¿Hizo María voto de virginidad? La pregunta de Lucas 1,34 y la respuesta de los teólogos

¿Hizo María voto de virginidad? La tradición teológica responde que sí, pero se divide sobre el modo y el momento. La opinión común de las escuelas sostiene que María emitió un voto de virginidad y que fue la primera mujer en hacerlo. Tomás de Aquino, sin embargo, introduce una distinción decisiva: antes de los desposorios hubo el deseo, todavía no un voto absoluto.

La cuestión no es devocional, es exegética y escolástica. Nace de una sola frase del Evangelio de Lucas y la respuesta determina cómo se entiende el matrimonio de María con José y la propia virginidad perpetua de María. Lo que sigue reúne las obras de la biblioteca de Locus Mariologicus, incluidas las que niegan el voto.

¿Qué está en juego en la pregunta de Lucas 1,34?

Todo el debate se concentra en la respuesta de María al ángel Gabriel: «πῶς ἔσται τοῦτο, ἐπεὶ ἄνδρα οὐ γινώσκω;», en traducción literal «¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?». La Vulgata vierte «quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco?». El punto técnico está en el tiempo del verbo: γινώσκω es presente, y no pasado. María no dice que no conoció varón hasta entonces, dice que no conoce varón, y lo dice ya desposada con José.

De ahí la dificultad que ocupó a los teólogos durante siglos. Si María estaba desposada y contaba con vivir el matrimonio, la pregunta sería superflua, porque la concepción anunciada podría darse por la vía ordinaria. La objeción solo resulta razonable si hay, de parte de ella, un propósito firme. Esta es la razón por la que la tradición introdujo aquí la categoría de voto.

La tesis común de las escuelas: María fue la primera en emitir el voto

La formulación más nítida se encuentra en un manual clásico, el Compendio de mariología de I. Keuppens, de 1946, que dedica a la cuestión una tesis propia, enunciada en latín como «utrum Maria omnium prima votum perpetuum virginitatis emiserit», es decir, «si María, la primera de todas, emitió voto perpetuo de virginidad». La respuesta de Keuppens es afirmativa y la proposición que defiende dice que la Bienaventurada Virgen emitió, antes que todas en tiempo y en perfección, el voto de virginidad. Keuppens añade un dato útil de historia de la teología: se trata de la «sententia communissima», la sentencia comunísima, que Gabriel Vásquez llegaba a calificar de verísima.

No se trata, por tanto, de una opinión marginal. Luigi Gambero, al estudiar a los teólogos latinos medievales, resume por qué esta tesis pareció tan atractiva a los escolásticos: «se il dono della maternità divina è venuto a Maria esclusivamente da Dio, quello della verginità risulta anche il frutto dell’iniziativa di lei», esto es, «si el don de la maternidad divina vino a María exclusivamente de Dios, el de la virginidad resulta también del fruto de la iniciativa de ella». El voto es el modo de decir que la virginidad de María no fue un estado de hecho, sino un acto personal y libre.

La obra colectiva publicada en el XVI Centenario del Concilio de Capua, de Giovanni Liccardo, Franco Ruotolo y Sergio Tanzarella, recoge la misma insistencia en un teólogo español de la segunda escolástica, que habla de «voluntas servandi virginitatem», voluntad de guardar la virginidad, y comenta: «Maria ha voluto essere e rimanere vergine. La sua volontà è stata efficace amore della castità, non una velleità o vaga tendenza alla santità della vita», «María quiso ser y permanecer virgen. Su voluntad fue amor eficaz de la castidad, no una veleidad o vaga tendencia a la santidad de vida».

Tomás de Aquino hizo una distinción que muchos olvidan

Aquí está el punto en que las fuentes divergen y la divergencia merece señalarse en vez de armonizarse. Francisco Morgott y Gabino Chávez, en la Mariología tomística, afirman que «Santo Tomás no duda ni un instante que la virgen haya hecho este voto», y que él halla la prueba en el carácter de la Madre de Dios y en Lucas 1,34.

Francisco Canals Vidal, sin embargo, lee al mismo Tomás con mayor precisión y muestra que el Aquinate niega justamente lo que muchos le atribuyen. Según Canals Vidal, Tomás no sostiene que la Madre de Dios, antes de desposarse con José, hubiese hecho un voto absoluto de virginidad, sino que, aunque lo tuviese en el deseo, «confió sobre esto su voluntad al divino arbitrio». La referencia es el comentario a las Sentencias, libro IV, distinción 30, cuestión 2, artículo 1.

La palabra voto designa aquí dos cosas distintas. Una es el propósito interior de virginidad, anterior a los desposorios y sometido a la voluntad de Dios. Otra es el voto absoluto, obligante, que la tradición sitúa después de los desposorios, cuando ya estaba claro que José compartía el mismo propósito. Andrea Mallimaci, comentando el mismo lugar del comentario a las Sentencias, formula así el argumento de Tomás: «la Santísima Virgen, antes de casarse con José, fue certificada divinamente de que José tenía el mismo propósito. Por eso, no se estaba poniendo en peligro al casarse».

Por qué los Padres leyeron un propósito previo en la pregunta de María

La lectura no es una invención escolástica. Áurea Silva dos Santos, en el estudio El papel de la Virgen María en la economía de la salvación, de 2024, apoyándose en Manfred Hauke, registra que un propósito precedente de virginidad en María es indicado por primera vez por San Gregorio de Nisa, fallecido en 394, y por San Agustín, fallecido en 430, al sostener que la pregunta de Lucas 1,34 no tendría sentido si de allí a algunos meses María comenzase a tener relaciones matrimoniales con San José.

Conviene subrayar el matiz. Ni Gregorio de Nisa ni Agustín construyen el argumento a partir de una fórmula jurídica de voto, sino a partir de la coherencia de la escena: una pregunta como aquella presupone una vida ya decidida. Por eso Eva C. Rava, en Virginidad perpetua y maternidad divina de María, de 1992, registra el asombro de Bernardo de Claraval ante esta elección, en la apóstrofe «O Vergine saggia, o Vergine pia, chi ti ha insegnato che piace a Dio la verginità?», «oh Virgen sabia, oh Virgen piadosa, ¿quién te enseñó que la virginidad agrada a Dios?». Bernardo admira la firmeza del propósito en una cultura en que la esterilidad se tenía por maldición.

¿Quién niega que María haya hecho voto de virginidad?

La negación más célebre es de Juan Calvino, y viene citada por João Marcos de Oliveira Silva en el estudio ¿Bendita entre las mujeres?, de 2019. Comentando Lucas 1,34, Calvino escribe que «la conjetura que algunos hacen de esas palabras, que ella habría hecho un voto de virginidad perpetua, es infundada y completamente absurda». El dato es tanto más interesante cuanto que el propio Calvino, según el mismo estudio, no rompió con la fe en la virginidad perpetua de María, que Silva registra como compartida también por Lutero y por Wesley. Se niega el voto sin negar la virginidad.

Tampoco es controversia cerrada en el siglo XVI. Carlos Ignacio González, en María, Evangelizada y Evangelizadora, de 1988, remite en la bibliografía al artículo de M. Villanueva, «Nueva controversia en torno al voto de virginidad de Nuestra Señora», en Estudios Bíblicos 16, de 1957, páginas 307 a 328. La discusión exegética moderna tiene literatura propia y es anterior al Concilio Vaticano II.

¿Cómo conciliar el voto con un matrimonio verdadero?

La objeción clásica es evidente: quien hace voto de virginidad no puede contraer matrimonio válido, porque el consentimiento matrimonial versa sobre el cuerpo. La respuesta de Tomás de Aquino, citada en las actas del I Simposio Internacional de Josefología, está en la Suma Teológica, III, cuestión 29, artículo 2: «verum fuit matrimonium Virginis Matris Dei et Joseph: quia uterque consensit in copulam conjugalem, non autem expresse in copulam carnalem, nisi sub conditione, si Deo placeret», «fue verdadero el matrimonio de la Virgen Madre de Dios y de José, porque ambos consintieron en la unión conyugal, pero no expresamente en la unión carnal, sino bajo condición, si agradase a Dios».

La distinción es fina y resuelve el impasse. El objeto del consentimiento es la copula conjugalis, el vínculo conyugal, y no la copula carnalis, que ambos consienten solo bajo condición. De ahí la doctrina de que el matrimonio fue verdadero y a la vez virginal, tema tratado en María, madre y virgen, el dato esencial de la fe.

Lo que la Iglesia define y lo que deja abierto

Conviene separar los planos, porque es aquí donde se confunde mucha discusión. La virginidad perpetua de María es doctrina de fe, profesada con el título griego ἀειπάρθενος, aeiparthenos, siempre virgen, y articulada en los tres aspectos clásicos de virginitas ante partum, in partu y post partum, como se explica en el artículo sobre la virginidad de María y los tres aspectos del dogma. El voto, en cambio, en el sentido de un acto jurídico determinado y datable, pertenece a la teología y no a la definición dogmática.

La formulación prudente es esta: la fe afirma la virginidad perpetua, la teología común afirma el voto, y la lectura más rigurosa de Tomás de Aquino distingue entre propósito sometido a Dios y voto absoluto posterior a los desposorios. La misma exigencia de rigor se aplica a la objeción más frecuente contra la virginidad perpetua, tratada en quiénes son los hermanos de Jesús en la Biblia.

Preguntas frecuentes

¿María hizo voto de virginidad antes o después de los desposorios?

Según la lectura de Tomás de Aquino presentada por Francisco Canals Vidal, antes de los desposorios hubo el deseo de virginidad, confiado al arbitrio divino, y no un voto absoluto. El voto absoluto se sitúa después, cuando ya era cierto que José tenía el mismo propósito.

¿El voto de virginidad de María es dogma de fe?

No. Dogma es la virginidad perpetua de María, profesada como aeiparthenos. El voto es la explicación teológica común de cómo esa virginidad fue asumida por María, pero no es objeto de definición.

¿Dónde habla la Biblia del voto de virginidad de María?

En ningún lugar de modo expreso. El único apoyo bíblico es indirecto y está en Lucas 1,34, en la pregunta «no conozco varón», cuyo verbo griego en presente llevó a Gregorio de Nisa y a Agustín a suponer un propósito ya asumido.

¿Calvino aceptaba el voto de virginidad de María?

No. Según el estudio de João Marcos de Oliveira Silva, Calvino llamó a la conjetura del voto algo infundado y completamente absurdo, aunque no negase la virginidad perpetua de María, que Lutero y Wesley también sostuvieron.

¿Quién fue la primera persona en hacer voto de virginidad?

La tesis común de los manuales, formulada por I. Keuppens en el Compendio de mariología de 1946, es que la Bienaventurada Virgen fue la primera de todos, en tiempo y en perfección, en emitir el voto de virginidad. Keuppens la presenta como sentencia comunísima entre los teólogos.

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Este artículo nace de las obras de la biblioteca de Locus Mariologicus. El Posgrado en Mariología le lleva a la misma fuente, con acompañamiento académico: Escritura, Padres de la Iglesia y Magisterio, del primer dogma a las cuestiones contemporáneas.

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