Las Bodas de Caná, narradas en Juan 2,1-11, son el escenario del primer signo de Jesús y del único mandamiento de María conservado en los Evangelios: «Haz todo lo que él os diga» (Jo 2,5). Este episodio, aparentemente doméstico, posee una densidad teológica y mariológica extraordinaria: revela el papel intercesor de María, inaugura la misión pública de Jesús y anticipa la «hora» de la cruz. Prácticamente toda la tradición de la Iglesia, desde San Cirilo de Alejandría hasta San Juan Pablo II, ha hallado en estas pocas líneas una síntesis de la relación entre María y Cristo.Prácticamente contamos a memoria este pasaje del Juan 2,1-11, siempre estudiado y citado por la gran Tradición de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, el estudio profundo de esta passagem no deja de sorprendernos como fuente inagotable de tesoros para comprender a María y a Cristo.Antes de esta narración, en el primer capítulo de Juan (1-18) encontramos el prólogo que es un testimonio, seguido de un prólogo narrativo (19-51) con el testimonio sobre Jesús por Juan el Bautista y el canto de los discípulos. En este contexto, la passagem de las Bodas se inserta dentro de esta revelación del misterio de Jesús en las grandiosas realidades de la salvación. Esto aparece aún más claro si comparamos las Bodas de Caná a la Cruz (Jo 19,25-27). Colocadas al inicio y en la cúspide del misterio de Jesús y de los signos que lo revelan, estas dos líneas forman una inclusión entre sí, es decir, abren y concluyen toda la obra de salvación de Jesús donde su Madre tiene un lugar prominente.## Jo 2,11 y el «princípio de los signos»: el contexto del prólogo joánico y la presencia de María en las Bodas de CanáLas Bodas de Caná son donde se realiza el «principio» de los «signos» de Jesús (Jo 2,11). Este signo, en el Evangelio, no existen milagros, sino signos, es una acción realizada por Jesús para revelar su identidad como Hijo de Dios, presencia entre nosotros, Emanuel, como Verbo hecho carne.La Madre de Jesús (v. 2.3.5.12) presente en las Bodas, se coloca en un nivel completamente humano y comenta con Jesús que no tienen más vino (v.3). Jesús responde de una forma inicialmente desconcertante (v.4) llamándola no «Madre», sino «Mujer». Esta distancia de Jesús respecto a los lazos familiares, para afirmar su identidad y misión, resuena en la respuesta que Jesús dio a los padres en el Templo de Jerusalén (Lc 2,49). Además, en sus respuestas sobre la Madre y los hermanos que lo buscaban (Mc 3:31-35; Mt 12:46-50), Jesús enfatiza la necesidad de ceder el lugar a las exigencias de la voluntad de Dios Padre en la misión del cristiano.## «Mujer, qué nos importa esto a mí y a ti?» (Jo 2,4): el título «Mujer», la «hora» de Jesús y la intercesión de MaríaLejos de una sospecha de discriminación femenina por parte de Jesús, el término «mujer» no tiene una connotación negativa. Será retomado y explicitado en los versículos de la Cruz (19,26), en el momento en que se manifestará la nueva identidad y papel particular de la Madre de Jesús en el misterio de la salvación.En Caná, sin embargo, el término parece revestir un sentido positivo y nuevo, como se puede argumentar de las palabras que la Madre dirige inmediatamente después a los siervos (v. 5). En todo caso, Jesús reclama un espacio propio en su relación con la Madre, ya que aún no había llegado su «hora» (v. 4). Esta «hora» de Jesús es el tiempo de su pasión-muerte y glorificación, en la cual el Padre y el Hijo serán glorificadios (
Jo 13,31. 17,1). La hora orienta toda la existencia de Jesús y se trata de una tensión que abraza todo el Evangelio de Juan, desde la expresión inicial «aún no ha llegado mi hora» (2,4) hasta «ha llegado mi hora» (17,1), una existencia dramática de Jesús que no puede anticipar la hora.Después de esta reveladora y misteriosa respuesta de Jesús, la respuesta de María se convierte en la misión de hacer la voluntad del Hijo de Dios: «Haz todo lo que él os diga» (v. 5). Esta simple respuesta encuentra ya su raíz en el evento del monte Sinaí en
Ex 24,7 cuando se afirma: «Tomó luego el libro de la alianza y lo leyó en voz alta al pueblo, que respondió: ‘Haremos todo lo que el Señor ha dicho’». Con estas palabras que reflejan una experiencia pasada, encontramos nuevamente un signo que revelará la gloria del Hijo de Dios e inaugurará la fe de los discípulos.## El simbolismo sacramental de las bodas y la tipología Eva-María: María como la «Mujer» de la nueva alianzaSi observamos las Bodas no simplemente como una descripción histórica, eventualmente desprovista de significado, nunca podremos ver la profundidad de esta passagem llena de un simbolismo que aún nos impresiona. Las Bodas son señal de la comunión final de Dios con su pueblo (pan y vino multiplicado), las bodas hacen ver a Cristo como el esposo de la Iglesia, y en 3,29 Juan Bautista se autodenomina «amigo del esposo».En todo este simbolismo sacramental, la Madre de Jesús aparece principalmente como la Mujer al lado de Jesús, sirviendo a la misión del Hijo y a la fe de los discípulos. Mientras Madre, se convierte en discípula de Jesús, pasando de «no tienen más vino» a «haz todo lo que él os diga», lo cual demuestra una total adhesión de fe, junto con una obra de mediación similar a aquella de Moisés en el Sinaí, ya que la fidelidad a la Nueva Alianza es salvación para la «nueva» comunidad de los fieles.Como Mujer, la Madre de Jesús tiene como misión continuar la misión de la antigua «Filha de Sião» sirviendo a todo el pueblo de Dios, tal como más tarde encontraremos explícito en la Cruz. Por su fe, María es la primera de los discípulos del Señor, los cuales, al acoger las palabras de Jesús, constituyen la comunidad de la nueva alianza. En este sentido, junto con los discípulos que creyeron después de ver el signo de Jesús, ella es la verdadera esposa de Aquel, que mucho más allá de toda simbólica, es esposo de la Iglesia y de la humanidad: Jesús, la Palabra de Dios hecha carne.**¿Qué aportes ofrece el evento «Bodas de Caná»? ¿Cuáles son las dudas en torno a este gran momento en la historia de salvación?**Para profundizar en la mariología de las Bodas de Caná, se recomienda consultar la Encíclica de Juan Pablo II: *Redemptoris Mater*, que analiza la presencia y mediación de María en Caná.Explore más sobre **Mariología**, **Teología mariana**, **Apariciones marianas** y nuestra **Pós-Grado en Mariología**.
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