
- La paternidad recibida de Dios. El patriarca declara que Dios lo constituyó «padre» del faraón y señor de toda su casa (Gn 45,8). San José recibe de Dios una paternidad verdadera sobre Jesús, que Juan Pablo II describe así: «su paternidad, sin embargo, no es solo «apariente», o simplemente «sustitutiva»; sino que está plenamente dotada de la autenticidad de la paternidad humana, de la autenticidad del papel paterno en la familia» (Redemptoris custos, n. 21).
- La guarda del trigo y del Pan. El primero abre los graneros y alimenta a los hambrientos. El segundo guarda y sostiene, con el trabajo de sus manos, al que dirá de sí mismo ser el pan vivo descendido del cielo (Jn 6,51). El guardián del trigo prefigura al guardián del Pan.
La lectura tipológica en la tradición y el magisterio
Esta lectura ha ido madurando en la oración, la liturgia y la predicación de la Iglesia, que se acostumbró a aplicar el *ite ad Ioseph* al esposo de María. Sin embargo, fue el magisterio pontificio moderno quien le dio forma solemne. El 8 de diciembre de 1870, el decreto Quemadmodum Deus, por el cual Pío IX declaró a San José patrón de la Iglesia universal, abre precisamente con la tipología:
Quemadmodum Deus Iosephum illum, a Iacob Patriarcha progenitum, praepositum constituerat universae terrae Aegypti ut populo frumenta servaret, ita, temporum plenitudine adventante, cum Filium suum Unigenitum mundi Salvatorem in terram missurus esset, alium selegit Iosephum, cuius ille primus typum gesserat, quemque fecit Dominum y Principem domus ac possessionis suae, principaliumque thesaurorum suos custodem elegit. (Quemadmodum Deus, ASS 6, p. 193)
En traducción literal: Así como Dios había constituido a aquel José, generado por el patriarca Jacob, como supervisor de toda la tierra de Egipto para guardar el trigo destinado al pueblo, así, al acercarse la plenitud de los tiempos, cuando estaba a punto de enviar a la tierra a su Hijo Unigénito, Salvador del mundo, eligió a otro José, del cual el primero había sido tipo, lo hizo señor y príncipe de su casa y de sus posesiones, y lo eligió guardián de sus tesoros principales. Juan Pablo II recuerda el gesto: «En tiempos difíciles para la Iglesia, Pío IX, deseando confiarla bajo la protección especial del Santo Patriarca José, lo declaró ‘Patrono de la Iglesia Católica’» (Redemptoris custos, n. 28). Tratamos de este título en el artículo sobre San José patrono de la Iglesia.
Diecinueve años después, León XIII retomó la tipología en la encíclica Quamquam pluries (15 de agosto de 1889), el primer gran documento doctrinal sobre San José: «El José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero, por su gloria, prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia» (Quamquam pluries, n. 4). Es decir, el José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero, por su gloria, prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. En la misma encíclica, León XIII saca la consecuencia eclesial de la figura: el hogar divino que José dirigía con autoridad paterna contenía en sí a la Iglesia naciente, y por ello conviene que ahora proteja, con su patrocinio celestial, a la Iglesia de Cristo (cf. Quamquam pluries, n. 3).
Juan Pablo II, en la Exhortación Redemptoris custos (1989), formula el contenido teológico de esa custodia: «San José fue llamado por Dios para servir directamente a la Persona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad: de esta manera, precisamente, él «coopera en el gran misterio de la Redención, cuando llega la plenitud de los tiempos», y es verdaderamente «ministro de la salvación»» (Redemptoris custos, n. 8). La expresión «ministro de la salvación», heredada de San Juan Crisóstomo, entró en 2021 en la ladainia de San José como la invocación Minister salutis, junto a Custos Redemptoris y Fulcimen in difficultatibus, amparo en las dificultades, conforme a la carta de la Congregación para el Culto Divino de 1 de mayo de 2021. Francisco, por su parte, sitúa a José exactamente en el punto de unión entre las dos alianzas: «Mientras descendiente de David (cf. Mt 1, 16.20), de cuya raíz debía nacer Jesús según la promesa hecha al rey por el profeta Natán (cf. 2 Sam 7), y como esposo de María de Nazaret, San José constituye la bisagra que une el Antiguo y el Nuevo Testamento» (Patris corde, n. 1). Tipo y antítipo pertenecen, cada uno, a la misma historia de la salvación.
Ve a José hoy
Entonces, ¿qué significa «ir a José» en la vida cristiana concreta? Significa, primero, reconocer que Dios quiso poner a un hombre como administrador de sus bienes. En Egipto, nadie recibía trigo sin pasar por José. En la economía de la gracia, Dios no necesita intermediarios, pero quiso servirse de ellos: confió a José a su Hijo y a su Madre, los tesoros principales (principalium thesaurorum), como lo expresa el decreto de Pío IX. Acudir a su intercesión no desvía de Cristo, sino que conduce a Cristo, exactamente como la devoción mariana. Francisco resume la experiencia de veinte siglos diciendo que todos pueden encontrar en San José «un intercesor, un amparo y una guía en los momentos de dificultad» (Patris corde, prólogo).
Significa, después, imitar lo que se contempla. José del Egipto perdonó a sus hermanos y proveyó su sustento. José de Nazaret obedeció prontamente, trabajó, guardó silencio y sirvió. Quien va a José aprende la fe operosa del «hizo como le ordenó el ángel del Señor» (Mt 1,24, citado en Redemptoris custos, n. 1). Este es el espíritu de la consagración a San José: entregarse a su protección paterna para dejarse guiar, con María, hacia Jesús.
Significa, em última análise, ouvir a frase completa do faraó. O texto não diz apenas «ide a José», mas «ide a José e fazei o que ele vos disser». Ora, tudo o que José «diz» ele o diz com sua vida: aponta para o Menino que guardou. O *ite ad Ioseph* do Gênesis se funde ao «fazei o que Ele vos disser» de Caná. Ir ao guardião do trigo era sobreviver a uma fome de sete anos. Ir ao guardião do Pão vivo é encontrar Aquele que sacia para a vida eterna.
Perguntas frequentes
O que significa a expressão «ide a José»?
‘Ide a José’ é a tradução da frase latina *ite ad Ioseph*, dita pelo faraó aos egípcios famintos em Gn 41,55 para enviá-los ao patriarca José, guardião dos celeiros do Egito. A tradição católica aplica a frase a São José, esposo da Virgem Maria, como convite a recorrer à sua intercessão em toda necessidade. O sentido é tipológico: o guardião do trigo prefigura o guardião de Jesus, o Pão vivo.
Onde a Bíblia diz *ite ad Ioseph*?
A frase está em Gn 41,55, quando o Egito clama por pão durante a fome e o faraó responde mandando o povo ao patriarca José. No hebraico lê-se *lekhú el-Yoséf* (‘ide a José’) e a Nova Vulgata traz *Ite ad Ioseph et, quidquid vobis dixerit, facite*. A ordem completa é ‘ide a José e fazei o que ele vos disser’.
Quais são os paralelos entre José do Egito e São José?
Ambos se chamam José, são filhos de um Jacó, recebem revelações ligadas a sonhos, guardam a castidade e passam pelo Egito. O patriarca torna-se ‘pai’ do faraó e senhor da sua casa, enquanto São José recebe a paternidade sobre Jesus e o governo da Sagrada Família. O paralelo central é a guarda: um distribui o trigo que salva da fome, o outro guarda o Pão vivo descido do céu.
Quando a Igreja aplicou oficialmente essa tipologia a São José?
O decreto *Quemadmodum Deus*, de 8 de dezembro de 1870, pelo qual Pio IX declarou São José patrono da Igreja católica, abre afirmando que o José do Egito foi tipo do novo José, guardião dos principais tesouros de Deus. Leão XIII repetiu a doutrina na encíclica *Quamquam pluries* (1889), ensinando que o primeiro José prefigurou a grandeza do futuro custódio da Sagrada Família.
Como viver o *ide a José* hoje?
Recorrendo à intercessão de São José nas necessidades espirituais e materiais, como a Igreja faz desde séculos, e imitando as suas virtudes de obediência, trabalho e silêncio. Francisco lembra na *Patris corde* que todos podem encontrar nele um intercessor, um amparo e uma guia nos momentos de dificuldade. A consagração a São José e sua ladainha são caminhos concretos dessa devoção.
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