*Redemptoris custodes: Guardián del Redentor* de Juan Pablo II

**Redemptoris custos** («el guardián del Redentor») es la **exhortación apostólica de San Juan Pablo II sobre San José**, firmada el 15 de agosto de 1989, en el centenario de la encíclica *Quamquam pluries* de León XIII. Es el documento más completo de la Iglesia dedicado a José: en treinta y dos párrafos, el Papa expone la figura y misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia, abordando el matrimonio verdadero con la Virgen, la paternidad real sobre Jesús, el trabajo de carpintero, el silencio contemplativo y la patronaje sobre la Iglesia universal. Quien busca la enseñanza magistral de referencia sobre San José debe comenzar por aquí.

Contexto y ocasión: cien años de *Quamquam pluries*

La exhortación surge de un aniversario preciso. El 15 de agosto de 1889, León XIII publicó la encíclica *Quamquam pluries*, el documento josefino más denso del siglo XIX, que pedía la intercesión de San José en tiempos difíciles para la Iglesia. Antes de ella, Pío IX ya había declarado a José «Patrono de la Iglesia Católica» por el decreto *Quemadmodum Deus*, del 8 de diciembre de 1870. Cien años después de León XIII, Juan Pablo II retoma y profundiza esa línea magistral con una clave nueva, condensada en el propio título: José es, ante todo, el guardián del Redentor, el hombre a quien Dios confió la custodia de su Hijo.En el primer párrafo, el Papa sitúa a José en el corazón del misterio de la Encarnación:
Fue precisamente en este misterio que José de Nazaret «participó» como ninguna otra persona humana, excepto María, la Madre del Verbo Encarnado. Él participó en tal misterio simultáneamente con María, involucrado en la realidad del mismo evento salvífico, y fue depositario del mismo amor (*Redemptoris custos*, n. 1).
Esta es la tesis arquitectónica de todo el documento: después de María, nadie estuvo tan cerca del misterio de Cristo como José. Y Juan Pablo II precisa la forma de esta cercanía: «De este misterio divino, junto con María, José es el primer depositario. Simultáneamente con María -y también en relación con María- participa en esta fase culminante de la auto-revelación de Dios en Cristo» (n. 5).

Estructura de la exhortación

El texto se organiza en una introducción (n. 1) y seis capítulos:
  1. El contexto evangélico (nn. 2-3): el anuncio del ángel a José y el matrimonio con María.
  2. El depositario del misterio de Dios (nn. 4-16): la fe de José y su presencia en los misterios de la infancia de Jesús.
  3. El hombre justo – el esposo (nn. 17-21): el silencio, la justicia y la paternidad.
  4. El trabajo, expresión del amor (nn. 22-24): el carpintero de Nazaret y el evangelio del trabajo.
  5. El primado de la vida interior (nn. 25-27): la contemplación escondida bajo las acciones.
  6. Patrono de la Iglesia de nuestra época (nn. 28-32): la actualidad del patronaje josefino.

El matrimonio verdadero con María

El primer pilar teológico de la exhortación es el vínculo esponsal. Juan Pablo II afirma sin ambages: «Como se deduce de los textos evangélicos, el matrimonio con María es el fundamento jurídico de la paternidad de José. Dios eligió a José como esposo de María para garantizar la protección paterna a Jesús» (n. 7). El matrimonio josefino no es un arreglo escénico, sino la vía elegida por Dios para insertar al Hijo en la descendencia de David y darle un padre según la ley.

Al recibir a María en su casa, José acoge todo lo que en ella se realizó: «Él la recibió con todo el misterio de su maternidad; la recibió con el Hijo que estaba por venir al mundo por obra del Espíritu Santo: demostró así una disponibilidad de voluntad, similar a la disponibilidad de María, en orden a lo que Dios le pedía a través de su mensajero» (n. 3). El Papa llega a equiparar el gesto de José con el fiat de la Anunciación: José no respondió al anuncio del ángel con palabras, como María, sino «hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó a su esposa», y lo que hizo, escribe Juan Pablo II, es una «obediencia pura de fe» (n. 4, con referencia a Rm 1, 5). El sí matrimonial de José se identifica con su sí a los planes de Dios: la figura del carpintero es inexplicable sin la relación esponsal con la Virgen.

La paternidad de José, «ministro de la salvación»

Sobre este fundamento esponsal se erige la tesis más debatida y más fecunda del documento, la de la paternidad verdadera de San José. En el n. 21, Juan Pablo II descarta las lecturas minimalistas:

En ella, José es el padre: pero su paternidad no es solo «apariente», o simplemente «sustitutiva»; sino que está plenamente dotada de la autenticidad de la paternidad humana, de la autenticidad de la misión paterna en la familia (Redemptoris custos, n. 21).

José no generó a Jesús, pero es padre en sentido propio, no por ficción jurídica ni por mera apariencia. La señal bíblica de esta paternidad es la imposición del nombre: et vocavit nomen eius Iesum, «y llamó su nombre Jesús» (Mt 1, 25, en la Nueva Vulgata). Es José, por orden del ángel, quien nombra al Salvador: al confiarle este gesto, señala la propia exortación, Dios le confiaba a él los encargos de un padre terrenal en relación con el Hijo de María (n. 3). Por eso el documento puede decir que José «fue llamado por Dios para servir directamente a la Persona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad»: de esta forma él «coopera en el gran misterio de la Redención, cuando llega a plenitud de tiempos», y es verdaderamente «ministro de la salvación» (n. 8). En el mismo párrafo, Juan Pablo II recoge la afirmación vertiginosa de León XIII: por disposición divina José fue guardián del Hijo de Dios, de donde se seguía «que la Palabra de Dios estuviera sometida a José, le obedeciera y le prestara aquella honra y aquella reverencia que los hijos deben a sus padres» (n. 8, citando Quamquam pluries).

El justo y el silencio elocuente

El evangelio define a José con una sola palabra: «justo» (Mt 1, 19), iustus en la Nueva Vulgata. En sentido bíblico, el justo no es solo el hombre honesto, sino el santo íntegro que escucha y obedece. Juan Pablo II lee esta justicia a través del silencio de José, del cual los evangelios no registran palabra alguna:

Pero ese silencio de José tiene una elocuencia especial: gracias a tal actitud, se capta perfectamente la verdad contenida en el juicio que nos ofrece el Evangelio: el «justo» (Mt 1, 19) (Redemptoris custos, n. 17).

Ese silencio no es vacío, sino denso de interioridad. Los Evangelios, señala el Papa, hablan exclusivamente de lo que José «hizo», y sin embargo nos dejan escuchar en sus acciones, envueltas por el silencio, «un clima de profunda contemplación» (n. 25). En José se supera la antigua tensión entre vida activa y vida contemplativa: el carpintero que trabaja es el mismo hombre que guarda el misterio en su corazón.

El trabajo, expresión del amor

El cuarto capítulo inserta a San José en el evangelio del trabajo. La síntesis del Papa es de una concisión notable: «Gracias a su taller, junto al cual ejercía su oficio junto a Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la Redención» (n. 22). El trabajo manual de Nazaret, aparentemente banal, es santificado desde adentro porque se realiza en compañía del Verbo encarnado. El Catecismo amplía la misma intuición: por su sumisión a María y José y por el humilde trabajo en Nazaret, Jesús da ejemplo de santidad en la vida cotidiana de la familia y el trabajo (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 564).

Patrono de la Iglesia de nuestro tiempo

El capítulo final actualiza el gesto de Pío IX. Recuerda Juan Pablo II que, «en tiempos difíciles para la Iglesia», Pío IX, deseando confiarla bajo la protección especial del Santo Patriarca, declaró a José «Patrono de la Iglesia Católica» (n. 28). Lo que José fue para la Sagrada Familia de Nazaret, continúa siéndolo para la familia de Dios: por ello el título de patrón de la Iglesia no es honorífico, sino operativo. La oración conclusiva de la exortación extiende esta custodia a todos los estados de vida:

Que San José se convierta para todos en un maestro singular en el servicio de la misión salvífica de Cristo, que, en la Iglesia, compete a cada uno y a todos: a los esposos y padres, a quienes viven del trabajo manual y de cualquier otra labor, a las personas llamadas a la vida contemplativa y a las que son llamadas al apostolado (Redemptoris custos, n. 32).

De Redemptoris costos a Patris corde

La exortación de 1989 se convirtió en la matriz de todo el magisterio josefino posterior. El 8 de diciembre de 2020, con motivo del 150º aniversario de la declaración de Pío IX, Francisco publicó la carta apostólica Patris corde, que asume y desarrolla las tesis de Juan Pablo II, recordando que «después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el magisterio pontifical como José, su esposo» (Patris corde, prólogo). Al año siguiente, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos añadió a la ladainha de San José siete nuevas invocaciones, y la primera de ellas, Custos Redemptoris, «guardián del Redentor», fue tomada exactamente del título de la exortación (Carta a las Conferencias Episcopales, 1.5.2021).

Más de tres décadas después, la *Redemptoris custos* sigue siendo la puerta de entrada obligatoria a la josefología, el estudio teológico de San José. En ella, el santo del silencio recibió finalmente una palabra magistral a la altura de su misterio: el hombre justo que, al ser esposo de María y padre de Jesús, guardó al Redentor y continúa guardando su Cuerpo, que es la Iglesia.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Redemptoris custos?

Redemptoris costos («el guardián del Redentor») es la exortación apostólica de San Juan Pablo II sobre la figura y misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. Fue firmada el 15 de agosto de 1989, en el centenario de la encíclica *Quamquam pluries* de León XIII. Se considera el documento pontífico más completo dedicado a San José.

¿Cuál es el documento de la Iglesia sobre San José?

El documento magisterial de referencia sobre San José es la exortación apostólica *Redemptoris costos*, de Juan Pablo II (1989). Se basa en textos anteriores, como el decreto *Quemadmodum Deus* de Pío IX (1870) y la encíclica *Quamquam pluries* de León XIII (1889), y fue retomada por Francisco en la carta apostólica *Patris corde* (2020).

¿Qué enseña la Redemptoris costos sobre la paternidad de San José?

La exortación enseña que la paternidad de José no es solo aparente ni sustitutiva, sino dotada de la plena autenticidad de la paternidad humana (n. 21). Su fundamento jurídico es el matrimonio verdadero con María (n. 7). A través de esta paternidad, José sirve directamente a la persona y misión de Jesús y es llamado ministro de la salvación (n. 8).

¿Por qué Juan Pablo II escribió la *Redemptoris costos* en 1989?

El Papa quiso marcar el centenario de la encíclica *Quamquam pluries*, publicada por León XIII el 15 de agosto de 1889. La ocasión sirvió para actualizar la doctrina sobre San José y proponerlo nuevamente como patrón de la Iglesia y modelo para esposos, padres, trabajadores, contemplativos y apóstoles (n. 32).

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