Después de haber definido los conceptos principales sobre la relación entre María y quienes han perecido, podemos ahora adentrarnos en las cosas últimas, es decir, la escatología mariana. Sin embargo, salvaguardamos que la última Palabra es aquella del Verbo que resuena desde siempre y para siempre en el gran silencio del misterio. La interrogante sobre el futuro último del hombre y del mundo es la gran cuestión que ha movido a la humanidad en su búsqueda de respuestas, pues la certeza de la muerte no es ideológica. En este contexto nacieron las filosofías, las preguntas que alimentan el camino siempre en marcha, que al final de su existencia busca lo infinito y lo inalcanzable. La pregunta que contiene todas las demás es aquella sobre Dios. La historia que busca trascender la realidad comprendiendo de dónde vino (Creación-Inmaculada) y hacia dónde va (Cielo-Asunción).En nuestra creación, entendemos que como seres espirituales existimos en relación con el mundo, con Dios y con los demás tomentes, sin esta apertura al diferente de mí mismo, no somos capaces de vivir. En sentido contrario, sin esta vida como aquel que tiene taver conmigo, no logramos encontrar un lugar en la naturaleza creada. Por ello hablamos de Adán como imagen de Dios pero no como fotocopia de Dios. La relación vital con el Creador y los creados no significa la anulación del tomente ni mucho menos la anulación de Dios, sino una comunión entre Criador y Creatura. Solo así se puede entender los conceptos de libertad y comunidad en el Evangelio. Somos al mismo tiempo historia-muerte-futuro, lo que nos lleva a mirar cada momento de la historia como un movimiento no repetitivo sin sentido, pero como un acercamiento a las cosas últimas y definitivas. La transición del pasado al presente para construir un futuro siempre está marcada por decisiones que nos transforman en socios de Dios en el proceso continuo de creación marcado por la esperanza que abre al futuro.Nuestra esperanza conlleva la cicatriz de la absoluta auto-presencia del yo que todo lo razonaba en un progreso indefinido, que rechazaba la muerte y colocaba la vida humana como el fin último. Esta perspectiva ha llevado a una búsqueda incansable de la inmortalidad física y a una negación de la realidad espiritual. Sin embargo, la esperanza cristiana no se basa en esta lógica, sino en la intervención de Dios que viene a redimir y restaurar la creación.Para profundizar en la escatología cristiana y su relación con María, es recomendable leer la Encíclica «Redemptoris Mater» de San Juan Pablo II sobre María en el misterio escatológico de la Iglesia. Además, explora temas como Mariología, Teología mariana, Apariciones marianas y la Posgrado en Mariología para ampliar tus estudios.
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