La Presentación del Señor: historia, mariología y tradición litúrgica

La Presentación del Señor se celebra el 2 de febrero y es una de las fiestas más antiguas del calendario litúrgico cristiano. En el segundo episodio del Podcast de Mariología, el Prof. Daniel Afonso recorre la historia de esta celebración desde sus raíces en Jerusalén hasta su implantación en Roma, mostrando cómo la Presentación del Señor es, al mismo tiempo, una fiesta de Cristo y una fiesta de María.

I. El texto bíblico: Lucas 2,22-40
El fundamento de la Presentación del Señor es el relato lucano de la purificación de María y la dedicación de Jesús en el Templo de Jerusalén (Lc 2,22-40). cuarenta días después del nacimiento, conforme a la Ley de Moisés, José y María llevan al Niño al Templo, donde ofrecen «un par de palomas o dos pichones» (Lc 2,24). Allí encuentran a Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y a Ana, hija de Fanuel, profetisa que nunca dejaba el Templo. Este episodio condensa el encuentro entre la antigua y la nueva alianza.
II. La peregrinación de Egéria y los orígenes en Jerusalén
El testimonio más antiguo sobre la celebración litúrgica de la Presentación del Señor se encuentra en la Peregrinación de Egéria, relato de una peregrina hispánica del siglo IV que visitó Jerusalén. Egéria describe la fiesta del cuadragésimo día después de la Epifanía como una celebración de máxima exultación, comparable a la Pascua. Sacerdotes predicaban y el obispo comentaba la pasaje del Evangelio en que José y María llevan al Señor al Templo, encuentran a Simeón y Ana, y ofrecen el sacrificio prescrito por la Ley.
El testimonio de Egéria es precioso porque revela una comunidad cristiana que, aún en el siglo IV, vinculaba la Presentación del Señor a la gran tradición pascual de la Iglesia de Jerusalén. La celebración incluía una predicación pública, en el espacio de la ciudad, seguida de la Eucaristía, en un rito binario que unía la palabra y el sacramento en una única acción litúrgica.
III. Simeón y la espada que atravesará la alma de María
En la narrativa de la Presentación del Señor, Simeón toma al Niño en sus brazos, proclama el canto Nunc dimittis («Ahora, Señor, dejas partir a tu siervo en paz», Lc 2,29-32) y dirige a María una profecía inquietante: «una espada atravesará tu propia alma» (Lc 2,35). Esta palabra de Simeón es uno de los textos fundadores de la reflexión mariológica sobre la compassión de María, su participación en el sufrimiento redentor del Hijo.
La tradición patrística y medieval interpretó esta espada como el signo del dolor que María vivió a lo largo de la vida de Jesús, culminando en la Cruz. La Presentación del Señor es, por ello, una fiesta que anticipa la Pasión: el encuentro en el Templo entre Simeón y la Sagrada Familia proyecta una sombra solemne sobre la alegría de la Navidad, recordando que el Hijo de María vino para ser «señal de contradicción» (Lc 2,34).
IV. Ana, hija de Fanuel: el testimonio profético femenino
Junto a Simeón, el Evangelio presenta a Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Profetisa de ochenta y cuatro años, «que nunca salía del Templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día» (Lc 2,37), toma la palabra y habla del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. La presencia de Ana en la narrativa de la Presentación del Señor subraya la dimensión profética femenina en la historia de la salvación, en paralelo con María, que es ella misma figura de la Iglesia que espera y acoge.
V. La fiesta llega a Roma: el papa Sergio I y Santa María Mayor
La Presentación del Señor llega al Occidente latino en el siglo VII. El Papa Sergio I (687-701), de origen oriental, acogió la fiesta en Roma e introdujo la procesión de velas, conservando su nombre griego de Hipapante (encuentro). La procesión partía hacia Santa María Mayor, la primera basílica dedicada a Nuestra Señora en el Occidente latino, en un gesto que unió la celebración del Hijo a la devoción mariana romana.
Daniel Afonso subraya que la elección de Santa María Mayor como destino de la procesión no es fortuita. La Presentación del Señor es una fiesta de Cristo que pasa necesariamente por María: ella es quien conduce al Hijo al Templo, ella quien oye la profecía de Simeón, ella quien intercede por el pueblo que se reúne en la procesión de velas. Roma supo captar esta inseparabilidad e inscribirla en la piedra de su más antigua basílica mariana.
VI. La procesión de velas y su dimensión mariológica
La procesión de velas que caracteriza a la Presentación del Señor tiene sus raíces en la liturgia de Jerusalén y en la tradición griega. Al llegar a Roma con el Papa Sergio I, se integró a la espiritualidad mariana del Occidente: las velas encendidas simbolizan a Cristo, «luz para iluminar a las naciones» (Lc 2,32), llevado en los brazos de María como un sacerdote lleva la hostia. A medida que la fiesta se extendió por la Iglesia Latina, la dimensión mariana fue cobrando mayor relevancia, dando origen al nombre popular de «Candelaria» y reforzando el vínculo entre la Purificación de María y la Presentación de su Hijo.
VII. Una fiesta mariológica en el corazón del año litúrgico
La Presentación del Señor ocupa un lugar único en el año litúrgico: es la fiesta que cierra el ciclo navideño y abre el tiempo común, recordando que la fe cristiana no es una devoción sentimental al Niño, sino la aceptación de un camino que pasa por la cruz. Para la Mariología, esta fiesta es de suma importancia: muestra a María no solo como madre cuidadora, sino como mujer que obedece a la Ley, que acoge la palabra de la profecía y que acompaña al Hijo hasta el corazón del misterio pascual.
El Podcast de Mariología invita a los oyentes a redescubrir la riqueza teológica de la Presentación del Señor y de todas las fiestas del Señor en las que María está presente. Quien desee profundizar en estos temas desde una perspectiva académica, encontrará en Locus Mariologicus la Maestría en Mariología, el único programa en portugués dedicado a la reflexión sistemática sobre la Virgen. Cf. Lumen Gentium, n. 57: «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte».
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