> **»Yo soy la Resurrección y la Vida. El que en mí cree, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»** (Jo 11,25-26)La Fiesta de los Santos Marta, María y Lázaro, celebrada el 29 de julio, fue elevada a fiesta por el Papa Francisco en 2021, reconociendo el papel singular de esta familia de Betania en la vida y el misterio de Jesús. El Evangelio de Juan (Jo 11,1-27) narra la llegada de Jesús tras la muerte de Lázaro, su encuentro con Marta y la revelación más solemne del cuarto Evangelio: **»Yo soy la Resurrección y la Vida»** (Jo 11,25). La escena concentra tres ejes teológicos fundamentales: la fe que interpelan («**Se Señor, si estuvieras aquí, mi hermano no habría muerto**»), la auto-revelación de Jesús como **»Ego sum»**, y la confesión cristiana de Marta («**Creo que eres el Cristo, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo**», Jo 11,27).La familia de Betania ocupa un lugar único en los Evangelios: Jesús **»amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro»** (Jo 11,5), la única vez que Juan utiliza el verbo **»amaba»** (ἐγάπα) refiriéndose a la relación de Jesús con personas concretas no discípulos. Betania era para Jesús un lugar de acogida, descanso e intimidad, la casa donde encontraba amigos que lo recibían en lugar de una multitud que exigía señales. La relación de Jesús con Marta, María y Lázaro es un modelo de amistad espiritual: profunda, exigente y transformadora.### I. **»Domine, si fuisses hic»**: La fe que interpelan**»Domine, si fuesses hic, frater mi no hubiere muerto»** (Jo 11,21), la interpelación de Marta a Jesús es el modelo de una fe que no calla el dolor sino lo presenta ante Dios. **»Si estuvieras aquí»**, la frase contiene simultáneamente la fe (confianza en que Jesús podría haber impedido la muerte) y el lamento (por no estar presente cuando se necesitaba). Esta tensión entre fe y lamento no es contradicción, sino la esencia de la fe bíblica que, desde los Salmos de súplica («**¿Hasta cuándo, Señor?**») hasta Job, presenta a Dios la realidad dolorosa sin falsas resignaciones.Marta no se quedó en casa al saber que Jesús llegaba; fue a su encuentro (Jo 11,20). Este movimiento tiene un significado teológico: la fe que interpelan no es pasiva sino activa, va al encuentro de Jesús incluso con el dolor en el corazón. La **»fe en movimiento»** de Marta contrasta con la hermana que permaneció sentada en casa (Jo 11,20), no por falta de fe, sino por un luto paralizante. Ambas reacciones son humanas. Jesús acoge a ambas: va al encuentro de Marta que viene y va al encuentro de María que llora (Jo 11,33).El **»pero yo sé que ahora Dios te concederá todo lo que le pidas»** (Jo 11,22) de Marta es el momento de esperanza que brilla en medio del lamento: ella no sabe qué va a suceder, no pide explícitamente la resurrección de Lázaro, pero confía que la presencia de Jesús abre posibilidades que la muerte parecía haber cerrado. Esta confianza sin agenda, **»sin saber qué va a pasar pero confiando en que Jesús puede hacer algo»**, es el modelo de la oración de intercesión: no imponer una solución a Dios, sino presentar el dolor con confianza en su libertad para actuar.### II. **»Ego sum resurrection et vita»**: La auto-revelación de Jesús««Soy la Resurrección y la Vida» (Juan 11,25), la séptima y última de las «fórmulas Ego sum» del cuarto Evangelio (cf. Juan 6,35; 8,12; 10,7; 10,11; 14,6; 15,1) es la más directamente cristológica y escatológica. Jesús no dice «tengo el poder de resucitar a los muertos», dice «soy la Resurrección». La Resurrección no es una capacidad que Jesús posee, sino una realidad que él es: la vida eterna no es algo externo a Jesús que distribuye, sino su propia vida que comunica a los creyentes.»««El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11,25), la promesa tiene una estructura paradójica: «el que crea en Mí, aunque esté muerto, vivirá». La muerte física no destruye la vida que el fiel recibió por la fe, porque esa vida es la de Jesús, que no está sujeta a la muerte. Y «todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente» (Juan 11,26): quien vive la vida de la fe no morirá eternamente, la muerte física no es más que un paso hacia la vida plena. La doble promesa abarca ambos aspectos de la condición humana: los que ya han muerto (resucitarán) y los que aún viven (no morirán eternamente).»«La pregunta de Jesús, «¿Creéis esto?» (Juan 11,26), transforma la auto-revelación en un desafío personal: no basta con escuchar la afirmación, se requiere una respuesta de fe. La respuesta de Marta («Creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo», Juan 11,27) es la confesión más completa del cuarto Evangelio, paralela a la confesión de Pedro en Mateo 16,16. Marta, la mujer que sirve (Lucas 10,40), formula la confesión de fe más completa de los Evangelios joánicos: «Creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que había de venir al mundo».»«La confesión de Marta, «Creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que había de venir al mundo» (Juan 11,27), es, en la estructura del cuarto Evangelio, la respuesta ejemplar a la auto-revelación de Jesús como «Soy la Resurrección y la Vida». Marta no espera ver la prueba de la resurrección de Lázaro para confesar; confiesa antes de cualquier milagro, basándose en la palabra de Jesús. Esta fe que precede a la prueba es el modelo joánico de la fe cristiana: «bienaventurados los que no han visto y creído» (Juan 20,29).»«La confesión de Marta es estructuralmente paralela a la confesión de María de Nazaret en la Anunciación: ambas reciben una palabra imposible (una, que su hermano muerto resucitará; la otra, que concebirá al Hijo de Dios siendo virgen) y ambas responden con aceptación de la palabra. El «fiat» de María de Nazaret (Lucas 1,38) y el «creo» de Marta de Betania (Juan 11,27) son dos formas de la misma respuesta de fe: la aceptación de la palabra de Dios que supera los límites de la experiencia humana.»«La devoción mariana que asocia a María de Nazaret con esta escena no es forzada: María de Nazaret estaba con Jesús en Betania (es plausible dada la contexto de Juan 11-12), y la confesión de Marta es la confesión que María había vivido desde la Anunciación. La «fe en la Resurrección» que Marta confiesa frente al sepulcro de Lázaro es la misma fe que María vivió el Sábado Santo frente al sepulcro del Hijo, la fe de quien dice: «Creo que Tú eres la Resurrección y la Vida», cuando todo empíricamente apunta lo contrario.»
IV. Marta, María, Lázaro: servicio, contemplación y Resurrección
La familia de Betania representa, en la tradición espiritual, tres dimensiones complementarias de la vida cristiana: Marta el servicio activo, María de Betania la contemplación, y Lázaro la muerte y resurrección que todo cristiano experimenta a través del Bautismo. La escena de Lc 10,38-42 (María a los pies de Jesús. Marta sirviendo) fue interpretada por Agustín y la tradición monástica como figura de la tensión entre la vida activa y contemplativa, no como oposición sino como complementariedad.
La elevación de la fiesta de Marta, María y Lázaro a fiesta litúrgica en 2021 reconoce que las tres figuras son inseparables: no hay contemplación auténtica sin servicio (Marta sin María sería activismo vacío), no hay servicio auténtico sin contemplación (María sin Marta sería pasividad quietista), y ambas necesitan de la experiencia de la muerte-resurrección que simboliza Lázaro (sin la experiencia del sepulcro, la fe queda en teoría). La familia de Betania es, en este sentido, un ícono de la comunidad cristiana integrada.
María de Nazaret integra estas tres dimensiones: sirvió (la Visitación a Isabel, los treinta años de Nazaret, las bodas de Caná), contempló («guardaba y meditaba en su corazón», Lc 2,19.51) y atravesó el sepulcro (el Sábado Santo entre la muerte del Hijo y la Resurrección). La fiesta de Marta, María y Lázaro es, indirectamente, una meditación sobre María de Nazaret, a quien, como Marta, sirvió y confesó. Como María, contempló y escuchó. Y como Lázaro, fue llamada por el nombre del Hijo que resucitó del sepulcro y la llamó a una nueva vida.
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