Maria, mujer del Génesis: Gn 3,15, el proto-evangelio y la enemistad entre la mujer y la serpiente en la tradición tipológicaCuando abrimos la Biblia, observamos que el primer libro, Génesis, y el último, Apocalipsis, hablan de una mujer. No revelan su nombre, o cuando lo hacen, los nombres traducen su papel en la narración pero no su identidad (Eva = madre de los vivientes).Sabiendo que Dios, según la Biblia, irrumpe en la historia para establecer alianzas con los hombres, en este contexto, la mujer debe estar vinculada a esta alianza. Comenzando el Génesis con la narración de una caída original que introdujo el motivo del pecado en el mundo, también se anuncia una alianza con la mujer y su descendencia. Esta alianza-promesa-testamento fue formulada en Génesis 3,15: «Poneré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Esta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar». Esta enemistad anunciada entre la Mujer y el Espíritu del Mal coloca a la Mujer como aliada de Dios, es decir, dentro de la Alianza que Dios hace con los hombres. Sobre este versículo, añadimos que la traducción latina atribuye que será la mujer quien aplaste la cabeza de la serpiente, mientras que el texto hebreo asigna a su descendencia la victoria.Permanece el hecho de que la hostilidad entre serpiente y mujer en el Génesis es un acto querido por Dios. Esta hostilidad surge del pecado, y según la narración, la mujer habría sido amiga de la serpiente e enemiga de Dios. Con el proto-evangelio, la situación se invierte: el poder de salvación de Dios coloca a la mujer como enemiga de la serpiente y amiga de Dios. Esta narración primordial sobre el primer pecado demuestra cómo la posición de la mujer en la Alianza de Dios con los hombres es deseada y ofrecida gratuitamente por Dios.Al ir más allá de la superficialidad del texto, vemos que la interpretación del mismo debe tenerse en cuenta para adentrarse en el profundo sentido espiritual de la Escritura. El verbo *shuf* usado para hablar de esta lucha entre la descendencia y la serpiente llevó a algunos traductores a decir que, mientras la mujer pisa la cabeza de la serpiente, esta mordería su calcañar. Así, podría interpretarse como una lucha circular entre ambos sin un signo definitivo de victoria. En este caso, la victoria definitiva de Dios en la humanidad de Cristo no existiría y el oráculo de Dios sobre las castigas de la serpiente no tendría valor, ya que sería una lucha entre el bien y el mal sin considerar a la serpiente como una criatura sometida a la soberanía divina. Claramente, la victoria definitiva es del Mesías Salvador, ante quien la serpiente solo puede mirar desde abajo hacia el calcañar que la aplasta, en un modo en que el Espíritu del Mal permanece siempre impotente.Por otro lado, el linaje de la mujer conserva un significado misterioso. Probablemente se refiere a un descendiente masculino que debería reparar la derrota de Adán, y esta victoria abrirá a la humanidad un nuevo destino (victoria pascual). Sin embargo, debemos considerar que el hombre proviene de una mujer y esta situación confirma lo dicho sobre el papel de la mujer en la lucha contra el demonio. Una designación aún más expresiva es aquella de la procedencia del hombre de la mujer, ya que, desde una perspectiva de salvación, la restauración de la creación se realiza por un hombre nacido de mujer.Sobre la identidad de esta mujer, sin querer forzar el texto, sabemos que es una referencia inicial a Eva como punto de partida pero abierta al futuro, ya que la mujer es *escatológica y messiánica* y, como tal, será la Madre del Mesías. En el contexto hebreo, la bendición de los patriarcas conferida por Dios comienza con las mujeres como Sara, Rebeca, Raquel, que se convierten en madres por intervención de YHWH. Esta prioridad de las madres en las bendiciones de Dios para favorecer el nacimiento del Hijo cumple el designio de Dios: el descendiente elegido por Dios, que preparará el gran destino del pueblo, es ofrecido a su madre dentro de una alianza.Podemos concluir entonces que existe una hostilidad entre la mujer y la serpiente incluso antes de que se anuncie la victoria definitiva de su descendiente. María aparece entonces *prefigurada* en el episodio de la Anunciación. Aunque el oráculo no precisa la identidad de la mujer, habla de su función y, por ello, Dios quiso hacer de la mujer una aliada en la lucha contra el Espíritu del Mal y quiso atribuir a esta *mujer* una maternidad que llevaría a la victoria final de una vez para siempre.La alianza establecida con María, siguiendo el proto-evangelio, aparece claramente como una alianza decisiva para el destino de toda la humanidad, alianza que, comenzando con la mujer y terminando con la victoria de su hijo, debería hacer la nueva creación de lo que fue destruido por el pecado.Terminamos este recorrido con las palabras de San Juan Pablo II:«Al lado de la narración de San Lucas sobre la Anunciación, la Tradición y el Magistrio indicaron el Proto-Evangelio (*Gen* 3,15) una fuente escriturística de la verdad de la *Imaculada Concepción* de María. Este texto inspiró, a partir de una antigua: ‘Ella te aplastará la cabeza’ muchas representaciones de la Imaculada que aplasta a la serpiente bajo sus pies. […] El texto bíblico coloca una profunda solidaridad entre el padre y su descendencia, por lo que es coherente con el sentido original del versículo la representación de la Imaculada que aplasta a la serpiente, no por virtud propia sino por gracia del Hijo. En este mismo texto podemos ver cómo se estableció una hostilidad entre la mujer y su descendencia con la serpiente y su descendencia. Esta hostilidad está establecida expresamente por Dios, lo que implica en María *Imaculada Concepción*, es decir, una ausencia total de pecado desde el primer momento de su existencia. […] La absoluta hostilidad establecida entre Dios y la mujer y el demonio postula, por tanto, en María *Imaculada Concepción* la ausencia absoluta de pecado, desde el inicio de la vida. El Hijo de María trajo una victoria definitiva sobre Satanás y le permitió beneficiarse anticipadamente en la Madre, preservándola del pecado. De esta manera, el Hijo concedió a su Madre el poder de resistir al demonio, realizando así en el misterio de la *Imaculada Concepción* el efecto más notable de su obra redentora».Entendemos entonces el papel de María como madre de la nueva alianza entre Dios y los hombres, y surge la pregunta: ¿Cuál sería entonces el papel de la madre en la misión de los hijos? ¿Qué alianza es esa entre Dios y los hijos que pasa por el vientre de la madre?Para profundizar en la teología de María como mujer del Génesis, consulte la encíclica de Juan Pablo II: *Redemptoris Mater* sobre María en la plenitud de los tiempos y en el proto-evangelio.Profundice sus estudios: explore nuestra sección de *Mariología*, *Teología mariana*, *Apariciones marianas* y la *Posgrado en Mariología*.
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