Pasa mis ovejas: María y la Iglesia nacidas del Resucitado.

Pasça as minhas ovelhas: Maria e a Igreja que nascem do ressuscitado.
## Tercero Domingo de Pascua del Año C: La aparición del ResucitadoEl texto bíblico del Tercer Domingo de Pascua del Año C nos presenta el final del Evangelio de Juan: la aparición del Resucitado a la orilla del mar de Galilea, la pesca milagrosa, la comunión matinal junto al fuego, y, sobre todo, la rehabilitación de Pedro y su misión. **»Pasce mis ovejas»**: así nace, de manera visible, la estructura pastoral de la Iglesia. Y María, Madre de la Iglesia, no está ausente en este nacimiento: su maternidad espiritual, confiada en la Cruz (Jn 19,26-27), es la dimensión afectiva y contemplativa sin la cual la estructura petrina corre el riesgo de reducirse a una pura administración.**I. El amanecer del Resucitado***»Cuando ya raía la mañana» (Jn 21,4)*, en Juan, el amanecer es tiempo de apariciones pascales. María Magdalena encontró el sepulcro vacío al amanecer (Jn 20,1). Los discípulos encuentran al Resucitado al amanecer. La aurora pascual es el momento del encuentro con el Señor Vivo, la culminación de la muerte y resurrección.Se destaca la figura de Pedro, llamado a seguir al Resucitado. Su experiencia personal con el Maestro resuena en toda la tradición cristiana: el amor que lo impulsa, las dudas que lo desafían, la fidelidad que finalmente triunfa. María, con su amor incondicional y su entrega total, es el modelo perfecto para todos los discípulos llamados a seguir al Resucitado.**II. La misión pastoral y el modelo materno**El mandato del Resucitado a Pedro: **»Pasce mis ovejas»** (Jn 21,17) no es una referencia a un rebaño propio. Pedro recibe la responsabilidad de cuidar del rebaño de otro, una estructura de servicio fundamental en la Iglesia. La Iglesia primitiva, con una estructura fundamentalmente materna, acoge, alimenta, cuida y genera para la vida. María, como Madre de Cristo y de todos los miembros de su Cuerpo, es el modelo supremo de esta maternidad eclesial.Los actos de los Apóstoles (1,14) describen el período entre la Ascensión y Pentecostés: los apóstoles, incluyendo Pedro, reunidos en el Cenáculo, perseveran en oración **»con María, madre de Jesús»**. Esta conjunción, María y Pedro, maternidad y primado, amor y estructura, es un tema rico en la eclesiología contemporánea.**III. La profecía del martirio y la libertad del amor**En Jn 21,18-19, se profetiza el martirio de Pedro: **»Cuando fueres viejo, extenderás tus manos y otro te cingirá y te llevará adonde no quieras»**. Esta profecía se cumple en la muerte del apóstol, un martirio que repite, de forma espelhada, la muerte del Maestro. María, sin embargo, vive el seguimiento más radical antes que Pedro: lo hace con una libertad total, renovando su elección en cada paso del camino. Su amor incondicional y su entrega al Hijo la convierten en la primera «mártir espiritual».El cierre del Evangelio de Juan, **»Todavía hay muchas otras cosas que Jesús hizo»** (Jn 21,25), sugiere que la historia narrada es solo el comienzo. María, guardiana de la memoria no escrita, mediadora de la tradición viva activada por el Espíritu en la comunidad de creyentes a lo largo de la historia, continúa inspirando a los pastores para que cuiden del rebaño con el amor materno aprendido de ella.Que este Tercer Domingo de Pascua nos profundice en la fe en aquella que es al mismo tiempo Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.

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