Los sueños de San José: los cuatro sueños en el Evangelio de Mateo

San José tuvo cuatro sueños, todos narrados en los dos primeros capítulos del Evangelio de Mateo. En el primero, un ángel del Señor le ordena que reciba a María como esposa y nombre al niño Jesús (Mt 1,20-24). En el segundo, le manda huir a Egipto ante la amenaza de Herodes (Mt 2,13-15). En el tercero, anuncia la muerte del perseguidor y el regreso a la tierra de Israel (Mt 2,19-21). En el cuarto, le advierte que se retire a Galilea, donde la Sagrada Familia se establece en Nazaret (Mt 2,22-23). La fórmula griega que une los episodios es siempre la misma, κατʼ ὄναρ (kat’ onar), «en sueño», y la respuesta de José es siempre inmediata y sin palabras.

Mateo narra la infancia de Jesús desde la perspectiva de José, al igual que Lucas lo hace desde la de María. Los sueños son el hilo conductor de esta narración: a través de ellos, Dios guía paso a paso al hombre al que confía su bien más preciado. En verdad, Mateo 1-2 contiene aún un quinto sueño, el de los magos, avisados en sueño para no regresar a Herodes (Mt 2,12), pero los cuatro dirigidos a José forman una serie propia que fundamenta toda la josefología posterior.

Los cuatro sueños de San José, uno a uno

Primer sueño: recibir a María como esposa (Mt 1,20-24)

José, «hombre justo» (Mt 1,19), descubre que María, ya su esposa por los desposorios judíos, está embarazada de un hijo que no es suyo. Decide despedirla en secreto para no exponerla. Es entonces cuando interviene el cielo: ἰδοὺ ἄγγελος κυρίου κατʼ ὄναρ ἐφάνη αὐτῷ, «un ángel del Señor le apareció en sueño» (Mt 1,20). El mensaje disipa su temor («José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer») y revela el misterio. El Catecismo resume:

«Lo que está concebido en ella es del Espíritu Santo», le dice el ángel a José con respecto a María, su esposa (Mt 1,20). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 497)

El ángel también confía a José una misión propiamente paterna: darle nombre al niño. Como escribe Francisco en su carta apostólica Patris corde:

Tuvo el coraje de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre revelado por el ángel: «darle el nombre de Jesús, porque él salvará al pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). (Francisco, Patris corde, prólogo)

La respuesta llega sin demora: ἐγερθεὶς δὲ ὁ Ἰωσὴφ ἀπὸ τοῦ ὕπνου ἐποίησεν ὡς προσέταξεν αὐτῷ ὁ ἄγγελος κυρίου, «al levantarse José del sueño, hizo como le había ordenado el ángel del Señor» (Mt 1,24). En este gesto se fundamenta la verdadera paternidad de San José: por el vínculo matrimonial con María y por la imposición del nombre, el hijo de la Virgen es también, jurídica y realmente, hijo de José (cf. Juan Pablo II, Redemptoris custos, n. 7).

Segundo sueño: la huida a Egipto (Mt 2,13-15)

Los magos, o el ángel del Señor aparece en sueño a José (φαίνεται κατʼ ὄναρ, Mt 2,13), ahora con un imperativo urgente: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto», porque Herodes busca al niño para matarlo. José se levanta aún de noche y parte (Mt 2,14). Mateo lee el episodio a la luz del profeta Oseas: «De Egipto llamé a mi hijo» (Os 11,1, citado en Mt 2,15). Francisco ve en este sueño el retrato de un padre con valentía creativa:

José es el hombre por medio del cual Dios cuida los inicios de la historia de la redención; es el verdadero «milagro», por el cual Dios salva al Niño y a su madre. (Francisco, *Patris corde*, n. 5)

Por esta noche de huida, añade el mismo documento, San José es «un patrón especial para quienes tienen que dejar su tierra debido a las guerras, el odio, la persecución y la miseria» (*Patris corde*, n. 5).

Tercer sueño: el regreso a la tierra de Israel (Mt 2,19-21)

Muere Herodes, y el ángel del Señor aparece otra vez en sueño a José, ahora en Egipto (Mt 2,19). El mandato refleja el anterior: levantarse, tomar al niño y a su madre y dirigirse a la tierra de Israel, «porque han muerto los que amenazaban la vida del niño» (Mt 2,20). Los exégetas reconocen aquí un eco deliberado de Éxodo 4,19, cuando Dios envía a Moisés de vuelta a Egipto con palabras casi idénticas: Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés, y a José como el instrumento humano de este nuevo éxodo. La ejecución es inmediata: José se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel (Mt 2,21).

Cuarto sueño: el desvío hacia Galilea (Mt 2,22-23)

Al enterarse de que Arquelau reinaba en Judea en lugar de su padre, José temió ir allí. El cuarto aviso responde a este temor prudente: «aviso en sueño, se retiró a la región de Galilea» (Mt 2,22). El verbo griego cambió, χρηματισθείς (chrēmatistheis), término técnico para la revelación divina, el mismo usado para los magos (Mt 2,12). El detalle es teológicamente precioso: la revelación no exime de la ponderación humana, sino que la asume. José reflexiona, evalúa el peligro, y Dios responde dentro de esa reflexión. El resultado es Nazaret, «será llamado Nazareno» (Mt 2,23), y allí comienza su larga vida oculta en la que Jesús estuvo sujeto a María y a José (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 531-532).

El paralelo con el José patriarca de Egipto

El lector atento de las Escrituras reconoce de inmediato el patrón: un José, hijo de Jacob, que recibe revelaciones en sueños, desciende a Egipto y, casto y providente, salva de la muerte a su propia familia y al pueblo (Gn 37-50). Mateo construye el retrato del esposo de María sobre este molde. La invitación del faraón, en la Vulgata *Ite ad Ioseph*, «Id a José, y haced todo lo que él os dijere» (Gn 41,55), se convirtió por ello en el lema clásico de la devoción josefina, que comentamos en el artículo sobre el «*Ide a José**».

Esta correspondencia no es un adorno devocional, sino una tipología con valor doctrinal, reconocida por la tradición y el magisterio. Pío IX abre el decreto Quemadmodum Deus (8.12.1870), mediante el cual declaró a San José como patrón de la Iglesia Católica, precisamente por esta paralelismo: al igual que Dios constituyó a José antiguo, nacido del patriarca Jacob, como gobernador de todo Egipto para guardar el trigo del pueblo, así, al enviar a su Hijo al mundo, eligió a otro José, del cual el primero fue tipo, y lo hizo guardián de sus tesoros principales (Acta Sanctae Sedis 6, p. 193). León XIII retoma el argumento en la encíclica Quamquam pluries:

El José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero por su gloria prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. (León XIII, Quamquam pluries, n. 4)

Los sueños son el punto más visible de esta tipología: en el Génesis, anuncian la Providencia que se sirve de un justo para salvar a muchos. En Mateo, dirigen al justo que guarda al propio Salvador.

La teología de la obediencia silenciosa

Tres veces Mateo describe la respuesta de José con el mismo participio griego, ἐγερθείς (egertheis), «habiéndose levantado» (Mt 1,24, Mt 2,14 y Mt 2,21). José se levanta y actúa. No pide confirmaciones, no negocia plazos ni dice nada: en todo el Nuevo Testamento no se conservó una sola palabra suya. Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Redemptoris custos, hizo de esta respuesta el núcleo del retrato teológico de José:

En verdad, José no respondió al «anuncio» del ángel como María; sino que «hizo como le ordenara el ángel del Señor y tomó a su esposa». Esto que él hizo es la pura «obediencia de la fe» (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6). (Juan Pablo II, Redemptoris custos, n. 4)

El silencio de José no es mutismo, es lenguaje. Juan Pablo II observa que este silencio «tiene una especial elocuencia», porque deja transparecer el juicio que el Evangelio hace sobre él, el justo de Mt 1,19 (Redemptoris custos, n. 17). Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José hizo, y sin embargo dejan entrever, en estas acciones envueltas por el silencio, un clima de profunda contemplación (cf. n. 25). Profundizamos esta dimensión en el artículo sobre el silencio de San José. Francisco, por su parte, lee los cuatro sueños como cuatro sí sucesivos:

En todas las circunstancias de su vida, José supo pronunciar su «fiat», como María en la Anunciación y Jesús en el Getsemaní. (Francisco, Patris corde, n. 3)

Es significativo que Dios hable a José precisamente mientras duerme. La iconografía de San José durmiendo nace de aquí: el sueño de José no es una fuga, es un espacio de escucha. Y la obediencia que sigue al despertar expresa un modo peculiar de la acción divina, pues Dios quiso salvar al hombre sirviéndose de la colaboración activa de un hombre, el gesto callado y fiel del carpintero de Nazaret.

Del sueño a la misión

Os quatro sonhos de São José não são meras curiosidades psicológicas nem literatura edificante: constituem a estrutura narrativa pela qual Mateus revela Deus confiar o Redentor e sua Mãe à guarda de um homem justo. Por meio desses sonhos, José recebeu Maria como esposa, salvou o menino, o conduziu de volta à terra da promessa e preparou-lhe a casa da vida oculta. Em linha com o desejo expresso por João Paulo II no documento Redemptoris custos, «Que São José se torne para todos um mestre singular no serviço da missão salvífica de Cristo» (n. 32), quem aprende com os sonhos de José aprende a essência da vida cristã: escutar, levantar-se e agir.

Perguntas frequentes

Quantos sonhos teve São José?

São José teve quatro sonhos, todos registrados no Evangelho de Mateus: receber Maria como esposa e dar o nome a Jesus (Mt 1,20-24), fugir para o Egito (Mt 2,13-15), voltar à terra de Israel (Mt 2,19-21) e retirar-se para a Galileia (Mt 2,22-23). Considerando também o aviso dado aos magos (Mt 2,12), o Evangelho menciona cinco sonhos, mas apenas quatro são dirigidos diretamente a José.

O que o anjo disse a São José no primeiro sonho?

No primeiro sonho, o anjo do Senhor afirmou: ‘José, filho de Davi, não temas receber Maria, tua mulher, porque o que nela foi gerado vem do Espírito Santo’ (Mt 1,20). O anjo ainda ordenou que ele desse ao menino o nome de Jesus, ‘porque Ele salvará o povo dos seus pecados’ (Mt 1,21). Ao acordar, José obedeceu ao anjo e recebeu Maria (Mt 1,24).

Qual anjo apareceu a São José em sonho?

O Evangelho de Mateus não identifica o mensageiro, referindo-se apenas ao ‘anjo do Senhor’ (Mt 1,20 e 2,13.19). Qualquer tentativa de associá-lo a um anjo específico, como Gabriel, é uma conjectura piedosa sem apoio bíblico. No quarto aviso (Mt 2,22), nem mesmo o nome do anjo é mencionado; apenas se afirma que José foi avisado divinamente em sonho.

Por que São José obedecia imediatamente aos sonhos?

Porque ele reconhecia neles a voz de Deus e respondia com a ‘obediência da fé’ pura, como descrito por João Paulo II em Redemptoris custos (n. 4). Mateus destaca a prontidão de José ao usar o particípio grego ‘egertheis’, ‘levantando-se’: ele acorda e age imediatamente, partindo durante a noite para o Egito (Mt 2,14). Francisco afirma que, em todas as circunstâncias, José soube pronunciar seu ‘fiat’, assim como Maria na Anunciação (Patris corde, n. 3).

Qual a relação entre São José e o José do Egito?

O patriarca José, filho de Jacó (Gn 37-50), é uma figura bíblica que prefigura São José: ambos recebem revelações em sonhos, descem ao Egito e salvam da morte sua família e seu povo. Pio IX inicia o decreto Quemadmodum Deus (1870) com essa comparação, e Leão XIII ensina em Quamquam pluries que o primeiro José prefigurou a grandeza do futuro guardião da Sagrada Família.

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