Isidoro Isolano y la «Summa de donis Sancti Ioseph»: el primer tratado de Josefología

Iamque in partibus occidentis Spiritus Sanctus seminavit in mentibus populorum ut singulares sancto Ioseph exhibeant honores (Y ya en las regiones de Occidente el Espíritu Santo sembró en la mente de los pueblos que tributen a San José honras singulares)
Isidoro Isolano, Summa de donis Sancti Ioseph III, IV (1522)
Cómo un dominico de Milán, en 1522, dio a San José un lugar en la teología y previó su gloria en la Iglesia
Estudio de Josefología histórica
Durante muchos siglos la Iglesia amó a San José sin dedicarle un tratado. Los Padres hablaron de él al comentar a Mateo y a Lucas, los predicadores medievales lo alabaron, Juan Gerson defendió su culto. Pero nadie había reunido todavía, con orden y método, todo lo que la teología podía decir del esposo de la Virgen. Eso solo ocurrió en 1522, cuando salió de las prensas de Pavía la Summa de donis Sancti Ioseph (Suma de los dones de San José), del dominico Isidoro Isolano.
El propio autor sabía que hacía algo nuevo. En el título la llama «obra nueva y desconocida durante muchos siglos», aunque los misterios que trata no hubieran escapado a los doctores católicos. Y en el proemio de la cuarta parte escribe, dirigiéndose a José: «Soy el primero, oh beatísimo José, en traerte las palmas de tus dones» (Summa IV, Proemio, apud REDIGONDA, 1977, p. 208). El estudioso Tarcisio Stramare pone la cuestión en su sitio: Isolano no es un pionero del culto a José, que comienza en la Iglesia apostólica, pero fue «el primero en recoger con orden y método» lo mejor de lo que se había escrito sobre él (STRAMARE. San Giuseppe nel mistero di Dio. 1992, p. 277).
I. Un libro escrito a lo largo de ocho años
El colofón de la primera edición, transcrito por el dominico Luigi Abele Redigonda, cuenta la historia de la obra. Isolano la comenzó en marzo de 1514, en Fontanellato, «en el lugar de San José», la terminó en Pavía en 1521, en la fiesta de los apóstoles Simón y Judas, y la imprimió en Pavía, en casa de Jacob Paucidrapius, en 1522 (REDIGONDA. La «Summa de donis sancti Ioseph» di Isidoro Isolani. 1977, p. 203). El 8 de junio de 1522 escribió la dedicatoria al papa Adriano VI (p. 208). La edición príncipe, hoy rareza bibliográfica, tiene ocho folios iniciales con título, dedicatoria, prólogo e índice, cien folios de texto y, al final, el Oficio y la Misa de San José compuestos por el propio Isolano (p. 203).
El hombre que la escribió no era un devoto ingenuo. Enseñó en Pavía, Verona, Milán y Cremona, fue bachiller de teología en la Universidad de Bolonia, escribió contra Lutero y fue prior de Santa Maria delle Grazie en Milán (STRAMARE, 1992, p. 277). Redigonda suscribe el juicio de otro estudioso: sin ser un teólogo de primer plano, Isolano fue uno de los espíritus destacados de la primera mitad del siglo XVI, y su mayor título de gloria es haber sido uno de los precursores de la devoción a San José (REDIGONDA, 1977, p. 208).
II. Cuatro partes, como las estaciones del año
La Summa se divide en cuatro partes, «como las estaciones del año», y cada parte en capítulos (REDIGONDA, 1977, p. 214). La primera trata, en diecisiete capítulos, de los dones de José antes del matrimonio con la Virgen: el nombre, la patria, la genealogía, la nobleza, la santificación en el seno materno, la virginidad, el arte del carpintero. La segunda, en quince capítulos, estudia los dones que vienen del matrimonio: la justicia, la primera aparición del ángel, el don de haber sido el primero en adorar a Cristo recién nacido después de la Virgen, la imposición del nombre de Jesús, la alegría de convivir con Jesús y María. La tercera, en veintidós capítulos, lee en José las bendiciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, los siete dones del Espíritu Santo y las bienaventuranzas. La cuarta, en diez capítulos, trata de la muerte y de la glorificación de José y de su fiesta (p. 214-217).
Hay un capítulo que dice mucho sobre el ángulo mariano de la obra: De dono privilegii amoris quo Ioseph dilectus fuit a beata Virgine supra caeteros mortales (Del don del privilegio de amor por el cual José fue amado por la bienaventurada Virgen por encima de todos los mortales) (Summa II, IX, apud REDIGONDA, 1977, p. 215). Isolano no piensa a José fuera de María. Su José es siempre el sponsus beatissimae Virginis Mariae (esposo de la beatísima Virgen María), como dice el propio título de la obra. Y sobre la imposición del nombre de Jesús (Mt 1,21), escribe una frase de rara belleza: el nombre de Jesús fue impuesto por Dios, por el Ángel, por María y por José, «Dios dando la realidad del nombre, el Ángel anunciándolo, María ordenándolo y José ejecutándolo» (Summa II, XI, apud REDIGONDA, 1977, p. 216).
III. Rigor teológico: qué es fe y qué es opinión piadosa
Sería fácil imaginar un libro de este género como un cúmulo de alabanzas. No es el caso. Antes de tratar de la santificación de José en el seno materno, tesis que venía de Gerson, Isolano distingue cuidadosamente lo que está determinado por la Escritura, lo que es solo opinión de los doctores y lo que se puede creer piadosamente. Y concluye con prudencia: «Digo, por tanto, que no está determinado por la fe católica que San José haya sido santificado en el seno materno. Eso no lo afirma la Sagrada Escritura, no lo prueba una razón necesaria, ni lo ha determinado la santa Iglesia Romana, a la cual se debe recurrir siempre». La santificación de José, añade, pertenece al número de las cosas opinables o piadosamente creíbles (Summa I, IX, apud REDIGONDA, 1977, p. 210).
El mismo criterio gobierna toda la obra. Al lector le pide que nunca se aparte, ni levemente, de la fe de Pedro (Summa III, X). La crítica moderna señaló en ella defectos: el uso acomodaticio de la Escritura y el abuso de argumentos de conveniencia. Redigonda responde que es preciso leer los capítulos enteros y recordar que Isolano es un autor de comienzos del siglo XVI (REDIGONDA, 1977, p. 215 y 221). Para el fiel de hoy, la lección permanece: la devoción a San José no necesita exageraciones. Le basta el Evangelio, que lo llama sencillamente «justo» (Mt 1,19).
IV. Una profecía que la Iglesia cumplió
Lo que más impresiona en la Summa es su visión del futuro. Isolano escribe que el Señor suscitó a San José como «cabeza y patrono peculiar» de la Iglesia militante, que se construirán templos en su honor y se celebrarán fiestas, que hombres de gran valía investigarán los dones de Dios escondidos en José y encontrarán en él un tesoro, y que el Vicario de Cristo, movido por el Espíritu Santo, mandará celebrar la fiesta del padre putativo de Cristo, esposo de la Reina del mundo, en toda la Iglesia (Summa III, VIII, apud REDIGONDA, 1977, p. 216). Y, en el capítulo en que compara a José con las propiedades de los ángeles, afirma que entre los intercesores ante Dios considera a José el más eficaz, y el más excelente después de la bienaventurada Virgen Reina (Summa III, XIX, apud REDIGONDA, 1977, p. 217).
Redigonda muestra que la historia le dio la razón. Gregorio XV hizo la fiesta de San José de precepto para toda la Iglesia en 1621, Benedicto XIII insertó el nombre de José en las letanías en 1726 y Pío IX lo proclamó Patrono de la Iglesia universal en 1870. Eran, dice el estudioso, los tres deseos expresados por Isolano (REDIGONDA, 1977, p. 221). La palabra del faraón a propósito del antiguo José, «Id a José» (Gn 41,55), encontró en la Iglesia su cumplimiento más alto. Y el orden que Isolano propone, José inmediatamente después de María, es el orden de la Sagrada Familia: aquel que Dios dio como esposo a la Virgen y como padre al Hijo la sigue de cerca también en la gloria.
* * *
La Summa de donis Sancti Ioseph marca el nacimiento de la Josefología como teología. En ella, José deja de ser solo una figura amada de la piedad y pasa a ser objeto de reflexión ordenada, siempre ligado a Cristo y a María. El Locus Mariologicus invita al lector a conocer a San José con la misma seriedad con que Isolano lo estudió: a leer los capítulos 1 y 2 de Mateo, donde el justo obedece en silencio, y a confiarle la propia familia, con la certeza de que el esposo de la Virgen sigue siendo, como preveía el dominico de Milán, patrono de la Iglesia entera.
Prof. Dr. Daniel Cerqueira Afonso
Presidente del Locus Mariologicus
Roma, 22 de octubre de 2026
Referencias principales
ISOLANO, Isidoro. Summa de donis Sancti Ioseph, sponsi beatissimae Virginis Mariae. Pavía: Jacob Paucidrapius, 1522. Citada a través de Redigonda (1977).
REDIGONDA, Luigi Abele. La «Summa de donis sancti Ioseph» di Isidoro Isolani. Cahiers de Joséphologie, Montréal, v. 25, p. 203-221, 1977.
STRAMARE, Tarcisio. San Giuseppe nel mistero di Dio. Casale Monferrato: Piemme, 1992.
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