La Virgen y el niño en los mosaicos absidiales

A Virgem e o menino nos mosaicos absidiais
# Virgen madre con el niño en pie## Iconografía de la Virgen María con el Niño: Un análisisLa más antigua tipología iconográfica de la Virgen Madre con el Niño representada aisladamente deriva de la escena de la *Adoración de los Reyes Magos*, transformada de una escena lateral a una frontal y simétrica. La separación de los personajes secundarios, ya sean los magos convertidos en dos o cuatro por razones de simetría, o su sustitución por otros (ángeles, santos, donantes y comitentes), se realiza directamente.Se trata del tipo más frecuente. Esta preferencia está vinculada al mensaje simbólico transmitido por la propia estructura, es decir, la disposición de las dos figuras principales entre sí y ambas en relación con el espacio circundante. Además de los medios de expresión simbólica utilizados desde la antigüedad tardía para representar lo divino (la frontalidad, la inmovilidad, la impassibilidad, la solemnidad, el fondo uniforme, a menudo dorado), lo que caracteriza este tipo iconográfico es la figura reforzada del Niño en comparación con la de su Madre y la tendencia vertical de toda la composición, fuertemente centrada. El Niño no aparece naturalmente sentado en el regazo de su Madre, sino de pie, mientras María dibuja la vertical que forma el fondo composicional y cromático de la Encarnación del Verbo.También aquí, como ya se mencionó en relación con la iconografía mariana del primer período, se impone la ausencia de una expresión de intercambio afectivo entre la Madre y el Hijo. Ambos miran hacia adelante. En la variante donde la Virgen está de pie, la relación recíproca entre el Hijo y la Madre no cambia. Parece entonces evidente que la presencia del trono no es esencial. El núcleo del mensaje de este módulo se encuentra en el eje de las dos figuras, todas orientadas hacia arriba con una verticalidad imaginaria que va desde la Redención a la Asunción de la Virgen Madre. O ese camino descendente-ascendente que expresa el movimiento de la Redención: la Encarnación, la divinización. La Madre no realiza ninguna acción, sino la implícita de presentar al mundo a Jesús, el Hijo de Dios. La verticalidad de su figura la convierte en testigo y heralda de ese eje vivo de mediación entre la tierra y el cielo que es el Verbo encarnado.Este es el gran *espacio* simbólico, que también es el *locus mariológico* de la Virgen María. La Madre no realiza ninguna acción, solo presenta al mundo a Jesús, el Hijo de Dios. Es la propia verticalidad de su figura la que la convierte en testigo y heralda de ese eje vivo de mediación entre la tierra y el cielo que es el Verbo encarnado.

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